jueves, 17 de mayo de 2012

Un poquito de inmadurez

Julio Hector Linares Calderón
juliolinaresc@hotmail.com

Que deje de ser inmaduro, le pedía el vicepresidente García —con la madurez que le caracteriza en sus conferencias de prensa— al Alcalde paceño, un poquito de madurez para resolver el entuerto con los choferes.

"Choferes lograron doblar el brazo al Alcalde", decía el titular de Cambio —el periódico de las buenas noticias— un día después de la reunión de concertación entre autoridades del gobierno municipal y el transporte sindicalizado. Pobre Alcalde, su inmadurez le obligó a resolver rápidamente un problema que aqueja a toda la ciudadanía.

Más de 45 días y el entuerto con el sector salud y la COB no termina de acabar, el del TIPNIS está apenas empezando. Pero no importa el límite al cual se tenga que llegar ni todo el sufrimiento ciudadano, ¡será hasta las últimas consecuencias!, ¡nadie le doblará el brazo a este maduro Gobierno del proceso de cambio!

Y así será, antes de que le ganen la pulseta y se demuestre debilidad, se debe descalificar a los dirigentes y a cualquier pinche que se atreva a apoyar estos movimientos contrarrevolucionarios, se debe buscar fantasmas conspiradores por todo lado y darles la lección que merecen, resucitar a partidos muertos y llamarlos traidores a la patria, incluso se debe llamar al pueblo a que se movilice, ¡que corra sangre!, si al final la vida es un conflicto, según el Vice, ¡qué demostración de madurez oficialista!

Pero, por mi parte, y con la inmensa inmadurez con la que escribo esta columna, prefiero nomás autoridades inmaduras que todavía crean que sentarse y dar un paso atrás en un conflicto no es signo de debilidad, ni mucho menos de inmadurez. Y si lo es, entonces prefiero a un líder inmaduro que quiere resolver las cosas y no grita en los micrófonos que hay intereses políticos y conspiradores entre los choferes, que no pide a los chucutas que salgamos a kalear los vidrios de los micros; prefiero nomás que le doblen el brazo y se arregle todo en una mañana.

Por eso, hago un pedido que hasta me apena por lo inmaduro que es, se lo hago a las autoridades del Gobierno: consigan un poquito de inmadurez, de ingenuidad, de ese idealismo perdido. No sean como los que criticaron tanto, los que se cerraban al frío cálculo político. No degeneren lo que comenzaron a construir. Mucha gente aún cree en ustedes.