martes, 17 de abril de 2012

TOCQUEVILLE Y LA IMPERFECCION DE LA PROPIEDAD

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

En nuestro país es conocido el hecho de que hay problemas de límites entre departamentos y entre municipios. Dos departamentales conocidos son: entre el Beni y Cochabamba, y entre Oruro y Potosí. El primero está en la congeladora porque ha sido sustituido con el problema de la construcción del camino que cruzará el TIPNIS, territorio precisamente que comparten ambos departamentos. El segundo está activo. Dicen que el 90 por ciento de los municipios (327) tiene fronteras difusas entre ellos. ¿Por qué?

En el pasado incaico y en el colonial no había claros derechos de propiedad. Los pueblos consideraban la propiedad de la tierra como un hecho natural, no jurídico, que alcanzaba hasta donde llegaba la vista de quién gobernaba el pueblo. Las naturales disputas que esto conllevaba se resolvía mediante la "negociación política" o seguramente de manera más habitual, mediante la guerra.

Quién mejor nos puede ilustrar sobre este fenómeno es Aléxis de Tocqueville que en su libro: "La democracia en América", relata lo que fue la vida de los pueblos antiguos y hasta no hace más de 200 años en lo que es ahora los Estados Unidos.

Tocqueville dice que en inmensos desiertos habitaba gente, la gente erraba. Tribus que existían en Norteamérica y estaban a las orillas del mar fueron obligados a internarse, otras desaparecían y con ello su lenguaje. Para encontrar un indio había que internarse más de cien leguas. Los indios retrocedían pero también eran eliminados. Los últimos pedían limosna. Desaparecían los indios y surgían otros pueblos: "desarrollo prodigioso y destrucción rápida", dice Tocqueville.

"Cuando los indios eran los únicos que habitaban el desierto del que hoy se les expulsa, sus necesidades eran escasas, ellos mismos fabricaban sus armas, el agua de los ríos era su única bebida y usaban por vestidura la piel de los animales cuya carne les servía de alimento", dice Tocqueville.

Los europeos introdujeron las armas de fuego, el hierro y el aguardiente. Les sustituyeron su vestidura con tejidos que los indios no fabricaban. A cambio daban las pieles de los animales que mataban. La caza pasó de ser sólo para satisfacer necesidades de alimento también para hacer el intercambio con los conquistadores.

Los audaces aventureros europeos penetraron en tierras desconocidas y construyeron "la morada del hombre civilizado en medio mismo de la barbarie". De esta manera expulsaron a los animales salvajes. Los indios, apenas encontraban medios de subsistencia lo que dificultaba el hacer intercambio con los europeos. Sin animales la caza se les hizo muy difícil. "Se ve entonces a esos desventurados vagar como lobos hambrientos por sus bosques desiertos", dice Tocqueville. Solo encuentran miseria y muerte. Por esta razón se decidieron a emigrar a otras tierras más lejanas. "No son los europeos - sostiene Tocqueville- que los obliga a emigrar, es el hambre". Cuando llegaban a tierras lejanas se encontraban con gente que los miraba con recelo, lo que ocasionaba guerras. Esta situación convierte a los indígenas en gente errante con un solo propósito: "sobrevivir". Pronto no habría pueblo, su nombre se olvida, el indígena vive proscrito y su lengua se olvida.

"Cuando la población europea comienza a aproximarse al desierto ocupado por una nación salvaje, el gobierno de los Estados Unidos envía generalmente a esta última una embajada solemne: los blancos reúnen a los indios en una gran llanura y, después de comer y beber con ellos, le dicen: ¿Qué hacéis en el país de vuestros padres? Pronto tendréis que desenterrar sus huesos para vivir: ¿Por qué la comarca que habitáis ha de valer más que otra? ¿Acaso no hay bosques, pantanos y praderas más que donde os halláis? Al otro lado existen vastas regiones donde las bestias salvajes aún se encuentran en abundancia; vendednos vuestras tierras e id a vivir felices a esos lugares." Pronunciado ese discurso, -dice Tocqueville- se exhiben antes los ojos de los indios armas de fuego, vestidos de lana, barriles de aguardiente, collares de vidrio, pulseras de estaño, arrancadas y espejos. "Si a la vista de todas estas riquezas aún se muestran vacilantes, se les insinúa que nada lograrían negando el consentimiento que se les pide, y que muy pronto el gobierno mismo no podría ya garantizar sus derechos. ¿Qué hacer? En parte convencidos, en parte obligados, los indios se alejan; van a poblar nuevos desiertos donde los blancos no les dejarán vivir ni diez años. Así es como los americanos adquieren a un precio mezquino provincias enteras que no podrían pagar los más ricos soberanos de Europa"

La migración indígena hacia nuevos horizontes fue dramática como bien relata Alexis de Tocqueville: "He visto con mis mismos ojos muchas miserias. A finales de 1831 encontrándome en el margen izquierdo del Missisipi (Menfis) llegó un numeroso contingente de salvajes que abandonaban su país e intentaban cruzar el río, donde esperaban encontrar el asilo que el gobierno americano les había prometido. Era invierno, la nieve había endurecido la tierra y el río arrastraba enormes bloques de hielo. Los indios llevaban consigo a sus familias, cargando con heridos, enfermos, niños que acababan de nacer y ancianos que iban a morir. No tenían ni tiendas ni carros; tan solo algunas provisiones. Los vi embarcar para cruzar el gran río, y ese espectáculo solemne jamás se apartará de mi memoria. De aquella compacta muchedumbre no surgían sollozos ni quejas; todos guardaban silencio; sus perros permanecían aún en la orilla. Cuando estos animales vieron por último que iban a alejarse para siempre, lanzaron a un tiempo espantosos aullidos y, arrojándose todos a la vez a las gélidas aguas del Missisipi, siguieron a sus amos a nado".

El desposeimiento de las propiedad de los indios no siempre fue violenta sino también política, lo que confirma Tocqueville diciendo: "se suele efectuar ahora de una manera regular y por así decirlo legal". "Así, los Estados, con su tiranía, obligan a los salvajes a huir; la Unión, mediante sus promesas y con ayuda de sus recursos facilita esta huída. Son medidas distintas que tienden al mismo fin"

El gran drama de los indígenas se expresa en la atinada observación de Tocqueville: "Los indios más civilizados se niegan a abandonar sus cosechas, saben que en nuevos desiertos encontrarán hordas enemigas y para resistirlas ya no tienen la energía de la barbarie ni aún la fuerza de la civilización. Cierto que hoy el gobierno no les quita sus tierras, pero les deja invadir".

Lo acontecido en el pasado, hoy se repite en Bolivia. Una noticia periodística informa que la ministro de Desarrollo Rural y tierras ha convalidado que las tierras del ayllu Huaylluma, que se encontraban en el departamento de Oruro, pasen a poder de los comunarios de Chullpa de Potosí, como consecuencia de un error cometido por el INRA, a cambio de ofrecerles la construcción de viviendas para las familias que fueron afectadas con la transferencia de sus terrenos a Potosí. La reacción de los afectados, según el jiliri Malku de la provincia Dalence, Domingo Alegre, en representación de los comunarios de Huaylluma dice: "Nos han echado de nuestras tierras y ahora dicen que volvamos donde nuestros primos. Eso no se puede hacer, porque los del INRA han cometido el error".

En los primeros días de abril surgió otro conflicto de limites, que llevó al enfrentamiento con un saldo de 59 heridos, esta vez entre pobladores de tres comunidades de las provincias Arque y Tacapari del Departamento de Cochabamba.

El TIPNIS sigue como tema pendiente. ¿Será que los colonizadores, cuyo centro de acción se ubica en el chapare cochabambino, seguirán introduciéndose a esas tierras obligando a sus originarios a replegarse más adentro? ¿Este proceso se realizará sin sangre?

El problema del campo, en países atrasados como Bolivia, es que no existen derechos de propiedad claros ni de pueblos ni individuales. Mucho menos límites entre pueblos porque estos se mantuvieron siempre en la nebulosa. En el pasado esto se resolvía mediante la guerra. El pueblo vencedor ampliaba sus fronteras hasta allí donde podía garantizar que otro pueblo no irrumpa. ¿Ahora cómo deberían resolverse?