jueves, 17 de marzo de 2011

Perdón por el final

Fabian Restivo
unfotografo@hotmail.com

El presidente Garfield había cometido dos errores que, juntos, serian fatales: aumentar los impuestos a los productos que llegaban de Londres, y negarle al abogado Morrison, el puesto que este le había solicitado en la cancillería.

El resultado de estas dos acciones seria el cuerpo del calvo y barbudo presidente de los Estados Unidos, tendido en el suelo de la estación de trenes de Washington, con dos balazos que el propio Morrison le metió por la espalda la calurosa mañana del 2 de julio de 1881, de tal suerte que cuando los oficiales de marina, M. Herndon , Thomas Page, y H Pentland, enviaron los primeros informes que el propio Garfield había pedido, llevaban toda una vida de retraso.

Garfield tenía un par de cosas en claro, producto de su propia experiencia de vida, que había decidido volcar al servicio de su país: había que tener dinero para comprar, pero era imprescindible saber que era lo que se compraba. El dinero venia de los impuestos, y el conocimiento, de tener gente capaz de informar con exactitud científica, que cosas eran comprables. La "cuestión exterior" no se podía dejar en manos de cualquier amigo de un amigo. Sabia la historia de lo Cuáqueros de memoria, solo era cuestión de repetirla y ampliarla al resto del mundo. Las dos balas de le truncaron la vida, no sirvieron para abortar sus planes.

Cuando Arthur Chester, asumió la presidencia tras la muerte de Garfield, recibió los informes de Herndon, Page y Pentland, y nadie tuvo que explicarle para que servían. La misma clarividencia que lo había puesto en la presidencia, le sirvió para entender los mapas preliminares y los datos meteorológicos al primer golpe de vista.

La carpeta de Pentland, decía entre otros detalles, que la montaña mas alta del lugar que le habían mandado a relevar, se llamaba Yllampu, y media 26.969 pies, seguida de la segunda mas alta, nombrada Yllimani, de 26.254 pies. El informe de Herndon, describía el Amazonas como un lugar de un calor infame, en cuyas costas sacaban oro y maderas con la misma facilidad, y adjuntaba un mapa preliminar de un recorrido "que parece diseñado sin capricho ninguno". Mientras en los apuntes de Page, se describía el Rio de la Plata como un "mar color de león" (nombre que el navegante portugués Fernando de Magallanes le había dado en el año 1520) más navegable que el mar mismo, que permitía entrarse en el continente, a través de dos afluentes nada pequeños, llamados "Paraná" y "Uruguay", que a su vez dejaban subir el caudal a contracorriente hacia otro afluente llamado "Bermejo".

El presidente Chester le dio una chupada a su puro, sonrió, recordó a Garfield con admiración y supo que Estados Unidos de América estaba en condiciones de adueñarse del mundo. Llamó al estafeta y le entrego tres cartas lacradas con el mismo mensaje: Buen trabajo, tiene usted 20 meses para completar con detalles de relojero los mapas definitivos. Firma: Arthur A. Chester. USA President."


El calculo delos 20 meses tampoco era caprichoso, Chester pretendía entregarle públicamente al próximo presidente, los mapas completos de "el mundo por conquistar". Cosa que consiguió hacer gracias a su buen amigo, el imprentero J.H. Colton, el 2 de marzo de 1885, dos días antes de entregarle la presidencia a Stephen Grover Cleveland, que obviamente, siguió con la tarea.

Perdón por el final abrupto de la historia, pero se me ocurrió una pregunta: que tan estúpido hay que ser para escandalizarse cuando Michelle Leonhart, jefa de la DEA, dice "vigilamos a Bolivia con una red de informantes?"