jueves, 16 de agosto de 2012

Caraparicito: la historia se repite

Oscar Ortiz Antelo
oscar.ortiz.articulos@gmail.com

El solo acceso a la tierra no garantiza por sí mismo la superación de la pobreza. Por el contrario, se puede convertir en una trampa que atrape y perpetúe la pobreza de pueblos indígenas y comunidades campesinas en una economía de subsistencia que repita los mismos errores que se cometieron en la reforma agraria realizada en Bolivia tras la Revolución Nacional de 1952. La tierra, sin condiciones para trabajarla, solo perpetuará la pobreza rural. Un interesante reportaje de EL DEBER (13.08.12) sobre el proceso de reversión del establecimiento agropecuario Caraparicito nos muestra que, una vez más, el país está siguiendo un camino equivocado en materia de lucha contra la pobreza en el campo.

Caraparicito era un establecimiento agropecuario trabajado por sus propietarios durante cuarenta años, en el cual se producía maíz y se desarrollaba la ganadería. En los últimos años, se había aprovechado una casona antigua, que venía desde la época de la guerra por la independencia, para construir un complejo turístico, siguiendo un proyecto de estancias hoteleras que se ejecutó con el apoyo del BID. Cuando llegó al poder, el Movimiento al Socialismo revirtió la propiedad privada al Estado y se la entregó a un grupo de familias, acusando a los propietarios de supuestas prácticas de servidumbre, en lo que siempre pareció una acusación política sin sustento real.

El reportaje periodístico nos informa que de las 40 familias que trabajaban para los anteriores propietarios de la hacienda solo quedaron 13. El hambre, dice la nota, obligó a la mayoría a buscar trabajo en otras comunidades, debido a la falta de condiciones para desarrollar actividades por cuenta propia. Los que se quedaron apenas han logrado subsistir en condiciones muy precarias. Pasados los actos públicos de entrega de tierras, las autoridades se olvidaron de los beneficiarios. Estos –sin semillas, ni maquinaria agrícola, ni tampoco vacunas, herbicidas o financiamiento para todo ello– tienen muy pocas posibilidades de lograr niveles productivos que les generen condiciones de bienestar.

La verdad es que la población entiende que la tierra no es un camino mágico para asegurarse condiciones de vida digna. Por eso, la inmensa mayoría continúa migrando a las ciudades y buscando trabajo en otros sectores económicos, por lo que, a pesar de existir un Gobierno que pretendía llevar adelante una nueva revolución agraria, no existe demanda ni mayor presión social sobre las tierras, de lo que se ha quejado en varias oportunidades el mismo presidente Evo Morales.

¿Qué hacer? Debemos desarrollar un modelo de complemento y equilibrio entre los modos de producción de propiedad colectiva con la producción privada de propiedad individual. La primera debe recibir todo el apoyo necesario para convertirse en comunidades productivas que superen la subsistencia y logren niveles de bienestar. La segunda debe recibir seguridad jurídica para crear empleo digno, asegurar la seguridad alimentaria nacional y generar producción exportable para sostener el desarrollo del país.