lunes, 5 de septiembre de 2011

Mi encuentro con el "Puncu" Urku Pampa

Fabian Restivo
unfotografo@hotmail.com

El Puncu es un tipo simpático. Igual cuando lo veo trato de esquivarlo porque su verborragia sería capaz de interrumpir un terremoto. Suelo andar por la calle atento a su figura para esquivarlo. Figura que por otro lado se la distingue a cuadras: moreno, bajito, con el cabello negro y pajizo, una actitud eléctrica y una bolsa de aguayo que era de su bisabuelo, quechua como él, del que dice que no sólo heredó toda la información que guarda en su cabeza, sino también la compulsión por la lectura de las cosas mas inverosímiles. Habla tanto y tan rápido, que de verdad creo que el día que se muera, a la boca le van a tener que dar un tiro aparte.

Ayer en un descuido, me lo topé por sorpresa, me pidió un cigarro y arrancó sin más trámite:
"Antes de que llegaran teníamos música, y cosas maravillosas y feas. Pero nuestras. Teníamos justicia también. Quizá vista desde hoy, era brutal. Es posible. Aunque también quizá vista desde nuestros últimos cuarenta años de historia, ellos nos enseñaron a superarla. En brutalidad.

Resulta difícil ver a quinientos años de distancia…quien sabe…no se…

Españoles, ingleses, portugueses, aztecas, incas. Todos colonizadores. No importa si se los ve hoy desde la derecha o desde la izquierda. Cualquiera sabe cuales eran los colonizadores y cuales los colonizados. Lo saben los chichimecas, los argentinos, los bolivianos y los mapuches. La colonización fue un acto de violencia y de fe. O sea, con la cruz y con la espada, que fue lo que los colonizadores pusieron como adelanto. El resto lo financiamos nosotros, pagamos nuestro propio curso de suicidio, robo y brutalidad hacia nosotros. Colonización, pues... y junto con los pecados nos trajeron unos ruidos horribles, que ellos llamaban "música militar". Taratatán, ratataplan, chin tun chan. Una cosa espantosa que se gritaban sin ninguna melodía, mientras marchaban. Violenta, como su justicia. El dueño de la espada era el dueño de la justicia absoluta. Nosotros teníamos una justicia. Pero ellos impusieron la "justicia militar". Con esa justicia abusaban de nosotros, pero también se abusaban entre ellos. Y aprendimos. Si antes habíamos sido brutales, ahora somos implacables, perversos, crueles… no se…pero para imponernos la "justicia militar" traían un papel firmado por el rey español Carlos III, con el lacre de la corona. Las "reales ordenanzas para el régimen, disciplina, subordinación y servicios de sus Exércitos" sancionadas en San Lorenzo del Escorial el 22 de octubre de 1768. Se complementó con un decreto real el 9 de febrero de 1793, que estableció "el fuero militar en los Ejércitos de España y Ultramar", así juzgaban delitos cometidos por militares sólo en tribunales militares. Esas ordenanzas fueron compartidas por la iglesia católica. Allí completaba la cruz lo que hacía la espada. Está en el archivo de Las Indias Occidentales. Leí eso. Y eso no cambió. Después supimos que los curas se sentaban con los represores, pero bueno, nuestros libertadores militares fueron educados en países colonizadores, por eso no prestaron atención al detalle. Vivieron en guerra permanente y aquella herramienta que dejó Carlos III, les resultó práctica en sus campañas eternas, y al tener la espada les resultaba natural seguir las ordenanzas. Resulta difícil ver a doscientos años de distancia…quien sabe…no se… pero Simón Bolívar dijo "Nunca un congreso salvó a una república". Los ejércitos ordenaban, liberaban, guerreaban, hacían las leyes, las constituciones. Tenían el valor moral y el sacrificio por respaldo. Dejaron vidas cómodas y fortunas personales en la liberación. Cambiaron la historia heroicamente y muchos lo pagaron con su vida. Y cuando dieron por terminada la liberación, consideraron que eran los civiles quienes debían conducir el resto, y ellos se quedaron como parte de las repúblicas que habían construido.

Pasaron muchos años, y la cuestión militar de a poco, se transformó y en casi todos nuestros países se tomaron el poder con las armas. No olvidaron la brutalidad y la perversión aprendida, respaldada por la cedula-ordenanza del rey Carlos III de la "justicia militar". Decidieron que no todo podía cambiar en la historia y que era conveniente que algunas cosas quedaran como estaban. Y la colonización seguía. Sin ninguna explicación. Los militares podían tener comportamientos deshonrosos y delincuenciales, pero se juzgaban entre ellos con el argumento de "salvar la honra de la institución"…no se, no se…pero un día, comenzaron a aparecer noticias sobre conscriptos muertos, y el resultado era: murió en cumplimiento del deber. Pero no estábamos en guerra. A lo sumo las famosas guerras interiores, una forma de nombrar a los golpes de estado. Y se comenzó a hablar en algunos países, de crímenes comunes.

Una sola vez, en Argentina, en 1995, salió públicamente el Comandante en Jefe del Ejercito y dijo: "Es la hora de asumir las responsabilidades que correspondan. Sin eufemismos digo claramente: delinque quien vulnera la Constitución Nacional; delinque quien imparte órdenes inmorales; delinque quien cumple órdenes inmorales". Y entonces los delitos comunes fueron a tribunales comunes y listo, se acabó la discusión.
Ahora claro, la otra situación es la de ese tal Poma que mataron. El congreso dice que es un delito común, que atenta contra la vida que esta garantizada por la nueva constitución…no se…es una muerte cuando no estamos en guerra, y los militares de nuevo se respaldan en la cedula del rey, pero el comandante en jefe del ejército dice que ahora ellos son la garantía de la descolonizacion, pero la ordenanza del rey de 1768, sigue ahí…no se... es lógico que los militares quieran ser juzgados por la justicia militar. Ellos saben que la justicia militar es a la justicia, como la música militar a la música…no se…bueno, me voy que llego tarde…"

Todo esto me dijo de un solo tirón y casi sin tomar aire el "Puncu" Urku Pampa, anoche en El Prado, y por primera vez lo seguí con la mirada hasta que lo perdí de vista…eléctrico, bajito, con una bolsa de aguayo enorme.