domingo, 10 de abril de 2011

Cinco años despues

Rolando Morales Anaya
rolando@entelnet.bo

Fue impecable la propuesta de Filemón Escobar en las elecciones del año 2002 y también en el año 2005: acompañar la candidatura de Evo con un k'hara intelectual. Las razones de Filemón eran por demás convincentes: un k'hara intelectual haría el puente entre la intelectualidad y los campesinos, permitiría el entendimiento con la clase media, ayudaría a allanar dificultades con el Oriente que se presumía se opondría a una líder aimara y colaboraría en la conceptualización y resolución de los problemas nacionales. Después de varios intentos para encontrar la persona adecuada que acompañara a Evo en las elecciones (y en el Gobierno), se escogió al actual Vicepresidente Álvaro García Linera.

Cinco años después, la realidad muestra que no se logró los objetivos deseados por Filemón: la intelectualidad boliviana se marginó del quehacer gubernamental, la clase media se distanció del gobierno, el Oriente sigue en oposición y el país está en crisis no obstante la excelente coyuntura internacional que le favorece. Contrariamente a lo deseado por Filemón, no existe una mano conciliadora en el gobierno, más aún, sorprende el entusiasmo que muestra a distanciarse con los unos y los otros, muchas veces con los mismos partidarios. El gobierno puso el tuti de la torta del distanciamiento con la intelectual con la salvaje arremetida contra la prestigiosa Universidad Andina Simón Bolívar destrozando sus programas académicos, despidiendo a su personal y dejando impagos a sus docentes.

Como muchas de las evaluaciones en las ciencias sociales y políticas, es difícil determinar si la propuesta o su implementación fueron erróneas. Posiblemente, fue lo último, pues no hay argumentos suficientes para explicar la permanente actitud de confrontación del gobierno con diferentes sectores de la población incluyendo a las universidades como una etapa más del gusto y placer por la contienda.

Podría ser que lo que resultó de la propuesta de Filemón no fue más que el signo de los tiempos caracterizado por el rechazo a la organización partidaria, a la racionalidad y a la promoción del encumbramiento de líderes que se erigen como portavoces de los movimientos sociales. El rechazo a la organización partidaria es un serio error de las sociedades modernas pues los partidos tienen importantes funciones en una democracia: proponer planes de desarrollo y gobernantes, responsabilizándose por ellos, lo que no puede hacer un movimiento social. La racionalidad es rechazada a título de invalidar ideas capitalistas y neoliberales, pero haciendo eso se cae en la tentación de aceptar cualquier argumento emergente de personas que se caracterizan por su falta de esfuerzo en los estudios. La arremetida contra la Universidad Andina se inscribe en ese esfuerzo de destruir las ideas y el conocimiento científico. Históricamente, el encumbramiento de líderes hace parte de estrategias de traición para evitar ser descubiertos.

Es una pena. Los bolivianos, conscientes de los problemas que han llevado a Bolivia a ser uno de los países más pobres de América con bajos niveles educativos, altos niveles de desigualdad e inadmisible discriminación contra la población originaria, pusimos muchas esperanzas en un gobierno que pudiera revertir estos hechos, relanzar la educación y el Desarrollo y proporcionar a nuestros compatriotas la autoestima que bien la merecen y hacer de Bolivia un país democrático. Sin embargo, no debemos perder la esperanza, nunca es tarde para cambiar, lo importante es aceptar que los tropiezos por los que pasamos son insumos para corregir el accionar futuro que nos llevará a tener un país mejor.