viernes, 8 de julio de 2011

El faláz problema del ahorro excesivo

Mauricio Ríos García
riosmauricio@yahoo.com

De nada sirve que la crisis económica internacional sea comparada incluso con el colapso de 1929, y que se insista en que lo que provocó aquella y la actual crisis fue el dirigismo, la economía boliviana continúa siendo una economía enferma, así como la estadounidense y la de la Unión Europea, son economías maníaco-depresivas que cometen un error tras otro.

El público en general sabe que las condiciones económicas aún son favorables, pero que el optimismo no es suficiente para realizar planes de largo plazo; incluso algunos economistas tienen la sospecha -aunque no la certeza- de que podría llegar la crisis, pero sus explicaciones tampoco tienen mucho aliento.

El más sonado caso de â"horro excesivo" fue el que Ben Bernanke utilizó en 2005 para tratar de distanciar la responsabilidad de la Reserva Federal (el Banco Central estadounidense) sobre la crisis que terminó por llegar en 2008. Bernanke sostuvo que las tasas de interés que él y su antecesor fijaron no tenían relación con malas inversiones como las que crearon la burbuja inmobiliaria, que el origen de la crisis se encontraba en un exceso de ahorro mundial concentrado, sobre todo, en países como la India y la China. Más tarde, otros economistas se encargaron de desmitificar las teorías en las que Bernanke se apoya para seguir cometiendo errores. Roger W. Garrison sostuvo que de haberse reducido las tasas de interés el motivo debió ser por ahorros reales, no por una reducción artificial de las mismas tasas por parte de la autoridad monetaria.

Pues bien, la relación que la economía estadounidense guarda con la economía en Bolivia es muy similar, y tiene que ver con una pobre explicación sobre la supuesta relación paradójica que algunos encuentran entre un nivel creciente de ahorro interno y un nivel descendente de la inversión privada, lo que desde luego denota la preocupación sobre la existencia de un serio problema en la economía. En otras palabras, la pregunta del millón es sobre el motivo que impulsa al público a no invertir todo lo que ahorra.

No obstante, el problema es otro muy distinto, y los argumentos en contra de aquel tipo de diagnósticos son al menos tres, como apuntaría George Reisman en el caso de Estados Unidos: a) Si un exceso de ahorros fuera la causa de una próxima crisis en Bolivia, la reducción de los gastos en consumo sería evidente, y viene sucediendo exactamente lo opuesto; b) el ahorro implica un crecimiento en la oferta de bienes de bienes de capital, más producción y precios más bajos, cuando viene sucediendo lo contrario con bienes inmuebles, por ejemplo. c) el sobreconsumo no es producto de mayor ahorro, sino de la política de expansión que el Banco Central de Bolivia orquesta, cuando se observa que las tasas de interés se encuentran cercanas a cero, ampliando la liquidez (no el ahorro), la base monetaria y el crédito en alrededor de un elevadísimo 20 por ciento anual.

Lo más importante para completar el escenario, las observaciones a posteriori, será saber si al momento en que los mercados empiecen a detectar aquellas inversiones masivas realizadas por error, los recursos financieros permanecerán intactos o desaparecerán como efecto del fin de aquella política de expansión y la necesidad de liquidar activos sobrevalorados.

Los economistas de la corriente económica que predomina precisamente desde que Keynes apareció luego del estallido de 1929 para "sintonizar" la economía y planificarla verticalmente, es forzar aquellos ahorros que serían "recursos ociosos" hacia el gasto estatal que reanimen la inversión, no importa si esos recursos incluso sirviesen para abrir huecos y luego volver a taparlos. Una segunda explicación tendría que ver con un mecanismo de dirección económica igualmente vertical aquel al que los economistas de la escuela monetarista acuden mediante la expansión de la base monetaria (las mentadas operaciones de mercado abierto), para evitar que las recesiones sean aún más profundas y continúen liquidando malas inversiones.

El error de la gran mayoría de economistas, por lo general los que dirigen las economías hacia la depresión, es el de la fatal arrogancia de creer que deben ser ellos quienes conduzcan la economía por el bien de quienes la impulsan. Lamentablemente, el efecto es siempre el inverso, no importa cuanta buena voluntad impriman en la construcción de sofisticados modelos econométricos, simplemente no pueden lograr los resultados que buscan. El propio Keynes cometió el error de pensar que para "salvar" el capitalismo de una depresión era necesario proteger el consumo y no el ahorro, y que, además, la decisión debía correr por cuenta de un supra poder como el de los bancos centrales, no de los individuos a quienes les pertenecen aquellos recursos, que son finalmente quienes generan riqueza en cualquier país.