miércoles, 4 de abril de 2012

¿Qué es un Estado fuerte?

Oscar Ortiz Antelo
oscarortizantelo@gmail.com

El debate sobre el rol del Estado en la economía y la sociedad ha sido el elemento central del debate político en los últimos dos siglos. Creo que erróneamente la discusión se ha concentrado en más Estado o menos Estado y no en dónde y para qué necesitamos al Estado. Unos son acusados de querer estados débiles y otros reivindican estados fuertes, en un juego en el que quien gana o pierde es el individuo y su libertad. En mi opinión, el debate no debe suponer que estados fuertes se deben construir a costa de la libertad individual, sino deben desarrollarse al servicio de esta.

Creo que el gran error que se ha cometido y se comete en muchas naciones latinoamericanas es entender que un Estado fuerte es sinónimo de control y participación directa en la mayor parte de la economía. En Bolivia, por ejemplo, autoridades del Gobierno declaran con mucho orgullo que el Estado ha vuelto a controlar el 70% de la economía y que por eso ellos han cumplido una misión histórica de recuperación de la dignidad nacional.

El problema de fondo es que no se cuestiona si esta dignidad llega también a las personas o mejora su calidad de vida. Nos estamos engañando por un auge de consumo que no se basa en un desarrollo real del país, sino en ingresos extraordinarios, situación que puede cambiar rápidamente como ya está mostrando la experiencia argentina.

Por eso propongo que debatamos otras áreas de actuación estatal y servicios públicos donde realmente se puede construir un Estado que preste servicios a los ciudadanos que mejoren sustancialmente su calidad de vida, les permitan superar la pobreza y les den condiciones de ejercer su libertad en el sentido más amplio de la palabra, como la justicia, seguridad, educación y salud.

Mientras nos llenamos de empresas estatales, algunas de las cuales no tienen la más mínima posibilidad de funcionar, como la empresa de papel que lleva varios años con su maquinaria embalada o la fábrica de azúcar que fuera aprobada sin que existan áreas cultivables alrededor, los niveles de inseguridad empeoran diariamente, el crimen internacional penetra en nuestro territorio, las pandillas urbanas atemorizan a los más pobres y la Policía se ve imposibilitada de actuar en extensas áreas del país. Seguimos organizando fastuosos desfiles con pomposos discursos sobre guerras antiguas, mientras en barrios y calles el ciudadano común vive inseguro y desprotegido.

En otras áreas como la salud los pacientes son atendidos en camillas y pasillos y mucha gente se muere porque no existen los equipos necesarios para diálisis o radioterapias, al mismo tiempo que se gastan millones en satélites innecesarios y aviones de combate que no sirven para perseguir a las avionetas que llevan droga.

Un Estado fuerte es compatible con la libertad de los ciudadanos si se orienta a servirlos y no a servirse de ellos, si no busca que el ciudadano dependa de él para manipularlo y someterlo, sino que ayuda a la gente a desarrollar sus capacidades y ejercer su libertad.