martes, 20 de marzo de 2012

Racionalidad económica

Alberto Bonadona
abonadona2001@yahoo.es

Lo que dice Milton Friedman acerca del interés personal es, exactamente, lo que me parece un gran desacierto porque, a partir de la restringida racionalidad económica, invade todos los territorios de la vida humana e intenta medir la forma en que las personas satisfacen o "colman su interés personal". En la defensa de la economía de mercado como fundamento para dictar la moral de las personas, Armando Méndez salió con la infeliz cita del famoso economista y me da elementos para seguir el debate iniciado.

Al afirmar Milton Friedman que "El científico que intenta ensanchar las fronteras de su disciplina, el misionero que se esfuerza por convertir a los infieles a la verdadera fe, el filántropo que trata de aliviar los sufrimientos del necesitado, todos ellos procuran colmar su interés personal de acuerdo con sus propios valores", está llevando su pensamiento acerca del mercado a todas las conductas humanas. Sin duda, cada uno actúa inspirado, motivado o empujado por los "propios valores" pero no toda conducta humana se asume por el grado de satisfacción que a cada uno le genera, que es, precisamente, lo que dice Friedman.

La madre que arriesga su propia vida por la del hijo o viceversa, el amigo que actúa solidariamente, o, para mencionar al mismo personaje que Armando menciona, la Madre Teresa de Calcuta, no hacen lo que hacen (o hicieron) en función de la satisfacción que colma marginalmente la gran valoración que tienen de otro ser humano. En el pensamiento de Friedman se intenta medir los grados de satisfacción que genera el altruismo en función de lo que se deja de obtener o de hacer como costo alternativo. O sea que, en el momento que el hedonismo particular de sacrificar algo por otro ser humano no colma mi interés, mi calculadora económica interior me dirá que estoy en déficit y, por lo tanto, debo dejar de generar pérdidas.

Este pensamiento para mi es una forma de materialismo barato que llega a dominar pensamiento y acción de muchos economistas a quienes irreflexivamente les han lavado el cerebro con esta doctrina del interés personal. El ser humano puede y debe actuar con la racionalidad económica propia de la ciencia económica cuando enfrenta al mercado, o sea, compra o vende algo, incluido su tiempo. Pero, no es el interés personal o el egoísmo el que rige la vida de las personas. No es que el egoísmo sea malo sino, simplemente, no es la única característica humana. Si alguien, como Teresa de Calcuta o como mi vecino, hacen algo por otro ser humano, puede ser que estén buscando resaltar sus propios valores pero no necesariamente lavar heridas o empujar mi auto plantado dan gran satisfacción que compensa la utilidad marginal renunciada.

Otro punto para no dejar una objeción de Méndez sin aclaración. No es que en la antigüedad el mercado dio resultados positivos y en la modernidad negativos, como me interpreta Armando. El mercado en toda época logra ambos tipos de resultados, es un mecanismo sin conciencia y puede dar el resultado al que el ser humano lo orienta.