jueves, 17 de marzo de 2011

QUIEN GANA BAJANDO EL DÓLAR

Oscar Ortiz Antelo
oscarortizantelo@gmail.com

El gobierno continua valorizando el boliviano y depreciando el tipo de cambio del dólar americano con relación a la moneda nacional. En mi opinión, ni el pueblo ni el gobierno ganan con esta medida y la misma refleja una vez más los errores de política económica que cometen las autoridades, destruyendo las bases de la economía popular y los empleos a cambio de resultados políticos de corto plazo.

Paradójicamente, siguen esta política a pesar de que los anuncios formulados sobre la misma por el Ministro de Hacienda y el presidente del BCB, provocaron hace algunas semanas la mayor corrida bancaria de la última década.

Dos argumentos utilizan para justificarse. Primero, la necesidad de promover la bolivianizacion de la economía. Sin embargo, aunque evidentemente la proporción de utilización de la moneda nacional ha crecido en el último quinquenio, la misma no es producto de mayor confianza (lo que explica la magnitud de la corrida de los días del gasolinazo) sino un efecto principalmente provocado por el gran diferencial del tipo de cambio que ha incentivado este gobierno entre el tipo de cambio de compra y de venta, cuyo único resultado es provocar una inmensa transferencia de recursos desde los sectores más pobres hacia el sistema financiero.

El segundo y quizás el tema de fondo, es la búsqueda de controlar la inflación abaratando las importaciones, aunque no lo expliquen así de claro. Esta es una política, que aunque puede generar algunos resultados en el corto plazo, en realidad implica un suicidio económico nacional, pues por una decisión política se está destruyendo el aparato productivo y los empleos nacionales. Es inaudito que un gobierno promueva importaciones y prohíba las exportaciones. Es exactamente lo contrario de lo que hacen las naciones que progresan.

Pierden las empresas que reciben cada vez menos por sus exportaciones y, por lo tanto, pierden competitividad en el exterior y no tienen ningún incentivo para continuar invirtiendo, lo que genera un círculo vicioso de estancamiento y desempleo. Pierde también el gobierno, que es el mayor exportador del país y por lo tanto quien más pierde con la disminución de los bolivianos que recibe por las exportaciones de gas y minerales.

Pierde el pueblo, al que se le engaña diciéndole que como el dólar baja debe transferir sus ahorros a la moneda nacional, lo cual constituye una ilusión pues pierde por partida triple, porque baja el dólar, porque el diferencial de cambio es excesivo y porque la inflación destruye el poder adquisitivo del boliviano afectando su valor real. Pierden las familias, que reciben cada vez menos por las remesas que les envían quienes emigraron para trabajar en otros países y ayudarles con los pocos ahorros que consiguen.

Distorsionando la realidad no controlaremos la inflación sino creciendo, produciendo y exportando, con lo cual abasteceremos la demanda interna y generaremos exportaciones para crear los empleos y el bienestar que tanto necesita la población.