miércoles, 5 de octubre de 2011

VERDE MONTE, VERDE OLIVO

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

Monte adentro, se corre desesperadamente, asfixiados hombres, mujeres y niños no comprenden por qué ese gas tóxico les llega y se les mete en los pulmones, no llegan a entender por qué a algunos los agarran, los golpean a palos, patadas y puñetes, a otras las maniatan, las agarran de los brazos, jalan, les ponen cinta de embalaje en la boca. Niños que lloran, no saben dónde están, ni donde están sus padres, la violencia parece no tener fin, esa violencia de siglos, que pretende despojarles de su territorio y dignidad, esa violencia que ofrece desarrollo y felicidad (sin ellos, claro).

Quién es el dueño del garrote, ahora quién dio la orden, quién fue, no interesa, al final se sabe, todos saben. No nos hagamos los opas, sabemos que fuimos todos, que somos nosotros, quienes permitimos que se reproduzca este sistema de reproducción de la violencia, está genéticamente impregnada en nuestra naturaleza humana, somos bestias sedientas de sangre, porque no cambiamos, siempre estamos en proceso (de descomposición), aceptamos por los siglos de los siglos nuestra desgracia.

No nos hagamos, sabemos quiénes somos, sabemos que esta fuerza del orden responde a nuestros instintos atávicos, vivimos en una sociedad huérfana, que permite que los niños trabajen, que las adolescentes se prostituyan, que los ancianos sean desechos humanos, que la mujer siga siendo golpeada y maltratada por un machismo cavernario. Una sociedad alcoholizada al extremo y politizada hasta la saciedad. . Así de simple, nuestra permisividad manifiesta, está dando paso a una bronca latente.
Nos estamos cansando de ser como somos, de ser tan respetuosos de la institucionalidad, de ser ingenuos, de seguir creyendo, de seguir escuchando a voceros de uno y otro lado llevando agua a su molino. Ninguno dice lo que queremos escuchar, nadie dice que esta policía como está concebida y reproducida debe desaparecer, para dar paso a un nuevo organismo de seguridad del Estado, un organismo que sea autónomo y descentralizado, para que no esté en manos del poder de turno, deben ser los gobiernos autónomos departamentales más los municipios quienes se hagan cargo.

El Estado, como tal debe plantearse una reingeniería del uso y administración de la violencia, debe crear mecanismos para detectar las fallas en los mandos civiles, el Gobierno debe ser un ente de desarrollo organizacional que plante los cimientos de un nuevo ambiente y cultura de convivencia pacífica entre todos los bolivianos, ahí está la consulta ciudadana, el mandar obedeciendo, el vivir bien. Cosas que nos las creímos y ahora defendemos a capa y espada, asuntos que son nuestros, ya no del capricho de los capitales mandones de turno.
No nos creamos los supuestos amotinamientos, que no son más que confesión de culpa, la renuncia del comandante y sub comandante de la policía, no van a resolver nada, es solamente una cortina de humo para tapar la responsabilidad de todos los uniformados que actúan en la represión, sabemos que es imposible creer que alguien dio la orden diciendo que se golpee "suavemente" o "fuertemente". Esta no es una policía de términos medios, está sometida al poder político y la orden fue, ustedes resuelven este entuerto, como sea y pronto.

También pobres hombres, sometidos en sí mismos a la presión de un grupo de retaguardia cobarde que los azuza constantemente, sometidos por encima de todo por los intereses económicos de otros intereses, de otros capitales, transnacionales que quieren partir un pulmón que también es de ellos, porque son sus pulmones los que también aspiran esos gases en el monte, son esos gases lo que también los hace llorar de rabia e impotencia, son esos gases los que al fin desnudan la realidad de miseria en el monte verde y en el verde olivo.