domingo, 10 de abril de 2011

Sobre las flores de Exeni y la demagogia marítima

Pilar Toro
pilar.toro21@gmail.com

En los últimos días, mientras otra vez se desatan los demonios patrioteros del mar, Aulalibre conoció dos artículo sobre el tema, cada uno desde dos perspectivas diferentes, ambos confesiones implícitas (democracia y demagogia): la primera, escrita por Ramiro Calasich G, expresa una visión descarnada del uso y abuso que se ha hecho del mar para satisfacer intereses casi siempre inconfesables; el segundo, de autoría de José Luis Exeni, muestra cómo el tema puede ser usado desde una visión tan sospechosamente ingenua, que recuerda más a la propaganda que al análisis objetivo.

Voy a empezar analizando la enternecedora frase con la que termina Exeni. El propagandista oficial dice: "Desde que tengo memoria, en el hogar, en el barrio, en la escuela, me enseñaron a despreciar nuestro obligado-injusto ser mediterráneo. Y el culpable era Chile. Por eso no me pidan que respete un Tratado impuesto por la fuerza. Por eso no me obliguen a decidir entre el "diálogo" y la exigencia legal. ¿Se rompió la confianza? Puede ser. Quiero creer, a cambio, que reverdeció la dignidad". Conmovedor hasta las lágrimas, pero lejos de la verdad.

En realidad, Exeni confiesa ser obra malograda de esa visión arcaica que priorizó siempre el tema marítimo desde la óptica que Calasich llama "complejo freudiano": echarle la culpa a Chile por habernos arrebatado el Mar, primero, y luego por su negativa a considerar el tema, ni pintado. El ideal sería superar el pasado, pero existen miradas que viven prendidas a nuestras añejas heridas, añorando su retorno; se llaman reaccionarios.

En realidad, la postura de Exeni, además de carecer de autocrítica histórica, se asienta en una indigencia intelectual en torno al tema, que sorprendería si se tratase de alguien imparcial, pero que se entiende viniendo de alguien cuyos verdaderas querencias fueron conocidas una vez que dejó la presidencia de la Corte Nacional Electoral para mostrarse como un "cortesano" más del séquito del "jefazo" y su anacrónico "proceso de cambio" (estrambótico salto del siglo XXI al siglo XIX, y un poquito más atrás, proceso conocido como socialismo comunitario o socialismo del siglo XXI, da lo mismo).

Sería bueno que algunos intelectuales saliesen del armario, de una vez, y muestren abiertamente su postura, así el debate tendría un poco más de base moral. Como también sería prudente que los ciudadanos descubramos que detrás de los discursos que azuzan a Chile, que hablan de cortarle las aguas del Silala o de desagravio a la bandera, mancillada por las protestas sociales que exigen acabar con las mentiras oficiales, existen posturas demagógicas que no solo producen nausea, sino una indignación que ningún spot podrá remontar.

Chile nos ganó y nos arrebató el Mar, sí. Fue un ataque artero, a traición, sí. Pregunto: ¿Qué guerra no se basa en ataques arteros? No olvidemos que una guerra es la acción política por otros medios. Chile, secundado por intereses ingleses, se apoderó de nuestro Litoral. Pero es cínico no recordar que lo hizo con el beneplácito y hasta con el boicot de nuestra élite minera.

Sobre el Tratado de 1904. Otra vez: nosotros lo firmamos. Fue una decisión estúpida, quién lo duda, pero, otra vez, su firma fue empujada por los intereses, otra vez, de nuestra élite económica y de la imprudencia gubernamental, por no decir traición. Pero firmamos y los tratados se cumplen, nos guste o no. De lo contrario, viviríamos en guerra en todos lados, porque en la historia de la humanidad, todos los países a su turno ganaron y perdieron en conflictos bélicos. Entre otras razones, por eso fue erigido el Derecho Internacional Público, que impone a los Estados a respetar los tratados y convenios, aunque nos duela o nos recuerde las lacrimosas horas cívicas que sufrió, acongojado, el propagandista Exeni.

A diferencia de José Luis Exeni, que aplaude la decisión gubernamental de anunciar que llevará el tema al ámbito multilateral –lo hizo incluso por escrito, se alegra Exeni, todo un logro ¿quién habrá redactado el discurso?, pregunto intrigada-, Ramiro Calasich G. recuerda con la crudeza que nos obliga a mirarnos al espejo con pavor: "… la política marítima boliviana ha oscilado entre el lamento boliviano –bilateral, trilateral, multilateral y polifónico- que ha malgastado tiempo, dinero y talento diplomático en intentar que Chile reconozca que existen problemas pendientes con Bolivia; la demagogia patriotera que usa la herida marítima como anzuelo providencial para mantener la mirada ciudadana lejos del problema medular: el atraso y la ineptitud por superarlo; y el complejo freudiano que empuja a echar la culpa a otros –'al pirata araucano'- por la inveterada incompetencia gubernamental, y que nunca ha tenido la decencia de la autocrítica, acción que mordería a cualquier conciencia humildemente ética".

En realidad, conociendo al régimen, la nueva "rabieta náutica" forma parte del largo rosario de shows mediáticos que sólo han tenido como resultado el aplauso conmovido de la población desinformada y manoseada y del séquito de beatos cortesanos que encuentran en las diatribas del "jefazo" palabras visionarias que marcan el norte providencial, además de un desastre económico e institucional que ha desperdiciado insuperables condiciones económicas en gastos destinados a enmelar paredes y televisores con la imagen el caudillo, y que ha destrozado al régimen democrático desde adentro para pasar a una orgásmica concentración del poder. ¿Pruebas? Veamos algunas: no hay tal estado plurinacional, no hay democracia participativa (no hay democracia), no hubo nacionalización, no hay industrialización, no hay gas, no hay industrialización del litio, no hay salarios dignos, no hay lucha contra la corrupción, no hay respeto a los derechos humanos, no hay respeto por la vida, etc., etc., etc. La única política gubernamental existente –no de Estado- es la lujuriosa concentración del poder.

¿Por qué es totalmente demagógico el anuncio del gobierno, y su propagandista Exeni, de apelar a tribunales internacional? Por las razones que Calasich apuntó: Toda intervención de tribunales internacional debe contar con el acuerdo de ambas partes, y Chile no está dispuesto a aceptar; además que Bolivia no tiene estrategia legal alguna para encarar el problema con seriedad. ¿Entonces, por qué el anuncio de tales acciones, sin estrategias y sin suerte alguna? No, señor Exeni, tal acción no nos hace un país "arriesgado", muestra un régimen, como tantos otros, improvisado, que usa el tema marítimo como anzuelo o como lamento incompetente. No quieren hablar de soberanía, dice el gobierno, coreado por Exeni y el resto de cortesanos. Calasich arremete: "Resulta ocioso acusar a otro país por defender sus intereses y no los nuestros; de aquellos deberíamos ocuparnos nosotros, pero en serio… No, no es Chile el que nos ha hecho perder el tiempo, ha sido esa práctica arcaica e insana de tocar tambores de guerra en el abyecto propósito de evitar que se extinga el aplauso popular. Al final, terminamos siempre yendo a la batalla, militar o diplomática, sin norte ni concierto, con una mano adelante y otra atrás".

Cuando Exeni dice que la nueva decisión gubernamental "la hemos tomado nosotros", seguramente se refiere a que la tomaron los funcionarios del gobierno, abiertos o camuflados, pero no es un decisión de los ciudadanos libres, menos de una estudio serio. Sin duda, al decir de Calasich, tal postura busca fabricar un nuevo enemigo, en el afán de "mantener movilizada a la masa y así evitar que mire su realidad y descubran la estafa".

Empecé con el último párrafo del artículo de Exeni, terminó con el último párrafo de Calasich: "En vez de seguir salivando cada vez que la autocracia de turno toca la campana, los ciudadanos deberíamos comenzar a reconstituir la institucionalidad democrática, eternamente deformada a gusto de fúnebres benefactores, comenzando por partidos políticos democráticos -en lo programático, organizativo y en el liderazgo, en ese orden-, lejos del asfixiante monólogo del pensamiento único, la santería ideológica y del omnipresente caudillo, para construir una verdadera República Democrática -nada de simbolismo fatuo-, que deje de ser hija de nadie y manoseada por cualquiera. Ahí recién podremos hablar del mar con la seriedad requerida y, sin duda, llegará el momento de bañarnos en sus aguas como ciudadanos libres, lejos del naufragio al que nos han condenado los perpetuos patriarcas del atraso". Añado: Ya está bueno de tanta beatería y vasallazgo; por ese camino no sólo que seguiremos con el mar perdido, sino que terminaremos perdiendo hasta la dignidad, aunque hay quienes ya la perdieron hace mucho.