viernes, 15 de abril de 2011

Cortito sobre Tarija

Fabian Restivo
unfotografo@hotmail.com

Hace unos años, llegamos a Tarija con un equipo de rodaje para un documental. A las seis de la mañana teníamos cita en Santa Ana para comenzar el trabajo. A las 8 y media, Marcelo, un chapaco que trabajaba en esa bodega me dijo: "están solitos? que van a hacer esta noche?". Le respondí: "supongo que nada, no debe haber donde hacer nada, es lunes y además son las 8 y media de la mañana…". Me miro, se rió y me dijo cantadito; " pero se convoca pues, hermanito!".

Los tarijeños no saben como es no reírse. Las tarijeñas no saben como es dejar de sonreír.

Al cuarto día, con el dolor de mi alma, tuve que prohibirle al equipo las salidas nocturnas, porque de puras "convocadas" filmamos tres días sin dormir y hasta la madre de vino y guitarras y cuentos y mujeres hermosas y hombres cariñosos como nadie. Solo aguantamos por el saise del mercado que comíamos como desayuno, quita-chaqui, transfusión de vida que se come con los ojos muy abiertos y el cuerpo pidiéndolo por favor.

Cuando nos fuimos de Tarija, alguien me pregunto que me había parecido la chapacania. Le respondí con el alma: " carajo…Tarija es linda hasta para morirse!".

Y debe ser cierto, porque hace tiempo que no voy, y descubrí que extraño dos cosas: el mar y Tarija.