miércoles, 20 de junio de 2012

AÑO NUEVO AYMARA

Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

El solsticio de invierno, en el Año Nuevo Aymara, significa una fiesta espiritual para renacer, una puerta abierta para lograr vencer las limitaciones, un eterno círculo de equilibrio entre la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. Un espacio en donde todo puede ser trasmutado con la voz de nuestros ancestros, en el canto eterno unido al corazón de la Madre Tierra y la Pachamama.

En las culturas modernas estas reuniones son aún apreciadas por la comodidad emocional, porque representan algo que esperamos en el momento más oscuro del año. Este es en especial el caso para las poblaciones en las cercanías de las regiones polares del hemisferio. Los efectos de depresión psicológica del invierno en los individuos y las sociedades están en su mayoría vinculados a frío, cansancio, malestar, y la inactividad. Además, la falta de luz solar en los cortos días del invierno aumenta la secreción de la melatonina en el cuerpo, empujando el ritmo circadiano de sueño a uno más largo.

Festivales y celebraciones de mitad de invierno que ocurren en la noche más larga del año, a menudo piden floración perenne, brillante iluminación, grandes fuegos artificiales, fiestas, la comunión con el prójimo, y por la noche, un esfuerzo físico por el baile y el canto son ejemplos de terapias culturales de invierno que han evolucionado como tradiciones desde el comienzo de la civilización. Estas tradiciones pueden agitar el conocimiento, evitar el malestar, reiniciar el reloj interno y reavivar el espíritu humano.

La fiesta está perfectamente integrada en nuestra cultura, y nada pudo desenraizarla de nuestros corazones. Los antiguos indígenas agricultores del altiplano andino, se regían por diversos fenómenos astronómicos, observados, con el fin de guiarse en el momento en que debían iniciar las diversas faenas agrícolas y ganaderas, como siembras, cosechas y esquilas a los camélidos andinos.

Para Bolivia, la circunstancia astronómica invernal tiene una importante relevancia filosófica. La naturaleza es el panorama de inspiración para el Año Nuevo Aymara y un espectáculo del aparente trayecto traslativo del sol como una representación del equilibrio que mueve al mundo. Comienza cuando asoma el solsticio de invierno que trasciende al nuevo ciclo agrícola. En esa fecha, los amautas encuentran el punto clave para que retorne el reordenamiento de la tierra.

El solsticio de Invierno. Oportunidad para meditar, con el fin de poner lo mejor de nosotros mismos, en procura de ejercitar una mejor patria. Este cambio que hace la naturaleza, conlleva a conquistar la necesidad de reactivar nuestra voluntad en pos de una renovación. Es un momento de reflexión destinada a compartir sentimientos, cual semilla de fraternidad entre todos los bolivianos, irradiados por el brillo de los primeros rayos del Sol, con la esperanza de lograr la unidad que nos inspira a unificar nuestros emociones en la alegría de la vida.