miércoles, 24 de agosto de 2011

los delicados compromisos del presidente.

Cynthia Perou Gutiérrez
cynthia_perou@hotmail.com

Durante el escabroso camino de ascenso al poder, todos los políticos asumen, tarde o temprano, compromisos con grupos de interés de diversa naturaleza, ya sea con sus inocentes electores ciudadanos o con aquellos inquietantes grupos de financiadores de campañas que a veces –como es lógico- reclaman posteriormente algunos beneficios sectarios.

Tratándose de un "proceso de cambio" uno podría llegar a pensar que estas cosas no suceden de la manera tradicional en la que aparecen en la política contemporánea, casi globalmente y con diversas intensidades; sin embargo, el caso del gobierno plurinacional no ha podido convertirse en una orgullosa excepción y es, en cambio, un patético caso de subordinación a intereses que lindan en la criminalidad. En efecto, no es secreto para nadie los enredados vínculos del régimen masista con Organizaciones No Gubernamentales de dudosos fines y objetivos y con el grupo fundamental en la indebida línea de producción de estupefacientes y sustancias controladas: los cocaleros.

Sobre el primer grupo, todos sabemos la cantidad ingente de poder que han adquirido ciertas ONG´s que oportunistamente decidieron dar apoyo político y financiero a los lujuriosos deseos de poder de Morales y García Linera. En recompensa, el régimen les ha otorgado, al menos al inicio de la gestión presidencial, amplios márgenes de poder que seguro hoy, aunque reacomodados, mantienen –si es que no han ampliado- esos espacios. Una gran parte del andamiaje ideológico del gobierno deviene de este vínculo, el otro, tal vez más importante, es extranjero.

En el caso de los cocaleros, las cosas son algo más complicadas puesto que no sólo han recibido espacios de poder (Servicio de Impuestos Nacionales, Ministerio de Justicia, entre otros) sino que además, el Presidente Morales no ha dejado de ser su dirigente y eso implica que además de representar al Estado, debe, por mandato de sus bases, representar los intereses de este grupo. Esto es, a todas luces un conflicto de intereses sólo comparable a los vínculos de la administración de George W. Bush y sus nefastos vínculos con la industria bélica y petrolera, que en una combinación catastrófica llevaron a ese país a la guerra con las consecuencias humanas y económicas que ya todos conocemos.

Las explicaciones del discurso sobre la soberanía y la dignidad nacional o las paranoides acusaciones conspirativas no alcanzan a explicar racionalmente los motivos de la expulsión de la DEA de nuestro país. En mi humilde opinión este fue, más bien, uno de los primeros compromisos electorales que el Presidente cumplió con sus bases cocaleras a quienes se debe o les debe. El caso del que hablo es emblemático y ejemplar para argumentar sobre el conflicto de intereses: es bueno para la lucha contra el narcotráfico, nuestros compromisos e imagen internacional o para el mismísimo TGN que la DEA haya dejado sus operaciones o es bueno para los cocaleros. La respuesta se cae de madura. ¿Actuó el Presidente del Estado velando por los legítimos intereses del pueblo de Bolivia? O más bien ¿fue un acto deliberado para "facilitar" las cosas a las Federaciones que él representa? La respuesta es escalofriante…

Pero demos al gobierno el inmerecido beneficio de la duda. Tal vez la expulsión de la DEA haya tenido fundamentos chauvinistas que a los alto peruanos nos encanta enarbolar. Entonces ¿por qué el exabrupto de abandonar nuestros compromisos asumidos hace décadas con la comunidad internacional de luchar contra el tráfico de drogas y abandonar los tratados de Viena sobre la materia? Déjenme decirles: compromisos con sus bases y Federaciones. El viejo e innecesario discurso sobre las potencialidades de la hoja de la coca terminó junto con la tristemente célebre administración de Paz Zamora y sus narco vínculos. Para mí, el asunto no ha cambiado más que en los actores que representan al Poder Público.

Ahora bien, en una evaluación superficial de la situación de estos delicados compromisos presidenciales, se puede decir que han sido todo un éxito. Las organizaciones criminales se han afincado cómodamente en nuestro país, los cocaleros y otros campesinos se han dedicado íntegramente a este negocio, dándonos la oportunidad de saborear frutas y hortalizas importadas de nuestros vecinos y las plantaciones de coca se han extendido inconmensurablemente en términos de consumo "tradicional".

En fin, la sombra del narcotráfico ha acompañado y, al parecer, seguirá acompañando muy de cerca los pasos de nuestro Mandatario y dirigente sindical cocalero. Es el caso del TIPNIS. Este asunto ya ha dejado traslucir los intereses de grupos vinculados a la plantación de hoja de coca ilegal que requieren de alguna infraestructura para abaratar costos, tal vez. Inclusive grupos dirigenciales originarios de los Ayoreos han denunciado esta situación. En cualquier caso, el Presidente ha demostrado una vez más su posición de dirigente cocalero y va a llevar a cabo esta obra vial por el TIPNIS porque este es otro de sus compromisos y si hay algún cambio en el diseño o si finalmente no se lleva a cabo el proyecto, será porque el grupo de federaciones que lo ha elegido para que represente sus intereses, así lo ha decidido; al final del día hay que preguntarnos: de toda la infraestructura vial que necesita este país, ¿por qué justo la del TIPNIS? La respuesta es otra vez obvia: compromisos políticos ajenos a nuestros intereses, a los intereses ciudadanos.

Por todo esto y por mucho más, en Octubre nuestro voto es NULO