lunes, 3 de octubre de 2011

Una crisis que es propia

Mauricio Ríos García
riosmauricio@yahoo.co

Desde que la cotización internacional del petróleo le ha permitido al actual gobierno triplicar el presupuesto de la época neoliberal, se sabe que su objetivo ha sido concentrar todo el poder eliminando todo vestigio de democracia republicana, pero desde el punto de vista económico está claro que no existe estrategia de largo plazo, apenas se sabe sobre algunas contradictorias tácticas de corto plazo orientadas al consumo. Pero lo más importante a destacar es que lo que el gobierno ha hecho durante seis años ha sido apostar a la suerte de que el precio del petróleo impulse el crecimiento económico, y ahora que la crisis internacional de 2008 viene a agravarse en 2011, los precios del gas caen y la suerte se le acaba, pero aún cree que las causas de una crisis nacional son del capitalismo y únicamente del extranjero.

Ante la caída de los precios internacionales del gas, la entelequia del Estado Plurinacional anunció que la política de mantener el ritmo expansivo del gasto desde 2006 se mantendrá, pero si quisiera ser más específico diría que la política de expansión es crediticia, dineraria y productiva, que se orquesta desde el Banco Central de Bolivia (BCB) en franca coordinación con el Gobierno, y que se constituye en la mayor amenaza para la estabilidad económica del país.

Para entender cómo funciona este proceso, detengámonos primero en las tasas de interés y la manera que en ellas influye la laxitud de las llamadas operaciones de mercado abierto, el principal mecanismo a través del cual se cree que las políticas de crecimiento económico han sido correctas: si contrariamente a lo que de manera tradicional se asume, las tasas de interés fuesen un fenómeno no monetario donde toda persona prefiere consumir en el presente antes que en el futuro, el gobierno y el BCB buscarían inducir a las personas a postergar su consumo para el futuro (ahorrar) asignándole un valor adicional al bien que consumirán para compensar la espera, es decir, incrementando las tasas de interés ante cualquier contingencia. No obstante, se ha estado haciendo exactamente lo contrario. Desde la promulgación del DS 21060 el ente emisor no puede fijar las tasas de interés directamente, pero sí puede influir en ellas mediante la cantidad de dinero disponible a través del mercado de capitales, y lo que ha ignorado junto con el gobierno es que ha terminado afectando toda la estructura productiva.

Aquella política artificial de dinero fácil y crédito barato (condición de préstamo sobre la cual las tasas de interés son inferiores a las que prevalecerían en condiciones de libre mercado) sería relativamente inocua si se la gastara en bienes de consumo o bienes de lujo, puesto que el dinero impactaría en el precio solamente de aquellos bienes. El problema viene cuando lo prestan. Cuando el empresario recibe ese préstamo recibe una señal de que tiene que invertirlo en un proyecto que va a madurar en un futuro más lejano, como si el sacrificio de ahorro real de los ciudadanos hubiera aumentado. Este proceso es el que bloquea la economía, los bancos conceden préstamos sin que nadie haya ahorrado previamente, induciendo errores sistemáticos de inversión empresarial.

Dicho de otra manera, no sólo se ha incentivado el consumo de todo el stock de capital de los años 90, sino que además se ha adelantado el consumo futuro, pero cuando llegue el momento en que los bienes capitales no hayan sido utilizados en producción para ser transformados en bienes de consumo y todos los medios de subsistencia hayan sido agotados, la estructura productiva que fue expandida por adelanto deberá contraerse generando pérdida, destrucción de capital y pobreza.

Actualmente la economía se encuentra todavía en una situación de sobre optimismo, un gran entusiasmo por parte del gobierno, empresarios y consumidores que pueden conseguirlo todo sin mayor esfuerzo, lo que en otra oportunidad habíamos llamado "inflacionismo pasivo". Presuponiendo que toda economía se sostiene en el gasto y no en el ahorro, gran parte de los ingresos está siendo destinado al consumo, disminuyendo toda posibilidad de hacer frente al momento en que la economía pudiera sufrir un período recesivo, ya sea como efecto de la recaída de la crisis internacional o como el colapso del crédito doméstico artificialmente en expansión.

Pero nada sería que siga el rol de cualquier banco central en el mundo, el BCB se ha convertido en un banco productivo que concede créditos selectivos y de manera directa no a personas individuales, sino a enormes empresas estatales corruptas y deficitarias, lo que revive el rol que jugaron aquellos bancos como el minero, agrícola, ganadero, etc. que también construyeron el preámbulo de la depresión de los años ochenta, una crisis que fue puesta en evidencia con la caída de los precios internacionales de las materias primas, pero que al igual que hoy en día, fue propia en toda su dimensión.