jueves, 3 de mayo de 2012

[Aula Libre] Médicos vs Gobierno, una batalla incombustible

Ronald Vallejos Durán
ronald.vallejos@gmail.com

Tras algo más de un mes de intensa protesta, los médicos del sector público van radicalizando sus medidas de presión. Por ejemplo, este jueves 3 de mayo, médicos y trabajadores en salud cerraron rutas cerca de las trancas en los tramos carreteros de Cochabamba-Oruro, Santa Cruz-Trinidad y Trinidad-Santa Cruz. Por su parte el gobierno ha sumado a Juan Ramón Quintana como interlocutor con los médicos; además de ofrecer constantemente suspender la reglamentación del decreto para trabajar en él conjuntamente con los médicos y trabajadores de la salud. Por el momento no existe solución.

El conflicto médicos vs gobierno, que a estas alturas, se roba las primeras planas y los principales titulares de los noticieros, se parece a los tantos que ha vivido el país: un conflicto que inicia con medidas de presión, que se intensifican con el paso del tiempo, para terminar en diálogo, muchas veces forzado, y un consenso no del todo entusiasta. Es normal que ambas partes del conflicto no cedan ni un milímetro en su posición, y que se jaloneen a la opinión pública para que, escudados por ésta, su posición se torne "auténtica" y "justa". Los medios de comunicación masiva entre tanto entretienen a su audiencia con las escenas más violentas y amarillistas, reproduciendo los dimes y diretes de los protagonistas especialmente controversiales.

En democracia, los conflictos son naturales y necesarios. Son un termómetro que mide el grado de participación de la población civil y sus agrupaciones en los problemas que, en otro contexto, el poder y sus élites resolverían a gusto y antojo. En otras palabras, y como se oye frecuentemente, en Bolivia dificilmente un gobierno hace lo que le entra en gana. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, entrando a más profundidad, las cosas no son tan lindas. Que un conflicto se prolongue a lo largo del tiempo, puede ser positivo (entendiendo que con el paso del tiempo la solución se vaya afinando); lo que no es positivo es el hecho de que en transcurso de ese tiempo, las posiciones de las partes cambien poco o nada. Es el caso del conflicto de médicos vs gobierno. Ninguno cede, y a diferencia de otros casos, los perjudicados no solamente son los que, a fuerza de bloqueos, no pueden movilizarse de un punto a otro o aquellos comerciantes que se les pudre la mercadería en mitad de una carretera interdepartamental.

En este escenario el perjuicio es mucho más serio, se trata de vidas humanas. Cualquiera que haya tenido una mala experiencia con la salud sabe que en esto es importante aliarse con el tiempo, porque uno o dos días perdidos pueden ser decisivos, cuando no letales. A los médicos y al gobierno parece no importarles esto, y si les importa, como seguramente lo dicen a través de hipócritas interlocutores, pareciera que no al nivel que importa tener la razón.

En nada ayuda mofarse de que el Presidente haya dicho o no que se siente feliz por no haber asistido a la universidad, tampoco que el Ministro haya permanecido 20 o 50 años en la carrera de medicina o que finalmente no haya salido ni bachiller. O que los médicos concentren su esfuerzo en tildar de dictador a Evo. Tampoco ayuda mucho saber si los estudiantes de medicina de las universidades públicas hayan o no participado de las protestas de Octubre del 2003.

Yo reprocho que el sector de la salud pública trabaje solamente 6 horas en un país donde, sin lugar a dudas, lo mejor no es su sistema de salud. Me pudre ver a los mismos médicos que se la pasan coqueteando con sus visitadoras médicas hoy, frente a los micrófonos, aparezcan como los héroes de los enfermos. Pero también creo que está de buen tamaño ver las cosas desde una sola óptica y de manera tan simple: "Médicos flojos, trabajen 8 horas". Seguramente que hay muchos profesionales de la salud que pretenden trabajar ocho horas, pero algo habrá que darles a cambio, como casi todo en esta vida. Si no entiende eso el gobierno, puede acabar perdiendo valiosos proesionales, que sin duda los hay.

Ojalá el conflicto se solucione sabiamente, antes de que los policias y huelguistas acaparen los pocos espacios que hay en emergencias de los hospitales públicos.