lunes, 13 de agosto de 2012

Bolivia, Desafíos de Futuro

Oscar Ortiz Antelo
oscar.ortiz.articulos@gmail.com

Bolivia es un país de grandes oportunidades de desarrollo. Ubicado en el centro de Sudamérica, tiene una frontera con Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú y un territorio de similar tamaño a los de Colombia o Venezuela. Cuenta con un gran patrimonio cultural y enormes recursos naturales, especialmente en los campos de hidrocarburos, minería y biodiversidad. Sin embargo, continúa estancado y empobrecido, inestable e inseguro, aislado y alejado de la economía internacional.

En el mes aniversario de la independencia nacional, cambiar esta realidad debería ser el principal motivo de un debate positivo y proactivo, con visión de futuro y aspiración de progreso. Quedarnos atrapados en el pasado, seguir culpando a la colonia de nuestras desgracias y a las transnacionales de nuestros fracasos solo significa entramparnos nosotros mismos. El mundo está lleno de naciones que también fueron colonias y sufrieron abusos de transnacionales y, sin embargo, hoy son países progresistas, competitivos, abiertos a las inversiones y al comercio internacional; consolidaron clases medias, que ahora gozan de condiciones de vida dignas. Es suficiente mirar a vecinos como Brasil o Perú.

Está claro que uno de los principales problemas que debemos enfrentar es resolver nuestra crónica inestabilidad. Para ello, debemos construir una institucionalidad democrática y estatal que asegure una buena gobernanza, proteja los derechos civiles, políticos y económicos de los ciudadanos y brinde seguridad jurídica a los inversionistas.

Es imprescindible consolidar el Estado Autonómico mediante la distribución del poder entre municipios y departamentos, logrando un pacto de distribución de competencias y recursos con el Estado central, que impulse la descentralización territorial como sistema de organización estatal e impida que en el futuro alguien pueda concentrar el poder y asfixiar el pluralismo como se lo ha hecho en la actualidad. Igualmente, se debe trabajar otro pacto nacional para definir qué aplicaciones concretas tendrá el Estado Plurinacional y llegar a un acuerdo de equilibrio entre los derechos de los pueblos indígenas y los derechos del Estado nacional.

En el ámbito internacional debemos romper el aislamiento que nos hemos impuesto por decisión propia. Comenzamos el siglo XX con una sola carretera internacional, al Perú, y aún hoy no hemos finalizado la integración vial con Brasil, que se convertirá en un corredor bioceánico, y estamos lejos de avanzar en una ruta pavimentada hacia Paraguay. Con Brasil tenemos fronteras con cuatro de sus estados y solo nos estamos integrando a uno. Con Chile tenemos una sola carretera y podríamos tener tres; con Perú también se podría vincular directamente el departamento de Pando. Con las economías de ultramar, dependemos excesivamente de Arica y no aprovechamos otras alternativas como Ilo, en Perú, y Puerto Busch, sobre la hidrovía Paraguay-Paraná, además de las zonas francas que nos han concedido Argentina y Uruguay.

Estos son algunos de los temas que dejamos de lado y que debemos discutir para luchar en serio contra la pobreza y alcanzar el desarrollo.