sábado, 21 de mayo de 2011

Chat con Roberto Laserna




martes 24 de mayo de 2011 a Hrs. 11:00

PARA SUPERAR LA TRAMPA DEL RENTISMO

abre y visita el chat, participa o pregunta
entrar al chat

con Roberto Laserna



Uno de las características más llamativas de Bolivia es el contraste que hay entre la pobreza de la gente, y la riqueza del país. Aquí abundan la tierra y el agua, la fauna y la flora son extraordinarias y los minerales del país han contribuido al desarrollo mundial desde hace siglos.

¿Por qué hay entonces tanta pobreza?

Bolivia tampoco es un país de indiferentes o de gente resignada. Tiene también una larga historia de luchas sociales que demuestran que la pobreza no se debe a la apatía o al conformismo.

A lo largo de nuestra historia hemos ensayado muchas maneras de administrar los recursos naturales pero hasta ahora no logramos superar esa enorme frustración reflejada en la imagen de Bolivia como un mendigo sentado en una silla de oro.

Cuando los recursos estaban en manos privadas, fuimos convencidos de que nos saqueaban y nacionalizamos tres veces los hidrocarburos y una vez las minas. ¿Para qué?

Las arcas del Estado se llenaron por un tiempo. El dinero se despilfarró. Y a poco volvimos a la misma situación… mendigos en silla de oro.
En los últimos años la abundancia del gas y las exportaciones al Brasil y la Argentina han multiplicado por 6 los recursos del estado. Pero la pobreza no disminuye y las desigualdades se renuevan y crecen.

Algunos hablan de la maldición de los recursos naturales, porque nuestra experiencia es repetida en muchos países con abundantes recursos naturales y que tampoco logran salir del subdesarrollo.

Yo creo que es equivocado pensar que hay una maldición que nos impide aprovechar la abundancia. Lo que hay es una trampa. Ya hemos caído en ella antes, pero si la reconocemos seremos capaces de evitarla: es la trampa del rentismo.

La trampa del rentismo está compuesta por tres piezas que actúan al mismo tiempo, que se refuerzan, y que estimulan los comportamientos políticos y económicos que nos llevan a despilfarrar nuestras riquezas naturales.
La primera pieza, diríamos, es la abundancia concentrada de recursos. La segunda, es la debilidad de las instituciones, especialmente de las públicas. Y la tercera, son las desigualdades económicas.

Esas tres condiciones crean y ponen en funcionamiento la trampa del rentismo. La abundancia atrae la atención de los grupos sociales que disputan su control, por eso los conflictos crecen y se justifican con discursos sobre la pobreza y la desigualdad. Pero la intención de todos es controlar y aprovechar los recursos, tomando ventaja de la debilidad institucional, lo que a su vez impide que el Estado se fortalezca. Como el Estado es débil, no puede resistir las presiones de las personas influyentes o los grupos de poder, y termina haciendo gastos e inversiones ineficientes, decididas al calor de presiones particularistas.

Por esa trampa, las bonanzas se desperdician, y a pesar de las movilizaciones y protestas, la situación social termina peor y quedan sin resolver los problemas de la pobreza.

¿Cómo eludir esa trampa?

Después de estudiar cuidadosamente el tema y discutir mucho con personas de gran experiencia, llegamos a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es también la más sencilla: entregar a cada ciudadano, una vez al año, la parte que le toque de las rentas que se obtengan de los recursos naturales.

La solución es tan sencilla que basta aplicar la promesa constitucional que dice que los recursos naturales pertenecen a todos los bolivianos. Para eso, deberían distribuirse entre todos los bolivianos las rentas que generan esos recursos, sin discriminación y en igualdad de condiciones.

La suma exacta seguramente cambiará todos los años, porque dependerá de cuánto se recaude, y ésto de los precios y los volúmenes de exportación.
Pero las familias podrían sumar sus partes e invertir en mejoras de su vivienda, de su salud y de su educación, podrían crear o mejorar sus negocios, o usar esos dineros para respaldar sus créditos.

Lo importante es que los recursos serán realmente de todos.

Distribuyendo las rentas a la gente, el Estado estará libre de presiones. Para recaudar fondos y hacer obras, los políticos estarán obligados a mejorar su desempeño, pues de otro modo no podrán convencer a la gente de pagar impuestos para tener servicios públicos. Prometerán menos y trabajarán más. Tendrán que ser más eficientes y rendirán cuentas incluso sin que se lo pidamos.

Por supuesto, bajará la desigualdad y disminuirá la pobreza. Al llegar a todos, los recursos que son de todos darán seguridad a los más pobres, elevando su bienestar.

Si la distribución de las rentas solamente permitiera eludir la trampa del rentismo, ya se justificaría. Evitar el daño de vivir en una trampa que reproduce la desigualdad, la pobreza, los conflictos y la debilidad del Estado, sería ya un gran avance.

Pero la experiencia enseña que no solamente evitaríamos el daño, sino que podríamos lograr también una economía más dinámica y equitativa, y una democracia más fuerte.

Los recursos naturales son del pueblo, no del Estado. Hagamos que se cumpla la Constitución, y que la plata llegue a la gente.

Esto es lo que les propongo discutir en este chat.



abre y visita el chat, participa o pregunta
entrar al chat


Roberto Laserna
es Doctor en la Universidad de California, en Berkeley (1995). Ha estudiado la economía regional y los procesos de descentralización, la democracia y los movimientos sociales, la economía de la coca y la cocaína, el desarrollo humano y los conflictos sociales, el rentismo y la economía política de los recursos naturales. Ha sido docente en la Universidad de Princeton, del Pacífico en Lima, y San Simón de Cochabamba. Es investigador de CERES y Presidente de la Fundación Milenio. Entre sus libros destacan 20 Juicios y Prejuicios sobre coca y cocaína (1995), La democracia en el ch´enko (2004) y Ciudades y Pobreza (2005), La trampa del rentismo (2006), escrito con la colaboración de José M Gordillo y Jorge Komadina.