sábado, 28 de enero de 2012

EL MITO NEOLIBERAL

Walter Reynaga Vasquez
(Extractado del libro: El Modo Social Libertario, 2010)
reynagavw@yahoo.es
http://social-libertario.blogspot.com

Siento que la madre-tierra se enoja, [ante el terremoto de Chile] son consecuencias de políticas neoliberales.
EVO MORALES

Uno de los argumentos que sostienen la ideología política hegemónica del momento parte de la idea de que el neoliberalismo fracasó en el país al no dar solución al atraso, la pobreza y la desigualdad. De donde concluyen el fracaso de la economía de mercado en el país y su definitiva inviabilidad. Lo que pone el escenario a disposición de los planteamientos de estatización de la economía y al gobierno como el único agente capaz de llevar al país hacia el desarrollo y la justicia social. Sin embargo, esta su verdad de consigna, da mucho para dudar y evaluar. Veamos.

En primer término, ¿qué propiamente se quiere decir con la palabra, neoliberalismo? De Wikipedia extraemos la siguiente explicación:

"Se usa con el fin de agrupar un conjunto de ideologías y teorías económicas que promueven el fortalecimiento de la economía nacional (macroeconomía) y su entrada en el proceso globalizador a través de incentivos empresariales que, según sus críticos, es susceptible de conducirse en beneficio de intereses políticos más que a la economía de mercado propiamente dicha.

Muchos economistas cuestionan el término neoliberalismo porque no corresponde a ninguna escuela bien definida, ni siquiera a un modo especial de describir o interpretar las actividades económicas (aunque probablemente sí de explicarlas). Se trata de un término más bien político o ideológico, frecuentemente usado por los medios de comunicación y por algunos intelectuales"

Sin embargo, el mismo artículo da cuenta de lo esencial del neoliberalismo en los siguientes términos:

"Políticas monetarias restrictivas: Aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero. Con ello disminuye la inflación y se reduce el riesgo de una devaluación. No obstante con ello se inhibe el crecimiento económico ya que se disminuye el flujo de exportaciones y se perpetúa el nivel de deuda interna y externa denominada en monedas extranjeras. Así mismo, se evitan los llamados ciclos del mercado.

Políticas fiscales restrictivas: Aumentar los impuestos sobre el consumo y reducir los impuestos sobre la producción y la renta; eliminar regímenes especiales; disminuir el gasto público. Con ello se supone que se incentiva la inversión, se sanean las finanzas públicas y se fortalece la efectividad del Estado. No obstante no se distingue entre los niveles de ingreso de los contribuyentes, donde unos puede pagar más impuestos que otros, y se grava a las mayorías mientras que se exime a las minorías, deprimiéndose así la demanda, si bien se busca apoyar la oferta, buscando el bienestar de toda la sociedad. Tampoco se reconoce que el gasto público es necesario, tanto para el crecimiento como para el desarrollo (comparar históricamente ejemplos de países industrializados); para la protección de sectores vulnerables de la economía y la población; y para la estabilidad social y económica en general.

Liberalización: Tanto la liberalización para el comercio como para las inversiones se supone que incentivan tanto el crecimiento como la distribución de la riqueza, al permitir:

1. una participación más amplia de agentes en el mercado (sin monopolios u oligopolios),

2. la generación de economías de escala (mayor productividad),

3. el aprovechamiento de ventajas competitivas relativas (mano de obra barata, por ejemplo),

4. el abaratamiento de bienes y servicios (al reducirse costos de transportación y del proteccionismo), y

5. el aumento en los niveles de consumo y el bienestar derivado de ello (en general aumento de la oferta y la demanda en un contexto de «libre» mercado, con situaciones de equilibrio y utilidades marginales).

Privatización: Se considera que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de la generación de riqueza.

Desregulación: Se considera que demasiadas reglas y leyes inhiben la actividad económica y que su reducción a un mínimo necesario (sobre todo la garantización del régimen de propiedad y de la seguridad) propician un mayor dinamismo de los agentes económicos."

El llamado Consenso de Washington, redactado por Williamson, habla de 10 puntos coincidentes, que recomienda seguir . Veamos, con este documento, que fue y qué resultó en la práctica del neoliberalismo en Bolivia. Para el efecto vamos a extender el periodo neoliberal a lo ocurrido entre el Decreto Supremo 21060 (1985) y el año 2005, antes de la toma del poder por Evo Morales:

1. Políticas monetarias restrictivas. Se aplicaron y mantuvieron. Y se mantiene con el gobierno antineoliberal de Morales. Una política prudente mediante el sistema de flotación sucia y restricción monetaria a cargo del Banco Central, que combina criterios de mercado y políticas de gobierno.

2. Políticas fiscales restrictivas. Luego del Decreto 21060 se hizo una reforma impositiva que tiene pautas en esta recomendación neoliberal (fue en el gobierno de Víctor Paz, 1985-1989). Pero, Sánchez de Losada, en su primer periodo de gobierno (1993-1997) desarrolla una política populista de redistribución en la que se inscriben el Bono Sol y el Seguro Universal Materno Infantil sumados al crecimiento de la burocracia pública que rompe con la línea recomendada por el Consenso de Washington: la de combatir el déficit fiscal reduciendo gastos antes que aumentando la carga impositiva. Así es como Sánchez de Losada, ante el recrudecimiento del déficit (en su segundo gobierno, 2002-2003) aplica un impuesto al salario, por recomendación del FMI, según se decía, para generarle mayores ingresos al fisco. Un afán frustrado por la reacción y la protesta popular, con la policía amotinada enfrentada al ejército y saldo de varias víctimas fatales. El 2004, otro gobierno del periodo neoliberal, Carlos Mesa, decreta un nuevo impuesto, el de las Transacciones Financieras, que incrementa la carga impositiva. Años antes se había subido ya el impuesto a las transacciones.

3. Liberalización. El Decreto 21060 (1985) rescata varias de las funciones del mercado, venidas a menos desde los gobiernos de la Revolución de 1952 y el de la UDP, como la libre contratación y despido de personal, tasas de interés financiero libres, libre importación y exportación (con tasas uniformadas y disminuidas), liberalización de los precios dentro del país y el rechazo al monopolio. En ese marco de disuelven varias empresas estatales como la CBF, ENTA, COMIBOL… Y, se abre la economía a la inversión extranjera directa. Pero, aún así, y a contrapelo el mismo instrumento legal se limita la acción del mercado fijando un salario mínimo, tarifas negociadas con los municipios para el transporte en las ciudades, precios de la energía eléctrica a los que se les fijan topes, se determinan tarifas ferroviarias en manos de la empresa estatal ENFE, lo mismo que las tarifas telefónicas (negociadas con los municipios). Se le cede a ENTEL privilegios monopólicos y se mantiene la representación laboral en el directorio de YPFB… En el mismo periodo neoliberal (1999), se asume la política estatal de fijar los precios de los carburantes, que persiste hasta hoy, con una enorme subvención para cubrir un creciente desfase con los precios de mercado. Muy luego de la aplicación del Decreto (el 21060), los gobernantes viran y en dirección contraria en retroceso hacia las viejas formas de intervención. Como indica la relación PGN-PIB, que torna a incrementarse. Y es que los políticos ceden casi nada en cuanto al crecimiento de la burocracia pública, que se multiplica sin medida fomentada por la Participación Popular y la Descentralización Administrativa sumados al creciente personal contratado para la educación, salud, seguridad ciudadana, defensa nacional, justicia, etc. Escenario donde cuentan también los planes de fomento crediticio a la industria nacional y la agropecuaria. Pero es más, porque Sánchez de Losada, por medio de la Ley INRA (1996) limita el derecho de propiedad sobre la tierra en desmedro de la gran mayoría de los campesinos aymaras y quechuas prohibiéndoles la posibilidad de dar su tierra como garantía de créditos, o hipoteca. A la vez que fomenta la colectivización de la tierra mediante la titulación comunitaria, las TCO, en desmedro del derecho individual de propiedad como en desmedro del derecho de propiedad del pueblo indígena al que se le niega la potestad de enajenar o hipotecar su propiedad ¡Vaya con el neoliberal de Sánchez de Losada! Qué tal… Entonces, resulta en los hechos que la llamada fase neoliberal no es propiamente liberal, ni corresponde a una economía de libre mercado. De hecho, no pasa de ser un intento de liberalización, notoriamente restringido y sesgado.

4. Privatización. Que se traduce en "capitalización", como forma hibrida que deja en manos del estado el 49% de las acciones de las empresas capitalizadas y el 51% en manos de las empresas capitalizadoras. Generando una situación sui géneris, cuando a sola firma y promesa de inversión, el estado boliviano entrega nuestras mayores empresas estatales a manos privadas a precios sospechosos de corrupción. De donde entre otras cosas, resulta el saqueo del LAB por su misma empresa capitalizadora, la brasileña VASP, sea por urgencias financieras o por ver que más rentable le era saquearla que obtener utilidades mediante las operaciones de la empresa. De nuevo, sobre la recomendación neoliberal, se impone la tradición populista y el habitual manejo irresponsable del patrimonio público, por las autoridades del MNR. Partido que a través del Bono Sol (financiado con las presuntas utilidades de las empresas capitalizadas) cree asegurarse en el poder con el apoyo electoral de los ancianos beneficiarios del mismo. En esa misma línea, se asume la figura de darnos a los ciudadanos bolivianos la propiedad del 49% de acciones de las empresas capitalizadas, a la vez que con astucia se cuida de no entregar al ciudadano ningún documento que confirme su derecho. Situación que luego es aprovechada por el gobierno de Morales para arrebatarnos este 49% de acciones –de donde mejor sería decir estatización que nacionalización, porque los bolivianos ya éramos titulares de esas acciones--. Con lo que el gobierno vuelve a tener pleno control de la empresa. Un despojo a la luz del día, que no tuvo la virtud de despertar protesta alguna de la ciudadanía. Un ejemplo de estupor provocado por la intoxicación ideológica de la que hablamos.

5. Desregulación. De esto sólo se tiene las medidas del Decreto 21060. Porque luego, ya desde el gobierno de Paz Zamora (1989-1993) se avanza en sentido contrario, siguiendo la inercia intervencionista.

6. Derechos de propiedad. Se sigue una línea de sustentación de este derecho, aunque no se logra contener el acoso a la propiedad rural por organizaciones de activistas como los Sin Tierra, los Sin Techo... y la limitación del derecho de propiedad de la tierra al campesinado indígena.

Una de las características, determinantes, de la aplicación de las políticas neoliberales deriva de haber estado en manos de gobiernos liderados por políticos populistas de vieja prosapia izquierdista, como Paz Estenssoro, Paz Zamora o gente adscrita a la idea de que sólo el estado podía manejar la economía racionalmente, como los populistas de derecha Banzer y Quiroga o los de su ala de izquierda, como Carlos Mesa. Personas de las que se puede pensar que por inercia e intencionalidad estaban lejos de conducir adecuadamente políticas de este corte, poco conocidas como ideológicamente despreciadas por ellos. El presidente Carlos Mesa Gisbert se defendía ante una pregunta de si su gobierno era neoliberal, en los siguientes términos:

"¿Neoliberal el triunfante Referéndum de hidrocarburos que recuperó la propiedad de estos para el Estado, refundó YPFB y que permitió incrementar los impuestos sobre las petroleras de un 27% a un 53%? ¿Neoliberal impulsar las ferias a la inversa y el compro boliviano? […] Pero lo que es absurdo es calificar de neoliberal la Participación Popular…"

Sin embargo, el D.S. 21060 logró enmendar la economía del país en la medida en que puso en acción al mercado (aunque no pudo encaminarla al desarrollo). Economía que para entonces, como producto de la política populista del gobierno de la UDP, estaba en similar condición a la de un enfermo terminal, como muestra un artículo de Armando Méndez:

"Un anterior gobierno, populista y de izquierda, presidido por Hernán Siles Zuazo había generalizado la política del control de precios, razón por la que lo habitual era la presencia de los mercados negros para todo tipo de bienes. El manejo del tipo de cambio era completamente irracional y con venta de divisas sólo a los 'amigos' del gobierno. Había prohibiciones para las importaciones. Un sistema arancelario irracional y con tasas que superaban el 100 por ciento. El sistema impositivo era un desastre. Se dice que había más de 400 impuestos, sin embargo, la presión tributaria había caído hasta representar sólo el uno por ciento del PIB. En los hechos no había recaudación de impuestos para sufragar el voluminoso y creciente gasto público, por lo que este se financiaba con créditos diarios que el Banco Central abonaba a las cuentas fiscales del Tesoro General de la Nación. La consecuencia de esa irracionalidad monetaria fue la hiperinflación de precios y del tipo de cambio. La banca prácticamente había colapsado porque los créditos otorgados se habían desvalorizado completamente.

El DS 21060 eliminó el control de precios y como por arte de magia los mercados restablecieron la venta de productos, los mismos que antes carecían de todo. Se dispuso la libre actividad económica, libre importación y exportación. Se reconoció el derecho de la banca de otorgar créditos a tasas de interés libremente pactadas. El Banco Central pasó a ser responsable de la determinación del tipo de cambio; los exportadores recomenzaron a entregarle sus divisas, las mismas que luego se utilizaron para realizar las necesarias importaciones, promoviendo el normal funcionamiento de todas las actividades económicas. Se creó un impuesto a los hidrocarburos el mismo que se convirtió en la principal fuente del financiamiento del imprescindible gasto público. Se tuvo que disminuir el gasto en inversión pública ya que los créditos del Banco Mundial y de otras entidades internacionales se restringieron para Bolivia, luego se reactivó cuando se normalizó el financiamiento externo.

El DS 21060 dispuso también el reordenamiento de las empresas públicas y su descentralización, el cumplimiento de la Ley del Trabajo, el inicio de la reforma fiscal y de la reforma monetaria; todo aquello con el propósito de eliminar las causas que estaban generando la hiperinflación y la depresión económica. Dos años más tarde la hiperinflación desapareció y el país reinició el crecimiento económico."

Entonces, la tesis de que en Bolivia se ha experimentado ya la economía de libre mercado, con el neoliberalismo, no es sostenible. La experiencia no pasó de una caricatura. Además, como bien dice Armando Méndez, el Consenso de Washington no condice precisamente con la preeminencia total del mercado como plantea el liberalismo:

"Los detractores del Consenso de Washington lo acusan de ser el Consenso Neoliberal, sin informarse que su propulsor John Williamson no se identifica con el neoliberalismo. Ideológicamente se podría suponer que él es un social demócrata. El dijo: existe un número muy destacado de doctrinas neoliberales que conspicuamente están ausentes de mi lista: monetarismo, las bajas tasas impositivas que defienden los partidarios de la economía de la oferta, el estado mínimo que evade cualquier responsabilidad en corregir la distribución del ingreso o la internalización de las externalidades, y la libertad total en los movimientos de capital."

Ricardo Valenzuela, desde Venezuela, sobre este tipo de confusiones en torno al mentado neoliberalismo, dice esto que es esclarecedor en cuanto al pernicioso rol del gobierno en la economía moderna capitalista y sus graves problemas:

"Lo que los señores intelectuales identifican como las agresiones globales del neoliberalismo, es solo un sistema controlado e intervenido, por los gobiernos y sus acólitos, al cual los verdaderos mercados libres están desmantelando. Es el sistema en el cual durante años el Estado ha definido quienes son los ganadores y los perdedores, los premiados y los desposeídos. Son los mercados aprisionados en el mismo traje por muchos años, ahora el chico (el mercado) ha crecido, ya no le queda el traje, lo está rompiendo por todos los ángulos. Son los mercados calificando el capitalismo CRONY de Japón, el capitalismo familiar y corrupto de Indonesia, el capitalismo gansteril de Rusia, el capitalismo tropical y corrupto de toda América Latina, el capitalismo del narcotráfico en Sudamérica, el capitalismo revolucionario de México y el Chapo Guzmán.
[…]
Lo que nuestros amigos intelectuales llaman neoliberalismo, es lo que Adam Smith conoció como Monarquía o feudalismo, es decir, el Rey y sus señores feudales repartiéndose la riqueza, las propiedades, los negocios, las concesiones, los territorios de las colonias. Cerrando los mercados a la competencia para que los señores feudales pudieran seguir exprimiendo a los 'súbditos' con sus monopolios, oligopolios etc. Es la economía de la edad media o de la época colonial en la Nueva España, afinada con computadoras, jets ejecutivos, guardaespaldas y apartamentos en Park Av. en Nueva York. Eso sí, una gran retórica de su amor por los mercados y el neoliberalismo."

Una vez más el discurso, la ideología declarada y el rótulo como recursos de disimulo y ocultamiento del verdadero y real afán. ¿Cómo podía haber sido una economía de mercado, lo hecho a título de neoliberalismo, cuando gran parte de la población continúa pendiente o o entorno del PGN? Lo cierto es que, en los hechos la llamada fase neoliberal no tocó las estructuras del colonialismo interno. Lo que explica su esmirriado desempeño económico, al margen de condiciones en la economía global mucho menos propicias que las que empezaron a darse desde el 2004. Algo que habíamos previsto en nuestro texto de interpelación al Ejecutivo por el D.S. 21060 (Cámara de Diputados, septiembre de 1985) .

De hecho, tanto en la etapa neoliberal como en la actual el país continúa soportando formas de economía feudal, en buena medida. Aquí todo espacio de poder y representación estatal o social se hace feudo de una elite de dirigentes, sucede con los sindicatos obreros, los transportistas, con los artesanos, los comerciantes minoristas, los canillitas, hadoqueros y hasta los limosneros organizados en sindicatos encargados de cuidar supuestos derechos de explotación de espacios públicos, representación, servicios... Organizaciones y elites con "derechos" monopólicos socapados por el estado. Es por ahí que están las condiciones fundamentales de la realidad del país.