martes, 14 de febrero de 2012

LA UNIDAD DE LAS FUERZAS DEMOCRATICAS DEL PAIS

Eduardo Campos Velasco
eduardocamposdc@yahoo.es

La unidad de las fuerzas democráticas del país es imprescindible para frenar los atropellos autoritarios del gobierno y construir un futuro de bienestar para todos.

Los constantes y sistemáticos atropellos del gobierno a derechos individuales y colectivos de los bolivianos, no podrán ser frenados sino con la acción unitaria y coherente de las fuerzas democráticas del país. Esta es la vía por la cual la sociedad boliviana, puede defender y reponer elementales derechos fundamentales que paulatinamente se ven vulnerados.

Este año, Bolivia se apresta a cumplir el 30 aniversario de la recuperación de la democracia (10 de octubre de 1982), momento en el que los bolivianos decidieron desterrar a los regímenes totalitarios que tanto daño le ocasionaron. Fue sin duda, la acción unitaria la que posibilito la derrota de las dictaduras y la que inauguro el nuevo ciclo democrático que vivimos - el que hoy - se ve amenazado por las acciones desmedidas y autoritarias del gobierno.

Se gobierna – dicen – "obedeciendo al pueblo" y se hace todo lo contrario. Se utiliza a los sectores más desposeídos de la sociedad boliviana para ganar elecciones y se los abandona y defenestra, cuando reclaman por sus justas reivindicaciones; ahí están los discapacitados, los indígenas del Isiboro Secure. La ciudadanía boliviana es testigo vivencial de los tantos atropellos y acciones abusivas que toma el gobierno para imponer sus criterios y caprichos, no hace falta referirse a cada una de ellas para concluir que lo que estamos viviendo, francamente no puede denominarse democracia; pero además, es inadmisible que siendo beneficiarios directos del proceso democrático que le costo tanto dolor y sangre a los bolivianos, hoy se constituyan en sus principales detractores.

En los últimos días, la aprobación de la ley 222 (de la consulta previa), es ilustrativa de cómo se "borra con el codo, lo que se escribe con la mano" Ayer, enarbolaban la defensa de la madre tierra, los derecho de los pueblos indígenas, para ganar elecciones; hoy atropellan y desconocen ambos derechos y privilegian intereses mezquinos, sectareos e incluso delictivo asociados al cultivo de coca.

El gobierno, paulatinamente abandona todos aquellos ofrecimientos con los que obtuvo el respaldo de la ciudadanía e irreflexivamente se dispone a implementar en el país, un conjunto de medidas que francamente hacen palidecer a las asumidas por los gobierno neoliberales. El gasolinazo frustrado y la construcción de la carretera por el medio del TIPNIS, son una prueba contundente de los cambios del proceso de cambio.

En esas condiciones, los bolivianos estamos obligados a tomar conciencia no sólo de la coyuntura, sino y fundamentalmente los restos históricos que tenemos como sociedad. Bolivia, aún no ha superado un conjunto de problemas estructurales que la sitúan como una de las sociedades más deprimidas de la región y el mundo. El famoso proceso de cambio, en el que una gran mayoría de los bolivianos confió, no ha servido sino para encaramar a nuevas elites que lejos de modificar el rumbo de los acontecimientos que nos sitúan como una sociedad precaria, hoy es utilizado para perpetuarse en el poder.

Bolivia es pocos años más - el 2025 - cumplirá 200 años de vida independiente, tiempo en el cual, comparativamente con los estados vecinos, nos encontramos en una evidente desventaja. Pobreza, desigualdad, baja producción y productividad y, una lejanía del mundo desarrollado, son retos no resueltos que deben constituirse en prioridad de la agenda nacional de cualquier gobierno de turno.

En ese contexto (coyuntural e histórico) Bolivia requiere de nuevos consensos que le permitan superar esa falta de claridad en las metas que se plantea como sociedad, en la falta de prioridades que debe encarar y, sobre todo, en las estrategias, métodos y modelos para alcanzar resultados concretos.

Aprender de las lecciones del pasado y reaccionar a los estímulos que nos plantea el futuro, resultan fundamentales para aproximarnos con posibilidades de éxito al desarrollo. Superar las malas practicas, dar continuidad a las buenas experiencias y, hacer todo aquello que no se ha hacho para resolver nuestras deficiencias, debieran guiar nuestros compromisos de una agenda nacional para el futuro.

La sociedad boliviana, requiere del concurso de todas sus fuerzas democráticas, no sólo para frenar los atropellos autoritarios del gobierno, sino y sobre todo, para construir un futuro de bienestar.