viernes, 7 de enero de 2011

Frustrada Nivelacion de precios

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Tomada la drástica medida de incrementar substancialmente los precios de la gasolina y del diesel mediante DS. 748 de 26 de diciembre de 2010, tanto las expectativas de inflación como la misma inflación se aceleraron. Con la derogatoria de la medida, una semana después, no es cierto que la situación económica del país volviese a la situación previa a la promulgación del indicado decreto. La promulgación del malogrado decreto puso en evidencia la existencia de profundos problemas estructurales. En primer lugar, que al precio de $us. 27 el barril de petróleo, del que casi la mitad son impuestos y regalías, las empresas petroleras no están dispuestas a arriesgar recursos de inversión para la exploración de hidrocarburos ni para producción de líquidos, lo cual lleva a una creciente importación de los mismos, que para el año 2010 representó un total ya de 600 millones de dólares. En segundo lugar, que el precio congelado de gasolina y diesel a un precio de Bs. 3,74, el primero, y de 3,72, el segundo, sólo es posib e porque el Estado subsidia con un monto que para el año 2010 representó 380 millones de dólares. Tercero, que los precios vigentes en el país de estos productos son substancialmente más bajos en los países vecinos lo que ocasiona un fuerte contrabando de exportación. Cuarto, que la derogatoria del D.S 748 no es solución al problema, lo que hace es diferirlo. Bolivia no puede salir de la duda: Es un país gasífero, o ¿no? Las reservas probadas se acabarán en los próximos quince años si la producción anual se muestra constante, antes si se aumenta. Después ¡qué!

Se puede esperar que la inflación de precios durante el mes de enero no suba tanto, pero será superior a la que se observó para el mes de diciembre que acaba de concluir. Esta inflación está haciendo caer tanto el tipo de cambio nominal de bolivianos por dólares, -en términos de los demás bienes- así como el tipo de cambio real, que es el que gravita cuando se habla de comercio exterior. El Banco Central (BCB) ha indicado que la apreciación del boliviano dependerá del comportamiento del tipo de cambio real; se supone que su propósito es no hacerlo caer. Y este cae cuando se incrementa la inflación, agravándose cuando se aprecia el tipo de cambio nominal. Como la inflación que se viene para el año 2011 será menor a la que hubiésemos tenido de mantenerse la "nivelación de precios" de la gasolina y del diesel, no sabemos cual será la actitud del Banco Central en materia del manejo del tipo de cambio. ¿Dejará que la tasa de inflación siga su curso, dado que ya no habrá un fuerte impulso a la inflación, una vez derogado el incremento de precios de líquidos, dejando a un lado la apreciación cambiaria como instrumento anti inflacionario? Si continua utilizando el tipo de cambio para combatir la inflación generaría un deterioro estructural del tipo de cambio real boliviano, no tanto si se hubiese mantenido el shock de precios de la gasolina, pero de cualquiera manera imposible de neutralizarlo en el futuro, aunque el beneficio inmediato sea contrarrestar la inflación con importaciones.

La "nivelación de los precios" de los líquidos en el mercado interno llevaba al sinceramiento en la inflación interna, conllevando un cambio en la estructura de precios donde los valores de los bienes no transables subirían en relación a los transables (se denominan transables a todo aquello que se puede mover), porque estos últimos serían contrarrestados con las importaciones, lo que no puede acontecer con los no transables que pueden aumentar con el tiempo, pero no inmediatamente. Pero con la derogatoria de la medida no se produce el deseado cambio estructural de precios.

Es verdad que el país puede seguir importando de todo financiado con las exportaciones de gas, en los próximos años, pero no de manera creciente por la sencilla razón de que este volumen de exportaciones no se incrementará en los próximos años, ya sea con un tipo de cambio fijo o con uno que se aprecie. Sin embargo, el costo de esta política será que el pequeño aparato industrial que atiende el mercado interno y las exportaciones de este sector caerán en incompetitividad internacional, porque no podrá competir a precios internamente crecientes, lo que llevaría al cierre de industrias. Aquí se viene en serio la "enfermedad holandesa". Esta situación llevaría al país nuevamente al déficit comercial, a déficit en cuenta corriente de balanza de pagos y al uso de las reservas internacionales. En la medida que estas reservas caigan volverían las clásicas expectativas de devaluación del tipo de cambio, lo que aceleraría la caída de reservas internacionales.

La demanda real de dinero en Bolivia está muy elevada, porque hay mucho dinero. Esta comenzará a reducirse como consecuencia de la inflación que se viene. Si en este escenario el BCB deprecia el dólar, la gente no sabrá cómo ahorrar de manera líquida, por tanto, si ahorra lo hará en bienes durables como son las casas y departamentos. El economista Rubén Ferrufino, en una misiva acertadamente, me dice: "Sin un dólar donde refugiarse, la gente buscará reducir saldos reales en bolivianos y dólares. Entonces, buscarán activos reales. Unos comprarán mas departamentos y los mas comprarán bienes, presionando nuevamente sobre precios".

Si el BCB persiste en la apreciación cambiaria para combatir la inflación, estará desincentivando el ahorro de la gente, y empujándola a gastar en lo que sea, porque rechaza ver disminuida su riqueza, lo que acelerará aun más la inflación. En este escenario cualquier aumento de salarios en los sectores privados productores de bienes y servicios incrementará el shock de costos, con lo que caerá la producción y, por tanto, la oferta interna. Si el gobierno trata de impedir esta caída mediante un incremento del gasto público, no lo conseguirá porque este gasto no sustituye la caída productiva privada y lo que hace es incrementar la demanda y con ello la inflación, pudiendo ésta caer en el descontrol.

Pero el aumento de salarios aumentará la demanda interna, con lo que la inflación de costos se alimentará con la inflación de demanda. El aumento de la demanda interna será tanto de bienes transables como de no transables. En el primer caso, se acelerará el incremento de importaciones en un contexto donde las exportaciones tradicionales se mantendrán constantes, y cuyo comportamiento expansivo de sus precios será menor que el de los bienes no transables. Esto puede ser así bajo el supuesto de que la inflación en los países desde los que se importa será menor que la de Bolivia. Y se debe tomar en cuenta que mediante importaciones sólo se puede aumentar la oferta de bienes transables pero no de los no transables, los mismos que pueden alcanzar precios muy altos (casas y departamentos).

El BCB tratará de reducir la liquidez de la economía mediante sus operaciones de mercado abierto, con lo que aumentará la deuda pública interna, lo cual no requerirá, en primera instancia, que aumente su tasa de interés de captaciones porque la banca podría preferir colocar sus recursos en el BCB a bajas tasas de interés pero seguros, a tener que hacerlo en créditos más riesgosos. Como la inflación de costos contrae la producción esto también contraerá la demanda de créditos, que hasta ahora ha sido muy dinámica.

Si ante el aumento de la inflación, en el gobierno se impone el criterio de impedir que suban ciertos precios de la canasta familiar, como consecuencia del proceso inflacionario, acudiendo a las importaciones de alimentos, incluso subsidiándolas, el final será la reducción del débil aparato productivo que tiene el país. No habría incentivos para producir alimentos. Y la contracción productiva nutrirá la inflación.

Si como consecuencia del intento frustrado de "nivelación de precios" el reto del gobierno, a tiempo de mantener a raya a la inflación, era generar un ambiente de confianza -que hasta ahora la tiene perdida- para que el sector privado moderno reaccionase positivamente a una nueva estructura de precios, -hoy distorsionada- para que invierta productivamente sus ahorros, de manera de aumentar la producción en el mediano plazo y así contrarrestar la inflación, hoy, el reto es mayor para generar la misma confianza.