martes, 5 de abril de 2011

Ohh y ahora ¿quién podrá traducirnos?

Cynthia Perou Gutierrez
cynthia_perou@hotmail.com

Ayer escuche que el Ministro Arce estaba analizando la forma para implementar un impuesto al salario, en ese penoso momento pude imaginar una larga fila de empleados agarrando con la mano izquierda y haciendo puño una cuerda que estiraba aun más el cuello de las siempre castigadas víctimas de la clase trabajadora formal de este país. Como obviamente no podía ser de otra manera, ante las primeras alertas del fantasma del impuestazo de GONI, el Vicepresidente Álvaro García Linera salió al rescate con la traducción simultánea, diciendo que no se trataba de un impuesto a los salarios, sino de un impuesto al exceso de riqueza, ante tal declaración la escena era clara, por mi cabeza pasaron una horda de recaudadores impositivos corriendo en tropel por el Chapare, en búsqueda de nuestros millonarios excéntricos con exceso de dinero. Por supuesto esta mañana ya tuvimos la traducción de la traducción, cuando la ministra Caro, asevero que ninguna de estas medidas sería tomada.

Hasta donde yo sé, no tenemos un grupo económico que cuente con "Exceso de riqueza", a no ser que estemos pensando en legalizar la forma de vida de los compañeros narcotraficantes a través del pago de impuestos, en ese caso recomiendo que el detalle de la factura sea por "consumo". Pero mientras estas cosas pasan por la cabeza de nuestros gobernantes, la respuesta que tan desesperadamente buscan se encuentra, en el mercado informal, el contrabando y esa masa económicamente activa que no paga impuestos. Al gobierno no solo se le acabo la plata de nuestra época de bonanza, sino que también están pecando de poco ingeniosos, la formula de los impuestos a la clase media es tan vieja como la demagogia de los políticos.

Cuando el Presidente Morales, la semana pasada hacía alusión sobre la trampa a la que fue sometido por los chilenos, debió pensar que las mismas palabras podríamos utilizarlas los ciudadanos bolivianos en contra de él, al ser engañados por un discurso de promesas incumplidas y un sinfín de improvisaciones con nuestros recursos. Cuando los funcionarios del gobierno hablan sobre daños al Estado, deberán poner las barbas en remojo ya que el no tener una política fiscal, económica, hidrocarburifera, mineras, agropecuarias va justamente en contra de la constitución que ellos mismos hicieron a imagen y conveniencia.

Antes de cumplir con los mandatos de la Pachamama, el gobierno deberá cumplir con los mandatos de alguien menos abstracto, el pueblo. Y si no fuera mucho pedir, eso de pensar antes de hablar podría ser muy útil.