martes, 3 de abril de 2012

RE: La oposición que no existe.

Aitor Iraegui
iraegui@hotmail.com

Con todo respeto, me da la impresión que el Sr. Ortega mezcla dos conceptos distintos. En un pais puede haber muchas personas que se oponen con dureza al gobierno y eso no necesariamente significa que exista una oposición. La existencia de una oposición es algo mucho más complejo que implica la edificación de alternativas gubernamentales viables, estructuradas, serias y confiables. En otras palabras, existe oposición cuando el ciudadano entiende que si desea dejar de votar por el oficialismo, el sistema político logra satisfacer su demanda de una alternativa que le proponga un modelo de gobierno distinto junto a ciudadanos capaces de llevarlo adelante con relativa solvencia.

Por lo tanto, poco importa si los opositores son jóvenes o viejos o si les gusta más Marx o Vargas Llosa, de lo que se trata es de qué pasos sustantivos realiza la oposición para construir alternativas polítíticas reales; y estamos hablando de cuestiones elementales como la creación de consensos, la organización y estructuración del aparato politico, la consolidación territorial, la construcción de ideologia, la realización de programas, la capacitación de cuadros, etc. Es difícil saber si algo de esto existe en la oposición boliviana. Si los opositores bolivianos están construyendo oposición lo hacen con tal sigilo y hermetismo que casi nadie (tampoco sus futuros votantes) se está enterando, porque el hecho objetivo es que en estos momentos es muy difícil identificar con una mínima claridad quién lidera la oposición boliviana, ni (tal vez con la única excepción del MSM) cuál es su estructura, sus ideas o sus propuestas. Por lo tanto, el que crea que hacer oposición es sobre todo ir a la TV a quejarse de lo al que lo hace el gobierno es que no está entiendiendo exactamente la dimensión de la oposición como instrumento fundamental del sistema político.

Un par de cosas más que no quiero dejar pasar por alto.

La primera es que dice el sr. Ortega que la oposición cree en las personas y "no en los sindicatos". Está en todo su derecho, pero disiento absolutamente y creo que es innecesario recordar el papel fundamental de los sindicatos en la mejora de los derechos sociales individuales y colectivos (y no me refiero sólo a Bolivia). Un mundo sin sindicatos hubiera sido un mundo notablemente más injusto, desigual y desafortunado del que tenemos, que incluso así como está ya es de por si bastante malo. Tampoco hace falta recordar que lo primero que hacen los regímenes autoritarios es suprimir el pluralismo sindical, muchas veces incluso antes de suprimir los partidos políticos. El actual gobierno de Cuba, por poner sólo un ejemplo, tampoco creen en los sindicatos, por eso fue una de las primeras cosas que prohibieron, mandaron a todos los dirigentes sindicales a la cárcel o al exilio y pusieron a sus cuadros al frente del sindicato único. Estoy seguro que ese no es el mensaje que la oposición quiere proponer.

La segunda anotación, muchísimo menos importante, es sobre Marx y el siglo XIX. Incluso los que no nos consideramos marxistas deberíamos reconocer el extraordinario aporte del marxismo a la historia de las ideas. En este sentido, poner a Marx codo con codo junto a Fidel Castro y al Che Guevara es como poner en el mismo nivel a Edmund Burke y a George Bush (padre o hijo, me da igual). Es decir, un tremendo abuso. Tampoco concuerdo con ese sentimiento ligeramente peyorativo hacia los "clásicos del siglo XIX" que se desprende de una de las frases del sr. Ortega, porque incluso aunque a alguien le disguste Marx, el XIX no es sólo el siglo de Marx, es tambien el siglo del gran Auguste Comte (¿qué sería de la sociología sin él?), de Stuart Mill, de Schopenhauer, de Nietzsche, de Kiekegaard, de Herbert Spencer o incluso el enorme Weber escribió gran parte de su obra en el XIX. Es decir, el s. XIX produjo buena parte de los mejor del pensamiento de todos los tiempos, incluyendo por supuesto a Marx y Engels. No creo q e admirar a Jobs o a Vargas Llosa (que ciertamente creo que compiten en divisiones distintas) deba estar reñido con apreciar los clasicos del XIX o de cualquier otro momento. Seguramente esa no fue la intención del Sr. Ortega, pero queria comentarlo.

Ya termino. Hay un viejo principio politico que dice que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el oficialismo. Cuando llegue el momento (que tarde o temprano en democracia siempre llega) que los ciudadanos ya no quieran seguir confiando en el MAS o en Evo Morales, miraran hacia la oposición y esperarán soluciones, liderazgo, programas, ideología, estructura y confianza. En ese momento se verá si existe oposición o no.