miércoles, 29 de junio de 2011

Santa Inquisición Andina

Julieta Montaño
julietamontano@gmail.com

Cuando se discutía la incorporación de la Justicia Indígena Originaria con el mismo rango que la Justicia Ordinaria en el nuevo texto constitucional, surgieron interrogantes sobre si se trataba efectivamente de la valoración sincera de los usos y costumbres de las comunidades indígenas, o se trataba de una trampa más para mantenerles excluidos de la justicia estatal y si los proponentes conocían objetivamente los usos y costumbres de las comunidades a momento de aplicar la justicia, especialmente cuando de mujeres se trata.

Hoy los efectos negativos sobre los que oportunamente se alertó, no sólo que se mantienen sino que se han intensificado reflejando un total desprecio por la vida, la integridad y la dignidad humana, hasta adquirir características de una "Santa Inquisición" de la que las mayores víctimas son las mujeres cuya vida y dignidad depende del mandamás de la comunidad y su capacidad de imponer sus verdades.

El mes de enero pasado, en una comunidad de Ayopaya una mujer indígena de ochenta años de edad fue acusada de brujería por los desequilibrios mentales que presentan dos adolescentes del lugar. La identificación de la mujer como bruja fue resultado del "trabajo" del adivino contratado por el dirigente y padre de uno de los enfermos.

Siguiendo las instrucciones del adivino una asamblea de la comunidad juzgó sin derecho a defensa a la mujer y le condenó a sufrir una pena cruel, inhumana y degradante a ser aplicada inmediatamente. Los dirigentes de la comunidad, incluido el Oficial de Registro Civil, desnudaron completamente a la mujer para exponerle ante la masa y el frío; le obligaron a pasar y repasar sobre un mantón negro rodeado de velas, salpicado de sal y un crucifijo en la parte central. Con una soga en el cuello le obligaron a aceptar ser practicante de brujería y a beber un brebaje preparado con los orines de tres hombres, excremento humano y "millu" (mineral usado para ofrendas a la pachamama). Mientras la mujer sufría semejante tortura, varios hombres y mujeres pedían a viva voz que se le queme o entierre viva. Para concluir con esta macabra ceremonia de "justicia indígena originaria campesina", la masa decretó que la mujer se arrodille a los pies del dirigente y le pida perdón, acto que tuvo que cumplir para salvar su vida.

La infortunada mujer logró huir del lugar para demandar justicia ante las autoridades estatales, pero al ser ella mujer, anciana, indíena y pobre la maquinaria de la justicia no se mueve, después de varios meses logró que un fiscal le escuche y le franquee mandamientos de comparendo para las autoridades originarias que cometieron los delitos de tortura y discriminación, lamentablemente en su intento de hacerle notificar al autor principal, fue nuevamente víctima de una paliza que por poco le cuesta la vida. Hoy la mujer deanbula de casa en casa en un lugar distante y ajeno a su comunidad, entre tanto sus agresores no se cansan de hacerle saber que la justicia ordinaria nada tiene que ver con lo que sucede en las comunidades, que para eso la Ley reconoce la "justicia comunitaria" y que cualquier momento ella será capturada para ser trasladada ante las autoridades originarias donde se le aplicará lo que decida "la masa".



Este hecho es uno más de los resultados de la ausencia de Estado en las zonas rurales del país, ausencia y abandono que fue muy bien disfrazada con el reconocimiento constitucional de una justicia indígena idealizada que sirve para mantener anclados en el pasado pre - colonial y colonial a indígenas y sujetos a una especie de Santa Inquisición Andina .