miércoles, 16 de marzo de 2011

EL DIA DEL MAR....DIA DEL QUE?

Pepe Pastén Burgoa
pastenburgoa@hotmail.com

Mientras el mundo sigue convulsionado con la tragedia en el país del sol naciente y las consecuencias inminentes de la fusión nuclear, en breve los bolivianos recordaremos un año más de aquella guerra en la que perdimos el acceso al océano pacífico. Por entonces no sabíamos que países costeros en la actualidad son vulnerables al temido Tsunami. Obviamente y como es rigor y costumbre, el calendario escolar y las conmemoraciones administrativas erigirán actos, desfiles y discursos enarbolando el indiscutible derecho de volver a las costas marítimas. Estas rancias manifestaciones de civismo y demás solemnidades no han variado desde hace más de 100 años atrás.

Mientras nos lamentamos como cada año y esgrimimos esa frase moldeada en cuarteles militares "El mar nos pertenece, recuperarlo es nuestro deber" a la fecha, la mayoría de los bolivianos no sabemos cómo marchan las relaciones bilaterales inherentes específicamente al tema marítimo. Lo último que se supo y no de fuente oficial fue una posible negociación discreta con la saliente Michel Bachelet pero solo fueron comentarios y especulaciones de políticos ayudados por la prensa muchas veces necesitada de noticias de "gran impacto".

¿Queremos los bolivianos volver a las costas del Pacífico? Por supuesto. ¿Queremos los bolivianos retornar al mar? Claro que sí. ¿Queremos que flamee la tricolor en el océano? ¡Sí!. Pero de producirse este hecho sea cual fuere la negociación o políticas del Derecho Internacional con la participación de organismos internacionales, nosotros, los bolivianos no estamos preparados para asumir tremendo sueño nacional porque se trata de un"sueño" ya que los chilenos son hábiles diplomáticos con experticias en Geopolítica, mientras nosotros nos acusamos entre oficialistas y opositores sumando a esto la victimización permanente buscando a "elementos desestabilizadores".

El actual Canciller del Estado Plurinacional y a la sazón Jefe del Gabinete del hermano Evo (así lo llama públicamente el jesuita Perez Iribarne) ha aprendido a respirar bajo el agua, es decir, comprender y entender el manejo de una instancia vital como es la Cancillería. Tiempo atrás los representantes diplomáticos nacionales, designados como embajadores, cónsules, agregados culturales, debían necesariamente contra con formación en el ámbito de la diplomacia aunque siempre los advenedizos del poder colocaban a un familiar o pariente para que cumpla esta "gran responsabilidad nacional". Este hecho no ha cambiado significativamente, un claro ejemplo, una ex Ministro de Gobierno hoy en delicadas funciones diplomáticas fuera de nuestras fronteras y así por el estilo.

Volviendo al tema del actual Canciller. Deben sobrarle méritos para cumplir una segunda gestión ejerciendo esta gran responsabilidad además de contar con el voto de confianza de nuestro mandatario pero, ejerciendo lo estipulado por el Art. 21 de la Constitución Política del Estado, necesitamos políticas mas agresivas, asertivas, estratégicas y bien fundamentadas basadas en la realidad del siglo XXI y en base a las necesidades del opositor para plantear, ofertar y motivar acciones con desenlaces históricos nunca antes logrados. Nuestros vecinos están en situación de consultar a su población si es pertinente o no discutir la posibilidad de devolver el acceso al mar a los bolivianos. Nosotros también deberíamos hacer un referéndum para preguntar si podríamos aceptar planteamientos, intercambios o compensaciones para la consecución de nuestro propósito geográfico.

Por el momento pongamos a pensar que, si el narcotráfico en Bolivia avanza a pasos incontrolables, y que recientemente una ex autoridad policial de alta graduación ha usado puertos chilenos para envíos de droga, en qué medida podríamos frenar estos ilícitos al margen de nuestra soberanía y derecho histórico: ¿No convertiríamos nuestras costas en puentes de exportación de narcotráfico?
En concreto, el acceso al mar por el momento no nos sería saludable pero ello no implica claudicar y dejar de exigir la reivindicación de un tema histórico pendiente. A seguir trabajando en la Cancillería con propuestas inmediatas y negociables porque si nos dormimos nos llevará la corriente de algún rió desbordado por época de lluvias.