lunes, 12 de marzo de 2012

LA LEY DEL INTERÉS PERSONAL

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Alberto Bonadona, continuando su reflexión crítica sobre lo que es una economía de mercado, escribió dos interesantes artículos titulados: "La lógica del propio interés" y "La moral del mercado". En el primero recuerda el planteamiento de Adam Smith, que le permite concluir acertadamente que "el propio interés creó imperios industriales y financieros y todavía lo sigue haciendo en el capitalismo moderno". En el segundo, me interpreta mal. Mi aclaración, los valores del protestantismo, hoy, son los principios de la buena educación, no es que la educación esté bajo la tutela religiosa. También hace una afirmación extrema: "el mercado por naturaleza es salvaje, elemental, darwiniano, brutal, inmisericorde con resultados negativos o positivos dependiendo del momento histórico". Esto se puede interpretar como que en la antigüedad el mercado dio resultados positivos pero en la modernidad tiene resultados negativos. ¿Porque antes no estaba concentrada la riqueza y ahora lo está? En verdad, antes no había riqueza si comparamos con la que ahora hay. Y la poca que había estaba concentrada en pocos. El 98 por ciento de la población era pobre. Es cierto que detrás de la quimera de la ideología socialista están estos prejuicios.

En el primer artículo, Bonadona destaca que siempre en la vida existieron pillos y, es cierto, que los apetitos del enriquecimiento rápido de alguna gente engendran "lores del narcotráfico y príncipes de la estafa en la bolsa de valores", pero no dice que estos comportamientos se califican como delincuenciales, que en toda sociedad organizada moderna son actitudes prohibidas. La eliminación del crimen es una profunda aspiración en la modernidad, y todos los gobiernos tratan, de una manera u otra, impedir su expansión. Concluir, a partir de esa sesgada visión, que el capitalismo es la historia de las "redes de mafias" porque, en la concepción smithiana, "no hay prójimo por quién preocuparse, ni religión ni familia", considero una errada interpretación del pensamiento de Smith, quién dice que lo que mueve el mundo son los intereses personales.

En su libro "Teoría de los sentimientos morales", Adam Smith, se refiere a las motivaciones que están presentes en las personas y que son las siguientes: el deseo de libertad, el sentido de propiedad, el hábito del trabajo, la tendencia al intercambio, el egoísmo, la benevolencia y la conmiseración, inclinaciones que se manifiestan en una economía de mercado y que conducen a la armonía social. Smith, identifica egoísmo con interés personal, por lo que es una actitud positiva y no negativa, como sería la inclinación del hombre a delinquir, por ejemplo. Por tanto, debemos concluir que el delinquir no es un rasgo natural que caracteriza a los humanos, y menos aún que sea el "capitalismo" el que incentive la delincuencia. Delinquir es la excepción, no la regla. También habría que incluir otro tipo de motivaciones como el de la competencia, el ahorro, el conocimiento, la búsqueda del triunfo y de reconocimiento, que están presentes en los mercados.

No hay que olvidar que Adam Smith se dedicó al estudio del comportamiento moral del hombre, lo que le permitió llegar a la conclusión de que eran los intereses de las personas los que movía a la gente para hacer algo, y que esto es bueno, bajo el entendido de que se trata de intereses legítimos.

Para la gente en general, la palabra egoísmo tiene una connotación negativa por lo que hay que gente que rechaza la búsqueda del interés individual como valor positivo, sin embargo, ya Jesucristo tenía claro este hecho cuando predicó: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". En mi opinión, el que mejor ejemplifica el interés individual es Milton Friedman, quién dice: "El científico que intenta ensanchar las fronteras de su disciplina, el misionero que se esfuerza por convertir a los infieles a la verdadera fe, el filántropo que trata de aliviar los sufrimientos del necesitado, todos ellos procuran colmar su interés personal de acuerdo con sus propios valores." Por esta razón es que unos son industriales y comerciantes y otros son sacerdotes.

Por tanto, el interés que expresan las personas no sólo es el económico sino también de otra índole y que está en relación con los valores que profesan. Un comerciante o un banquero no tienen los mismos valores que la Madre Teresa de Calcuta. Y cuando nos referimos a la actividad económica en una economía de mercado, debemos destacar que aquí lo que interesa es obtener el mayor ingreso posible con el menor costo, en un ambiente de competencia, dadas todas las restricciones técnicas y de precios, así como también las morales. Economía de mercado no significa que se puede hacer lo que a uno le da la gana. Siempre están presentes las restricciones.

La concepción moral del hombre y la concepción del mercado como un hecho natural, llevó a Adam Smith, en lo económico, apoyar la libertad comercial, tan bloqueada en sus tiempos por las barreras comerciales del proteccionismo político impuestos por los estados nacionales. Lo que se necesita –según Smith- es un sistema económico que canalice positivamente los intereses personales y ese no es otro que una economía de mercado libre, abierta y competitiva. En este sistema se deja a la gente a buscar sus propios intereses y, de esta manera, los individuos promueven los intereses de la sociedad "de una manera más efectiva que si estos estuvieran en sus designios". Ningún individuo participaría libremente en un intercambio sabiendo que terminaría en peor situación que antes. En el comercio las partes ganan.

Smith también se percató que los intereses personales son los que también impiden el desarrollo libre de los mercados, porque hay la tendencia de buscar el privilegio. El dijo: "Esperar que en Gran Bretaña se establezca en seguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Utopía. Se oponen a ello, de una manera irresistible, no sólo los prejuicios del público, sino los intereses privados de muchos individuos". Cuan acertado estuvo Smith, ya hace más de 200 años, con respecto a los países europeos y cuan acertado está hoy si nos referimos a lo que piensan las elites en Bolivia.

Precisamente, son los intereses privados que se imponen sobre los gobiernos de los estados para imponer políticas que directamente les favorecen, en desmedro de otros, más de las veces adornadas con el discurso populista de empresarios que dicen que su objetivo es defender la industria nacional y así dar empleo a la gente, cuando lo que buscan es el amparo del estado para ganar más de lo que obtendrían si estuviesen sujetos a la competencia internacional y al comercio verdaderamente libre.

Lo natural en la vida en sociedad es el conflicto de intereses. Todo oferente quiere el precio más alto de lo que ofrece y toda demandante lo contrario. Sin embargo, estos conflictos se resuelven pacíficamente en los mercados. No cómo en la política, que muchas veces los conflictos de intereses llevan a la guerra.

Sin embargo, el orden natural, que es la economía de mercado, de manera libre o distorsionada por la política y los gobiernos, se abre campo de manera espontánea, en contra de la voluntad de las personas e incluso de las políticas de los estados cuando la entorpecen.