miércoles, 16 de marzo de 2011

SIN AGUA PARA VIVIR Y CON AGUA PARA MORIR

Lavive Yáñez Simon
lavivey@hotmail.com

No hubo tiempo de pensar, y los sueños de los pobladores se ahogaron en los caudales de infortunio que nos dejó el desborde del río Beni. Sorpresa, desilusión, impotencia reflejaban los rostros de quienes eran presas de la impiedad de la naturaleza. ¿Quien piensa en salvar sus bienes cuando la vida está en peligro?, usted o yo, quizás anteponemos el valor de la vida a las necesidades, porque no conocemos lo que significan el hambre y la humillación de la desconsideración de quienes nos venden sueños de mejores días; pero ellos, quienes se alimentan de las esperanzas contenidas en la demagogia del discurso, aquellos que son atrapados en el sueño de la inclusión, la equidad, los derechos humanos y, flagelados en el desprecio que generan la pobreza, la marginalidad, la ignorancia (ilusión), para aquellos que llamamos hermanos y los castigamos con la indiferencia; un zapatito roto, una muñeca de trapo, un pedazo de pan es una forma de vida.

No vamos a echar en saco roto los notables avances en cuanto a la incorporación de la población a formas democráticas de gobierno, pero hay amplios sectores con graves realidades o riesgos de exclusión. Sin dar cifras por temor a equivocarme, puedo afirmar que un alto porcentaje de los niños menores de 14 años de edad son pobres, la tasas de desocupación juvenil son alarmantes, los indígenas aún viven en situación de pobreza extrema, hay fuertes inequidades en el acceso a la salud y en las oportunidades educativas, los de mayor edad están sufriendo grandes deterioros en su situación, cantidad de discapacitados con mínima protección y las migraciones generadas por pobreza siguen aumentando. Todo en una región que es potencialmente rica. Sus altos niveles de desigualdad-que están en los peores del país- influyen fuertemente en esta grave situación social. La exclusión, no es una abstracción en la región, sino el modo de vida cotidiano de hombres, mujeres y niños que hacen el departamento del Beni.

La exclusión, ¿es sólo un problema de los excluidos?, ¡no!. Su presencia crea vulnerabilidad de fondo a cualquier sociedad. Pero sobre todo, es un tema ético. Su existencia y magnitud entra en conflicto directo con los valores de respeto a la vida, superación de las discriminaciones, oportunidades para todos, en que están basadas, nuestra constitución y el sistema democrático. No es solo responsabilidad de los poderes económicos y políticos, conciernen como tema ético a toda la sociedad. Todos debemos asumir la responsabilidad para enfrentarla, evitando así, actitudes generalizadas como el acostumbramiento a la situación o su uso demagógico en banderas políticas como generadoras de votos.

Bolivia, necesita políticas, en las que, tanto el bienestar humano como un ambiente saludable, existan conjuntamente y se refuercen mutuamente para alcanzar el desarrollo ofrecido y anhelado por todos.

"Sin agua para vivir y, con agua para morir", los benianos seguiremos de pie, enfrentando las carencias de la inequidad en la distribución de los bienes y servicios que la civilización dispone.