miércoles, 5 de enero de 2011

La "magia" del pragmatismo de Lula

Guillermo Capobianco Ribera
Memocapobianco@gmail.com

¿Cual es la explicación para que un sencillo obrero metalurgista culmine ocho años de mandato con el apoyo casi unánime de un país - continente de casi 200 millones de habitantes y una biodiversidad amazónica que lo sitúa como el pulmón ecológico del planeta?

Es el sentido común de un ciudadano libre de la opresión de las ideologías.

El sentimiento profundo de un inmenso amor a su país y a toda su gente sin exclusión alguna; desde los desposeídos de fortuna hasta los encumbrados super empresarios de la estructura económica; los lustrabotas de las plazas y avenidas de las grandes ciudades, hasta el alma de las trabajadoras sexuales de las noches de Rio o San Pablo.

Las cámaras de de tv mostraron al mundo el llanto de este sencillo líder ciudadano al momento de asumir el poder y al bajar las escalinatas del Palacio de Planalto abrazado de Dilma Russeff, su compañera de lucha y garante de la continuidad de un modelo político hasta hoy consolidado en América del Sur.

La presencia emblemática de una poderosa clase media emergente y en expansión, se vio reflejada en la pareja vicepresidencial que asumió el rol histórico de ser un factor de equilibrio social y político en un país diverso y lleno de contradicciones estructurales.

El Presidente Lula con sencillez y sabiduría del alma popular supo y pudo generar una "mística" de autoestima y orgullo de país y de economía global emergente, junto a las grandes potencias del planeta; Estados Unidos, China Continental, Rusia, India, Irán, México y hasta la Venezuela del Comandante Chávez y la revolución bolivariana.

La clásica divergencia entre quienes afirman que la economía dirige a la política o lo contrario, se dilucida de manera contundente en este "modelo": es la política la que dirige y conduce a la economía.

Y no al revés

Un país que ostente una elite política de excelencia, tendrá siempre una buena economía que le permitirá surgir y desarrollar su potencialidad como nación y como estado soberano y democrático.

El Presidente Lula, por la "magia" de su política carente de odio,y resentimiento que proclaman las ideologías del pasado sobre bases y teorías obsoletas de "lucha de clases" de regiones y de etnias, ha sido comparado con Mandela, el icono universal del estoicismo, el amor al pueblo y la tolerancia.

La gestión de Dilma Russeff presidirá una década de un mayor potenciamiento económico de Brasil al ritmo financiero de las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol y sus inmensas inversiones.

En una coyuntura de aprestos hegemonistas y desencuentros en América del Sur, la consolidación del modelo político-económico de Brasil incorpora un halito de esperanzas para la democracia, los demócratas y los pueblos y países democráticos del continente.

Bolivia, corazón geopolítico de América del Sur, se contagiará sin duda de los valores y principios de este modelo político; así no lo quiera y se oponga el actual gobierno autoritario y hegemonista que lo preside por rumbos equivocados.