jueves, 2 de febrero de 2012

EL SELLO PROPIO DE LOS BOLIVIANOS: "Todo a último momento"

José Pastén Burgoa
pastenburgoa@hotmail.com

No se trata de dar palo a los connacionales ni menguar nuestra latente autoestima. Posiblemente algún lector levantará la bandera de la no discriminación y dirá que es una afrenta a la nacionalidad o cosas por el estilo. Rompiendo susceptibilidades traigo a colación algunos pasajes de nuestra vida cotidiana que nos enseñan cómo, nosotros los bolivianos, dejamos todo para el último momento.

Si de viajar se trata, siempre llegamos tarde tirando nuestras maletas, jalando a nuestros hijos, buscando los pasajes metidos quien sabe donde. No todos pero si la mayoría. Lo de puntualidad inglesa…puro cuento. La hora boliviana…Presente. ¿Que nos pasará que en puntualidad y fútbol no somos precisamente un dechado de virtudes?.

Si deseamos una nueva cédula de identidad tenemos que hacer el trámite justo en víspera de inicio de inscripciones escolares castigándonos en largas filas que incluye dormida y amanecida con el riesgo de convertir al celibato o la fidelidad a la pareja en un canto de ciudad como dice Daniela Mercury.

Y el SOAT qué? Nada. Hay que comprarlo el último día del año y buscar algún puesto de venta todo por dejar para el último momento. Y ahora…lo reciente, inspección técnica vehicular y por supuesto hay que incomodarse ante la amenaza de una cobranza adicional como multa bien ganada por nuestra irresponsabilidad, amen de unos quintos para la soda o el pollo de quienes se encargan de dicha revisión.
Y así por el estilo, tenemos esa mala costumbre de improvisar, dejar todo al viento a que "salga lo que salga" y eso nos hace daño, nos convierte en aventureros de la vida, desordenados, mal vistos y con un camino sin retorno rumbo a la mediocridad. Acaso planificar una actividad, llegar a tiempo, tomarse con tranquilidad haciéndolo bien es una obra titánica?.

Debemos ser inflexibles, drásticos, severos, incólumes para exigir responsabilidad, puntualidad, seriedad. Debemos combatir la improvisación que nos lleva a esas letras convertidas en libro por José Ingenieros. Sin ir muy lejos, miles de bolivianos estamos acostumbrados a llegar siempre tarde y como simple respuesta o excusa mostramos una sonrisa mal encajada haciéndonos los maestros o las inocentes palomitas. Parecemos a las autoridades principales que en todo acto se caracterizan por llegar una hora mas tarde o no llegar y mandar a un representante dejando a los asistentes con un aliento sabor a poco.

Este artículo debería ser remitido a los portales para su publicación, la semana anterior pero como buen boliviano deje pasar el tiempo con el riesgo que la siempre lúcidad actitud de sus administradores no vean ni lean con buenos ojos estas líneas que son un grito a la impunidad personal.

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