martes, 27 de septiembre de 2011

DESCRÉDITO

Pedro Portugal Mollinedo
pedro-portugal@periodicopukara.com

Pocos son los ejemplos de gobiernos que en un corto lapso adquieren supremacía, para luego hundirse en el descrédito. En Bolivia, la actual administración del MAS y de Evo Morales parece empeñada en incluirse en ese "cuadro de honor" de los fiascos políticos.

Dicen que el poder transforma; que su ejercicio transfigura a entusiastas idealistas en desencantados pragmáticos. En realidad, el poder de la realidad no transforma, sino que revela: Descubre las insuficiencias, desenmascara las imposturas, demuestra las superficialidades e improvisaciones. El MAS y Evo Morales eran, simplemente, lo que la aspiración de sus devotos pretendía que sean y lo que la magnitud de los problemas irresueltos en Bolivia exigía —y exige todavía— a quienes prometen el cambio y la transformación. El ejercicio del poder ha reducido al MAS y a Evo Morales a proporciones congruentes, modestas y delusorias.

Este desencanto no es súbito; el proceso que lo generó no fue inopinado. Sin embargo, muchos se resistieron a percibirlo. La fraseología encubridora ayudaba a ello, por ejemplo, cuando el poder se empeñaba en calificar como nacionalización a una simple readecuación de contratos y cuando se pugnaba, en líricas apologías, dar atributos refundadores a una deslucida y fallida Constituyente.

El descalabro fue inobjetable, sin embargo, cuando sucedió el fiasco del gasolinazo. No sirvió de nada la astucia criolla de escoger fechas desmovilizadoras para anunciar esa medida (antes de las fiestas de año nuevo 2011), ni la previa "concertación" con las burocracias sindicales obreras y del caciquismo campesino, y tampoco la movilización organizada de los cuadros y bases masistas. Pese a que Presidente y Vicepresidente declararon que la medida era irreversible, debieron retroceder y derogar ese decreto ante la movilización y protesta popular.

Más aciago es el desengaño del TIPNIS, pues no solamente señala el desdecir de un discurso asentado en que —según decía hace poco Evo Morales— "los derechos de la Madre Tierra están por encima de los Derechos del Hombre", sino que significa el desembarazo vergonzoso de una máscara indígena, lo que será fatal en sus consecuencias de legitimidad y trascendencia política. La legitimidad indígena de Evo y del MAS fue dilapidada en poses pachamamistas y discursiva ecológica perdonavidas y cuando tuvo que enfrentar lo real y práctico de la administración, del desarrollo y bienestar colectivo, el famoso suma qamaña se mostró simple fachada desarrollista.

El ataque de policías a la marcha indígena del TIPNIS queda registrada en la ignominia de heridos, indígenas detenidos, amordazados y maniatados; en los niños extraviados en el monte, para escapar de esa arremetida; en los heridos y en los muertos (un niño de meses y un anciano) que son denunciados por las víctimas indígenas. Evo Morales, con un quebranto y una fragilidad indigna de los altos designios con que se auto designaba, públicamente anuncia que él no ordenó ese ataque. No es posible dudar de la sinceridad del primer mandatario, pero esto no soluciona en nada su reputación mal parada: Si él no dio esa orden, significa que decisiones importantes son tomadas a sus espaldas. Es decir, la hablilla de que nuestro presidente es sólo figura decorativa y las decisiones son otros que la toman, es ratificada por las mismas declaraciones presidenciales.

Sin embargo, la presidenta del comité de marcha de los indígenas, Yenny Suárez, declaraba días antes de la agresión represora: "Queremos denunciar públicamente lo que el presidente Evo Morales está haciendo contra nosotros, los marchistas y los pueblos indígenas. Queremos decir a toda la población, para que sepa y se manifiesten nuestros hermanos donde se encuentran, que esta noche (14 de septiembre) los efectivos policiales quieren atacar a nosotros los marchistas. Queremos que todo el pueblo boliviano sepa cuál es la actitud del Presidente, porque nosotros estamos marchando por defender nuestro territorio, por hacer respetar nuestros derechos. Sepan que nos tienen como prisioneros en este momento, aquí en la comunidad de La Embocada".

Ella anunciaba el ataque policial para el 14 de septiembre; en realidad sucedió el domingo 25 del mismo mes. El descalabro del MAS tendrá más repercusiones, tanto internas como externas, que repercutirán en el abatimiento de esa formación política. Sin embargo, el declive de este gobierno no significa que las razones en las cuales asentaba su legitimidad sean falsas. Bolivia tiene congénitos males que impiden el pleno desarrollo de sus potencialidades y que son portadores de los males que todos conocemos y que se nos han vuelto banales por lo permanentes. En este período se han utilizado conceptos como descolonización sin poder nada descolonizar. La utilización demagógica de esas necesidades y la deformación conceptual de esos objetivos políticos ha hecho que quienes se opusieron al MAS (por oponerse justamente a esa formación política) bailen al ritmo que el poder imponía, asumiendo posiciones racistas y específicamente coloniales. Es cierto que habrá siempre una reacción, pero no es ella la que impulsa los logros de los pueblos. Es imperativo que la superación del MAS no signifique el retroceso hacia privilegios y desigualdades que deben ser sepultados, sino más el planteamiento de alternativas realmente descolonizadoras. Sólo de esta manera evitaremos retrocesos, estancamientos o falsificaciones. Sólo así impediremos que en el futuro se repita en este territorio la extrañeza que es causa de comentario mundial: que un falso indio pueda atacar a verdaderos indios, y ello con el telón de fondo de un supuesto "proceso de cambio".