jueves, 14 de abril de 2011

¿PRIVATIZAR LO PRIVADO?

Erika Brockmann Quiroga
erikabrockmann@yahoo.com.mx

Me han llovido preguntas a propósito de la nota inaugural de Desde el FARO. Refiriéndome a desencantos y promesas incumplidas aludí indirectamente a la "Guerra del Agua", a la lucha contra la privatización transnacional en aras de proteger emprendimientos locales también privados. Esta proposición resulto altamente provocadora.

Y es que once años después intento una aproximación más objetiva de un evento que dejo huellas imborrables en quienes de alguna manera participamos buscando salidas concertadas durante largas tensas, violentas y gasificadas jornadas que nos quitaron el sueño entre enero y abril del año 2000. ¿Sera tiempo de desmontar mitos y darle una lectura honesta y pedagógica a este revuelta que, en palabras de su entonces líder Oscar Olivera, hizo de cada puerta de la ciudad una barricada contra la globalización transnacional? Quizás.

En esta línea, eso de "privatizar lo privado merece una explicación". El 13 de enero del año 2000, en los salones de la Prefectura de Cochabamba, la Brigada Parlamentaria de Cochabamba y los representantes de las organizaciones vinculadas a la Coordinadora del Agua, "bordamos", a marcha forzada, el primero de tres acuerdos, que llevaría a levantar el el cerco a la Prefectura y las medidas de presión. Además de los puntos relativos a "una nueva estructura tarifaria que no afecte la economía popular, a garantizar la ejecución de Misicuni y la provisión de agua potable y alcantarillado a Cochabamba y a la revisión del contrato con el consorcio Aguas del Tunari", el sexto punto establecía que "los sistemas privados de agua no formarían parte de las fuentes de agua del concesionario". Este tema fue recurrente durante la redacción y modificación la polémica Ley de Agua Potable y Alcantarillado. El mismo Oscar Olivera, en una reciente entrevista concedida al diario El País, señalo que ese modelo prohibía y despojaba los sistemas colectivos de almacenamiento y distribución de agua existentes en el área de concesión de la Transnacional.

Corresponde aclarar que estos sistemas colectivos eran emprendimientos asociativos pero en esencia privados. Y es que durante muchos años de crónica escases y limitaciones de SEMAPA, obligaron a que los ciudadanos busquen medios para dotarse de este recurso, aún cuando su potabilidad fuera dudosa. Incluso el municipio alentaba la aprobación de urbanizaciones con sistemas autogestionados de agua que proliferaron en el tiempo. Era entonces comprensible que la gente no solo resista al tarifazo, a un contrato leonino, sino también a integrar sus precarios o sofisticados sistemas autogestionados al área de concesión. Así como predominaba la sensación de despojo y robo del agua, subyacía un sentimiento legítimo de apropiación del recurso pese a la consigna de que el agua no debía tener dueños. Hoy día, similar lógica propietaria se registra en comunidades indígenas que se resisten a compartir el agua con poblaciones urbanas aledañas.

Pero la consolidación de un área de concesión afectaba otros intereses menos santos. Me refiero al oligopolio de los carros cisterna y de los servicios de perforación de pozos, que hicieron su agosto en tiempos de la post guerra. Decirlo en ese momento, era una herejía que opacaría el espíritu revolucionario y épico de una guerra cuyas consecuencias prácticas 11 años después no son alentadoras. Concluyo con algunos datos y preguntas que traslado a los actuales asambleístas departamentales y concejales.

De una cobertura de agua de 60% en 1996, se disminuyó a 47% el 2006. La cobertura de Alcantarillado bajo del 58% al 50%. ¿Cuáles son las cifras 5 años después? SEMAPA, ¿Tiene un registro georeferencial actualizado de estos emprendimientos individuales o colectivos diseminados en nuestra ciudad y en la zona de recarga?, ¿se tienen estudios sobre sus consecuencias medioambientales? , ¿Existe un plan de inversiones viable? los más pobres en Cochabamba, ¿siguen pagando hasta 6 veces más que los usuarios del sistema de agua? Desahuciada la solución neoliberal y privatizadora radical, y fracasados los intentos de hacer de SEMAPA una empresa social autogestionada en el otro extremo ¿no será tiempo de sincerarnos y plantear soluciones más responsables que utópicas y discursivas?