lunes, 22 de agosto de 2011

Las revoluciones faltantes de DIEGO AYO

Eduardo Campos Velasco
eduardocamposdc@yahoo.es

El "cambio integral" que nos plantea Ayo, las múltiples revoluciones que hacen falta encarar en el país, ese cambio "completo" que demanda, no es que se hayan postergado o descuidado - como él cree - son parte de esa revolución política que esta en curso y, eso que él llama, "errores del cambio verdadero", son en realidad, consustanciales a los propósitos políticos de los que dirigen el proceso.

Lo que Ayo llama "revolución económica versus capitalismo ilegal", se constituye en la base material (económica) del modelo de control político y social del gobierno. No es que se trata de un descuido, es más bien la estrategia para derrotar a las expresiones políticas que representan la economía productiva del país. La especulación financiera que en términos general, siempre es funcional a cualquier régimen de poder político, tiene en el MAS su principal aliado; tal y como lo fueron en su momento los gobiernos dictatoriales, los neoliberales y otros. Lo que pasa es que los especuladores del capital (los bancos) no se fijan de qué color político es el gobierno de turno, sino cuan dispuesto está este (el gobierno, el poder político) a compartir ganancias; ellos ganan dinero y los gobiernos, ganan poder y control o por lo menos estabilidad. Por otra parte, los especuladores financieros, saben que las dificultades en la gestión económica de un gobierno restrictivo (como el del MAS) depende en gran medida dela estabilidad económica, situación que la aprovechan para alcanzar acuerdos ventajosos a su favor.

Pero no son solo ellos los aliados económicos del gobierno. El contrabando y el narcotráfico, actividades ilegales que desestabilizan cualquier economía formal, le permiten al gobierno destruir la base productiva interna y generan círculos sociales de adhesión y clientelismo en torno al poder, permitiéndole además, desmontar las estructuras económico sociales formales, que en términos generales se adscriben a los postulados democráticos de un estado de derecho. Por esa vía, resulta muy fácil interpelar a los estratos vulnerables de la sociedad, haciéndoles ver que existen otros circuitos económicos controlados por ellos a los que pueden acceder, si reconocen el poder político que ellos representan. Todos sabemos que contrabandistas, cocaleros, narcotraficantes, especuladores, rubros informales de tráfico de mercancías y otros, se constituyen en la base social y política del gobierno y que gran parte de estos sectores, se han enriquecido notoriamente en estos últimos años. Entonces ¿como esperar que el gobierno reprima estas actividades, si son su base electoral? No es que el gobierno, descuide una lucha frontal contra estos sectores, lo que pasas es que son parte de su estrategia de poder.

Ayo, dice: "la revolución por los DD HH versus el capitalismo hiperconsumista. Lo primero, no es cierto que en Bolivia haya hiperconsumismo; esta es una caracterización forzada de la realidad. Pero más allá de esa inexactitud, lo que el llama "el deseo" de adquirir celulares, tetas de silicona y asistir a los mega cines, etc., etc., no es un síntoma negativo en si mismo y tampoco expresa una tendencia – como dice él – azuzada por un mayor ingreso de los ciudadanos. Que hayamos pasado de 900 $us. per capita, a 1.700 $us., resulta en términos generales, insuficiente para desatar esa tendencia. Solo como dato comparativo, la media sudamericana per capita está en los 7.000 $us., y no por ello los ciudadanos de otras latitudes del continente son hiperconusmistas.

Lo que el reclama como una necesaria regulación estatal ante el consumismo, no se resuelve con mayor intervención del estado, sino con una ampliación de las oportunidades para todos. Lo razonable, no es prohibir que la gente gaste su dinero en lo que se le ocurra; sino garantizar que la gran mayoría de la población tenga alternativas de generarse sus propios ingresos. No se puede igualar para abajo, se debe igualar para arriba. De lo contrario, diríamos que Ayo, nos está planteando la implementación de políticas de control parecidas a las aplicadas en Cuba o la ex URSS.

En todo caso, la revolución moral que Ayo nos reclama, no se logra con mayor control des estado, sino con mejores y mayores oportunidades para los ciudadanos, Es la base material la que puede sostener y solventar cambios cualitativos en la sociedad.
El tercer punto, referido a lo que él llama la revolución por la soberanía energética versus el capitalismo de estado o capitalismo transnacional, aborda de manera equivocada dos cosas. Por una parte, el rol del estado en las actividades productivas, incluidas las relacionadas con la generación de energía y, el papel de los capitales extranjeros en la dinámica económica del país. Una, la primera, hace del estado, el principal gestor del desarrollo y por lo tanto, ese rol en las actividades productivas no pude circunscribirse al monopolio de la producción.

Un estado "inteligente" deberá identificar en que actividades es prudente y beneficioso participar para el interés colectivo y en que otras debe facilitar el rol de la iniciativa privada. Particularmente en la generación de energía, factores como el capital y la tecnología resultan determinantes, motivo por el cual, no siempre la presencia monopólica del estado garantiza resultados beneficiosos.

En cuanto al rol de la inversión privada, particularmente la inversión extranjera directa, está fuera de toda duda que se trate de una acción de altruista o desinteresada. Allá donde invierten un dólar, esperan ganancias y de lo que se trata, es de encontrar los acuerdos beneficiosos para ambos intereses, el del estado y el de la inversión. No hacerlo así y optar por prescindir de esas inversiones, es sin duda el principal error del actual gobierno que pese a tener el control absoluto de toda la cadena de producción energética, no puede resolver la producción de la misma.

Ayo en el cuarto punto, nos plantea la contradicción entre una autentica revolución política, versus el peguismo de las organizaciones sociales, pretendiendo analizar y resolver por esa vía, la precariedad del sistema político del país. El señala que la agenda del país, es fuertemente condicionada por la cooperación internacional y, que el concurso de la sociedad civil en estos temas y otros, es débil e insuficiente, motivo por el cual, reclama una politización de los temas técnicos. Ambas conclusiones son inexactas y no abordan la crisis del sistema político del país.
Por una parte, un agenda de desarrollo de la sociedad boliviana, es algo que no será visualizada y menos resuelta de manera efectiva, por el accionar de los movimientos sociales. Atribuirles a los movimientos sociales la capacidad de orientar y dirigir las estrategias de desarrollo, es francamente mas un deseo que una alternativa. Las agendas que se construyen en las calles, como la de octubre negro del 2003, son más un conjunto de demandas que una estrategia de acción. La posibilidad cierta de dotarse de una agenda de desarrollo efectiva que resuelva los problemas de la sociedad, es una tarea eminentemente política. En ese sentido, lo que Ayo reclama: "una agenda proactiva" centrada en objetivos superiores, sólo es posible, en la medida que de manera colectiva se construya el proyecto político concertado de desarrollo, en el que imprescindiblemente deben expresarse los intereses y expectativas de los diversos actores sociales, políticos y económicos de la sociedad. Eso no se logra tan sólo escuchando y respondiendo las demandas de los sectores sociales, es algo más complejo que requiere la participación, fundamentalmente política, de los miembros del colectivo, mediante un pacto.

Por otra parte, cuando Ayo se preocupa por la excesiva injerencia de las agencias internacionales, no repara que eso de debe, precisamente a la inexistencia de un proyecto político concertado de desarrollo, situación que desnuda las limitaciones del propio texto constitucional aprobado de manera forzada. En términos generales, cualquier pacto logrado sin el consentimiento y aprobación de todos los miembros de un colectivo, acaba, como está sucediendo, en un acto que no se puede aplicar.

Por lo demás, la crisis del sistema político del país, esta fuertemente relacionada a la inexistencia de autenticas instituciones políticas (partidos) que expresen los intereses y expectativas de la sociedad. En la medida que los partidos políticos sean más agencias de empleos que comunidades científicas, generadores de ideas y propuestas, la representación política en Bolivia no superar el rol que hasta ahora viene cumpliendo. Es inadmisible una democracia efectiva, sin partidos políticos, como es inadmisible un partido que no genere ideas y propuestas. Mientras tanto, siempre será mas fácil "escuchar" las demandas de las calles y hacerlas programa.

En el quinto punto, Ayo nos plantea la contradicción entre revolución científica educativa, versus capitalismo militarista. En realidad se trata de una contradicción forzada que sin embargo nos ilustra lo equivocada que están las políticas públicas del actual gobierno. En un país en el que no se garantiza ni los alimentos de sus habitantes, se disponen ingentes recursos para "mejorar" la capacidad bélica del estado, es francamente patético.

Pero más allá de esta constatación, el tema de fondo no es educación versus fuerzas armadas. Ambas cosas son importantes y ambas debieran ser resueltas. Por una parte, la educación que por supuesto en una sociedad como la nuestra, requiere ser abordada de manera urgente y prioritaria, como una de las vías más efectivas para abandonar el subdesarrollo en el que nos encontramos, requiere no sólo de recursos, sino y fundamentalmente de ideas. Mientras se quiera hacer de la educación, un factor para ajustar cuentas con el pasado y no como debiera ser, un factor para aproximarnos a un futuro mejor, la educación, así como otras temáticas en el país, están siendo manipuladas con propósitos político-partidarios.

Algo similar pasa con las FF AA, que antes que responder a la defensa de la integridad nacional, están siendo utilizadas para defender la visión política ideológica del gobierno. Con más o menos recursos, FF AA al servicio del interés del partido político de turno, son FF AA que muy difícilmente cumplirán su rol institucional.

Finalmente, en las cinco temáticas que nos plantea Ayo, encontramos, por lo menos, mucha ingenuidad, sino un interés disimulado de maquilar los fracasos del famoso proceso de cambio que se implementa en nuestro país. En mi criterio, no es profundizando el proceso errado que está en curso que la sociedad boliviana va ha resolver sus problemas estructurales que la sumen en el subdesarrollo. Es cierto, tuvo y aún tiene mucho apoyo social, pero también es cada vez más evidente, que no nos conduce a nada. Diríamos, Bolivia ha pasado de un proceso "modernista" de los años 90, ha un proceso "populista" de los años 2000; ambas caras de una misma moneda, la frustración.