domingo, 24 de junio de 2012

Comparaciones del Conflicto

Carlos Romay V.
carlos_rom@yahoo.com

En este tiempo ultra-liberal que vivimos en la economía del día a día en Bolivia, hay comparaciones que resaltan a raíz de un importante amotinamiento de la los policías de bajo rango conocidos como clases efectuado en esta última semana.

La causa del problema es el profundo malestar por los bajos sueldos de esta fracción de los servidores del orden, con escenas desgarradoras de violencia hacia los símbolos de poder sobre esa tropa, es decir, contra los oficiales y contra las instituciones dentro de la Policía Nacional destinadas a acallar cualquier voz de crítica acerca de las míseras condiciones en las que realizan su trabajo y su vida cotidiana, como la Ley 101. Vimos en la televisión (esos medios que los gobernantes califican como de la derecha más reaccionaria) infraestructuras en mal estado, así como camas a punto de desmoronarse y menajes de cocina en estado lamentable, como vehículos sin motor en los que los policías salen a enfrentarse a criminales "armados hasta los dientes", en palabras de un policía. Aparte, sanitarios en estado lamentable, gimnasios desmantelados y la triste realidad de compartir espacios inadecuados e insalubres. En la televisión Nacional pública sólo vimos los esfuerzos de los ministros y viceministros para desvirtuar la protesta.

Coincidentemente, estos mismos días se ha producido un lamentable accidente en la Academia Nacional de Policías (los oficiales de la institución) con la caída de una baranda desde un tercer piso y la lamentable muerte de dos estudiantes policiales y 45 heridos. La causa fue el hacinamiento de demasiados estudiantes en el edificio y en las aulas, aspecto altamente anti-pedagógico. Y es que la diferencia de clase entre policías de primera y de segunda es alarmante.

Lo que no recuerdo es que los efectivos policiales se hayan quedado cortos de gases lacrimógenos jamás cuando los gobiernos de turno los sacan a reprimir las protestas sociales. Todos los gobiernos usan a la Policía para apuntalarse, y para reforzarse contra desacertadas medidas que intentan desesperadamente hacer prevalecer sin meditar en el desgaste de los efectivos llamados a contener el orden. Y por supuesto, sin pensar en la población civil que debe recibir violencia de los mismos. Últimamente los vimos en acción reprimiendo la protesta de los trabajadores de salud ante la imposición de las ocho horas de trabajo, que coincidiendo con la realidad de la misma Policía que los reprimió, tampoco contaba con la capacidad en insumos, espacios e infraestructura para producirse de manera efectiva ante los requerimientos del Gobierno, medida populista e improvisada que tuvo costes políticos importantes.

En la prensa últimamente se han publicado los magros sueldos de los policías de bajo rango. Probablemente jamás nos hubiésemos enterado de los mismos si no hubiese sido producto de las protestas, y es que es imposible vivir con salarios de 1300 Bolivianos (menos de 200 U$ mensuales) para alimentar a una familia de cinco personas, en una economía cotidiana que tiende al alza por especulación y donde las autoridades nada han podido hacer o nada han querido hacer para frenar estos extremos.

Al mismo tiempo, deseo efectuar la comparación de los ingresos de los policías de bajo rango con un gremio con el que estoy en contacto. Para poner esto en perspectiva, al inicio del gobierno actual, un albañil de primera ganaba entre 50 y 80 Bolivianos el jornal. Actualmente y debido a varios factores, entre ellos la alta demanda de mano de obra en la construcción (una de los únicos rubros de producción en un país donde la industria no encuentra incentivo y existe gran afluencia del contrabando: recordemos el cierre de la mayor textilera de Bolivia en los últimos días, y su posterior alquiler a manos del Estado para evitar conflictos sociales), la escasez de especialistas muchos de los cuales han emigrado a España y a la Argentina buscando mejores salarios, la falta absoluta de regulación en el sector, políticas neo-liberales de oferta y demanda destinadas a consolidar un apoyo político estable en las clases populares, etc., se cotiza el mismo personal de la construcción entre 180 y hasta 250 Bolivianos por jornal (unos 35 dólares diarios, en un país donde el salario mínimo para el resto de los trabajadores es de 1000 Bolivianos, o sea 150 dólares mensuales, lo que gana un albañil en 4 días).

Es decir, este sector ha incrementado sus costes en un máximo de 500 % y un mínimo de 350%, no comparable con el alza de ingresos profesionales de ningún sector en el país. Hay que agregar que tampoco la actividad de la mano de obra de la construcción se grava con impuestos.

En resumen, fácilmente un albañil gana unos 4.000 Bolivianos al mes, lo cual constituye en salario de un empleado público de segundo nivel o mayor aún en algunos casos. También constituye a esta altura, la mitad del salario promedio de un profesional que trabaje como "consultor" en la administración pública, según la categorización que se hace (el consultor debe presentar factura, no tiene beneficios sociales, está expuesto a los vaivenes del cambio de personal inmediato por efecto de reyertas políticas y la toma de espacios, las horas en cada jornada son interminables, los objetivos que le asignan son altamente difusos producto de planificación deficiente desde el Estado, etc. ). A todo esto habría que agregar el deterioro de las condiciones de la labor del profesional titulado y la deficiente labor de los Colegios de Profesionales por consolidar el respeto hacia sus gremios y una labor orientada hacia la sociedad como conjunto antes que hacia las élites de sus dirigentes.

Inevitablemente, más les convendría a los señores policías en las actuales circunstancias dedicarse a la albañilería. Lo digo sin sorna, respetando el trabajo de los maestros constructores que sin embargo, no goza de regulación alguna y provoca una indiscriminada especulación del mercado de mano de obra, y el consiguiente encarecimiento del metro cuadrado de construcción que se refleja en el alza del costo de la vivienda y los apartamentos, y otros por concepto de refacciones, ampliaciones, remodelaciones, obras nuevas, infraestructuras básicas, etc., todo lo cual echa por tierra la débil planificación de las políticas de vivienda del Estado. La especulación por parte de las empresas constructoras (y la afluencia de dinero de procedencia misteriosa para la construcción en algunos casos) hace el resto. Por supuesto que su seguridad social tampoco ha sido organizada por parte de las autoridades ni realizan aportes para garantizarse una vejez digna, a pesar de la especulación de su salario efectuada por ellos mismos. Y de su propia auto-explotación.

Comparando el nivel de responsabilidad entre unos y otros, reconociendo con el debido respeto la actividad policial que es sacrificada y ética en algunos, y admitiendo que el Policía tiene una labor considerable en cuanto al orden que debe prevalecer en nuestra sociedad (orden amparado en las leyes que deben surgir del consenso de la sociedad, no en la represión), quizá antes de pensar en la carrera policial a los sub-oficiales y clases, más les convendría comparar con otros salarios que tienden al alza como los que acabo de mencionar. Ante la manipulación de la labor policial por parte de todos los gobiernos, y frente a la especulación diaria que vivimos en lo económico, es necesario hacer estas comparaciones. Aún ganando los policías los poco más de 2000 Bolivianos de salario básico mensual (menos de 300 dólares) propuesto en las últimas negociaciones por el Gobierno, quedarían sólo con la mitad de lo que gana un albañil de la construcción. Y con mucho más riesgo.

Lo paradójico es que si se efectuara el mismo mecanismo de oferta y demanda de la economía social liberal en la labor de los policías, ellos deberían cobrar más por el aumento de las actividades delincuenciales en nuestra sociedad, y probablemente tendríamos extremos como que hoy el jornal del policía se cotiza en 40 Bolivianos el día, mañana 80, pasado quién sabe cuánto, siempre en alza por el incremento del crimen y la falta de respuestas estructurales en la sociedad boliviana…