miércoles, 22 de agosto de 2012

JULIO MANTILLA, EL PRECURSOR

Marcos Paz
paz.marcos@gmail.com

Con los grandes siempre hay problemas. Julio era uno de ellos. Me traicionó como amigo varias veces, decía que está en el ser del aymara, uno mismo y su ajayu, otro ser, pero no pudo dejar de ser mi amigo. Lo invité a dictar una cátedra en la carrera de sociología de la UMSS hace 34 años cuando yo no sabía nada del mundo. Es cátedra era dictada, también a invitación mía, por nada menos que Alfonso Camacho, insuperable cronista de la revolución del 52, de la leyenda del Che, de la Democracia Cristiana Revolucionaria y de todo lo demás, yo era auxiliar de docencia, su primer auxiliar y miembro del centro de estudiantes de sociología.

Hace unos días, Cachín Antezana me recordó que yo le pedí dictar entonces una cátedra, su primera y única, de Sociología del Conocimiento y nunca más dejó la academia de ciencias sociales hasta conseguir el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Dijo entonces, como a mí 34 años antes, que no sabía nada de ciencias sociales. Así es la vida. De él aprendí prácticamente todo con lo que he sobrevivido desde siempre. No me dejaron entrar al acto premiación, así que tuve que esperarlo en los pasillos para llevarlo a casa y recordar que un día Zavaleta Mercado, en México, me preguntó que pensaba Bolivia de la democracia y si conocía a alguien capaz de escribir sobre la revolución. Con mis 21 años a cuestas, desterrado y sin un peso, le respondí sin dudar que Bolivia quería la democracia que cualquiera quiere, donde la libertad de pensar, hablar y decidir sean innegociables y que si hay alguien que podría explicar lo que pasa en la política boliviana era Cachín Antezana.

Ahora sé que Zavaleta estaba escribiendo "cuatro conceptos de la democracia" y que se comunicó con Cachín para que escriba en "Bolivia, Hoy". Dos libros que nadie puede perderse. Obviamente, yo no tengo nada que ver, estaba pasando mi adolescencia con muchos problemas, dando clases de sociología del conocimiento e historia de México, en esos rumbos. Pero Julio Mantilla estaba ahí, tutoreado y ninguneado por Zavaleta, en su Maestría en la Flacso y volviendo a Bolivia que recuperaba la senda democrática.

Me costó siete años desprenderme de México y a la vuelta, Fernando Mayorga me dio una cátedra imposible, teoría política para trabajadoras sociales, hice lo que pude. El Rector de la UMSS, recordando mi discurso infantil en su posesión como primer Rector autonomista, me ofreció un puesto de investigador en el Instituto de Estudios Internacionales, justamente el puesto que dejó el Ojo de Vidrio. Escribí sobre la doble moral de la hoja de coca y el día de su publicación Cachín vino muy contento a felicitarme por el trabajo, justo cuando recibía una llamada de Julio Mantilla. Me sugería que me presente a una convocatoria del Banco Mundial para un puesto de sociólogo en un proyecto de salud. Nunca más dejé de dedicarme a las políticas de salud y estuve presente en todas sus realizaciones importantes. Cuando los encargados del exterminio político del proceso de cambio encontraron mi nombre me confirieron el título inmerecido de delincuente por haber sido "asesor de ministros".

Pero Julio siempre estuvo al tanto de mis cosas, fue el padrino de comunión de mi hija mayor, compadre de verdad. Me citó cuando era Diputado para ofrecerme el cargo de Asesor de la Comisión de Ciencia y Tecnología. Hasta ahora me pregunto porque nunca aparece esa etapa en mi circulado currículum vitae, no sé. También me citó cuando fue Alcalde para ofrecerme la Coordinación del Proyecto de Fortalecimiento Institucional, pero lo esperé una hora en su despacho y nunca espero más de media hora a nadie. Años después volvimos a hablar, cuando me convencieron de verlo en una Clínica.

Pasaron otros diez cuando recibí una llamada surrealista, era Julio que me decía que estaba dejando su cátedra en la UMSA, precisamente la misma de hace 34 años, y que debía dejar mis papeles en la Dirección de la Carrera para la transferencia correspondiente. No era una sugerencia, era un mandato estalinista, un trámite inevitable. Agradecí su gesto y le mentí, le dije que en el día entregaría mis papeles al Pazuco, el Director de Sociología, que también figuraba entre los amigos de los tiempos idos. No lo hice por supuesto, no tengo los méritos, peor entre esa clase de gente.

Hace apenas unos días recibí un nuevo llamado de Julio, estaba en Sipe Sipe y lo habían invitado a un encuentro en Colombia al que no podía asistir, me pidió que lo represente. Le dije que me alegraba mucho oírlo tan cuerdo y lúcido, como antes de fuera sometido al escarnio de la persecución política democrática, luego de su brillante paso por el Gobierno Municipal de La Paz. Le dije que esas invitaciones no se delegan, que lo iría a ver pronto porque Cachín quería hacer un DVD sobre René Zavaleta. Poco después murió y se llevó una gran parte de mí.