martes, 19 de junio de 2012

DOLOR

Pablo Cingolani
pablocingolani@yahoo.com.ar


Cuando hoy, hacia las cinco de la tarde, me avisaron por teléfono desde Yolosita que se había matado la Silvia Cunay, esposa de Alonso Nate y madre de varios niñitos, indígena tsimane´y participante de la IX Marcha, supe que todo el desasosiego que había sentido durante todo el día, terminaba de cristalizarse allí: en esa muerte absurda, producto de un accidente vial, fortuito, imprevisible como toda desgracia, pero en medio de circunstancias que lo vuelven más trágico aún, ya que Silvia –si se respetasen los derechos de los pueblos indígenas-, no hubiese nunca estado allí, en ese accidente, en esa emboscada que la muerte le tendió, en ese sitio, en esas garras.

Me duele también la partida de Silvia porque tuve la vivencia de conocerla y de trabajar con ella. La conocí a través de su compañero, Alonso, con quien coordinamos tareas de apoyo al Gran Consejo Tsimane´…. Y ahora, justo ahora que escribo, me vuelven a llamar –esta vez desde Coroico- para avisarme que también murió, en el mismo accidente, en las mismas garras, el Alejandro, Alejandro Cayuba –el hermano mayor de Benjamín: todos tsimane´, todos amigos nuestros, todos compañeros de trabajo, todos hermanos de vida y de causa.

Ahora sí que el dolor me termina de inundar y la página me parece más blanca que nunca, tal vez porque por ahí, por lo blanco, andarán ellos, la Silvia y el Alejandro. Tal vez sea mejor así: sentirlos en lo blanco, en lo puro, en lo que ya jamás se alterará, ni nadie podrá cambiar: en lo eterno, en lo bello, en lo justo, en donde sea que vayan a morar las almas de los Tsimane´, y tratar de que el dolor no me aprisione.

Tal vez sea mejor sentir que la muerte los ha liberado, del dolor y de la injusticia en vida, para que desde la cima del cielo, desde las estrellas, desde el más allá, ellos nos sigan acompañando, y sigamos compartiendo –como aquella vez que fuimos y volvimos con Alejandro por el Maniqui, como aquella vez que organizamos el amparo con Silvia en uno de los campamentos de la VIII Marcha-, y sigamos resistiendo. Paz en la tumba de Silvia y de Alejandro. Mi solidaridad con las familias y con todo el pueblo Tsimane´. Frente a la muerte que enluta, que desgarra y te ahoga, no queda más que una cosa: respeto.