martes, 27 de septiembre de 2011

Hagamos el amor

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

Todos esperan septiembre, por el significado de renacimiento que significa, se espera también la paz, el amor y la reconciliación. Significa también la primavera de los pueblos que luchan por su autodeterminación y liberación de las tiranías allende en oriente, es para nosotros la llegada de esperanza, sin embargo, debido a un desubicado Cupido que osó lanzar una flecha al rostro de un policía, se desató la ira de los dioses, que furibundos atacaron a quienes aman la naturaleza.

Revolucionarios de pura cepa, izquierdosos trasnochados, colonizadores interculturales, intelectuales, (colonialistas nomás) buscan un chivo expiatorio para el desmadre armado por una policía ineficaz y abusiva, saben ellos que Cupido es un niño y hay que darle, desde los ministerios se dio la orden de acabar con el sátiro del flechazo, un sátiro que sólo sabe unir parejas para hacer el amor en una naturaleza que de virgen no tiene nada.

Primavera de bronca, de llanto, de rabia, pero ya no de impotencia, despertar de muchos pueblos que ya no ven las máscaras, ven la realidad. Todos la vimos, madres corriendo por salvar su vida y lo más preciado de sus vidas, hombres, mujeres y niños huyendo al monte, esa selva que les protege, les da vida, que pretenden atravesarla con una carretera. Esa selva bloqueada por un manto verde (olivo), por otro manto con una consigna colonialista (¡A Dialogar Carajo!).

La marcha por la vida detenida por el desarrollismo, por los intereses de una potencia emergente más los intereses de una oligarquía floreciente, intereses siempre oscuros de capitales que paran en los bolsillos de unos y de otros, pero jamás en los pueblos indígenas que no entienden que hay otra mejor forma de vida, que no entienden que vivir bien es ver construir carreteras, ver comer pollo y beber coca cola, además viendo cómo los capitalistas se vuelven calvos y homosexuales. Porque los "hermanos" solo verán, el monte será intercultural, lo puro, lo bueno, sólo será recuerdo.

La historia se repite hasta el cansancio en todas partes, a los últimos pueblos en América del Norte se los arrinconaba y eliminaba porque venían armados hasta los dientes con arcos y flechas, pero, se los eliminaba con armas muchísimo más letales, armas de fuego. Sin embargo en el cine cuando veíamos las de Cow Boys, éstos eran los héroes, los más valientes. La historia nos contaba que los indios sacaban el cuero cabelludo a quienes intentaban dialogar, aquí al emisario se lo hace caminar y desata la ira.

Hoy ya no hay marcha, mañana no habrá indígenas, hoy la primavera despierta sin embargo a otros indios, los universitarios, esos que le gustaban a Violeta Parra, los que salen en defensa de la madre tierra, ya no solamente por sus intereses sectoriales, salen indignados por el abuso a sus hermanos en la selva. Los sindicatos ya no serán más genuflexos. A algunos les llega el flechazo y se les revuelven las hormonas, luego, presentan su renuncia, es la primavera, que nos altera completamente.

Es la maldita primavera para algunos, para otros una primavera de larga data que se trueca en invierno, para los revolucionarios a quienes inculcaron la disyuntiva de hacer el amor o hacer la revolución, no habrá más primaveras, pues solo se dedicaron a hacer la revolución, jamás aprendieron a hacer el amor, ese bien con mayúscula, que no sólo procrea, sino que une, que enlaza y es la fuerza motora dialéctica del cambio. Hoy la gente no se cansará de practicar el amor, hasta desterrar definitivamente el odio, la discriminación, el racismo y la guerra. Hoy todos hagamos el amor.