viernes, 24 de agosto de 2012

¿SERVIDORES PUBLICOS O LIDERES POLITICOS?

Álvaro Jordán
aaojordan@gmail.com

En la oposición cruceña, al autoritarismo de Evo Morales, existe una permanente queja por la ausencia de liderazgo, fenómeno que se intenta explicar como una ausencia de carisma en los representantes, por la ausencia de capacidad para generar propuestas, como consecuencia del colonialismo cultural interno o como resultado de la actividad sectaria de los grupos de poder, cerrados y abiertos, que han impedido el desarrollo del pensamiento en la región.

Estos razonamientos, todos, en parte tienen razón, pero el problema es de una profundidad mucho mayor. Este fenómeno tiene un alcance mundial y tiene que hacer con la pérdida de correspondencia de las relaciones de producción del sistema capitalista en su fase imperial, que se agota, con las nuevas condiciones de existencia de las fuerzas productivas del emergente sistema humanista.

El colapso del sistema del capital estatal, más conocido como "sistema socialista en su fase imperial", dejó el liderazgo mundial en manos del sistema del capital privado en la forma de economía de mercado globalizado.

Sin embargo, en muy pocos años este sistema ha entrado en una crisis, que tiene todas las características de ser terminal, la que en el campo político se identifica como la crisis de las macro políticas del sistema. En otras palabras se está hablando de las insuficiencias del liderazgo político, esto es la inocultable incapacidad de los partidos tradicionales, de derechas e izquierda, incluyendo sus alas radicales, para plantear soluciones y como consecuencia de ello está la ausencia de líderes políticos.

En Bolivia se produce el rompimiento del sistema capitalista con el desplazamiento de los partidos tradicionales, en su momento identificados como sistémicos, para dar lugar a un movimiento político cuya bandera era el cambio, apoyado en el reconocimiento de los pueblos nativos tradicionalmente marginados del escenario político y de los beneficios de la civilización, con una oferta inicial de ampliación de la democracia representativa hacia una democracia participativa, el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos nativos, el equilibrio del ser humano con la naturaleza, la generación del poder desde abajo, en fin una serie de planteamientos que despertaron gran simpatía en los sectores mayoritarios de la República.

La toma de conciencia para la realización de los cambios sociales requiere condiciones de vida que posibiliten la agitación política. Las primeras, condicionaron el fracaso de los partidos tradicionales y las segundas, posibilitaron la toma del poder por parte del Movimiento al Socialismo.

Si bien es cierto, muy poco es lo que se ha avanzado en la realización de los cambios, lo importante es que se los ha introducido en la reflexión pública y, ante el agotamiento político del Gobierno, su realización queda como tarea inexcusable para la renovación gubernamental. Dicho de otra forma las dirigencias políticas del Gobierno actual han fracasado en la realización de los cambios.

La incomprensión de la profundidad del cambio ha llevado al proceso por un camino sin salida. Por un lado se ha reconocido el carácter plurinacional del conjunto boliviano, pero las veleidades hegemónicas, los complejos raciales y los resentimientos sociales han colocado barreras insalvables.

La autodeterminación de los pueblos, reconocida constitucionalmente, ha sido totalmente deformada. El contenido colonial españolista de la República ha sido reemplazado por un Estado paternalista, que rescata un contenido colonial de cultura aimara y economía burocrática y delincuencial-masista. Para ello ha desconocido la amplia mayoría mestiza, de 2/3 de la población, confirmada en repetidas encuestas realizadas entre el 1996 y el 2006. También, en el censo poblacional del 2001, se los desconoció y vuelve a repetirse en el proyecto del censo del próximo noviembre. Este sector tiene peculiaridades propias en cada departamento, por su mestizaje con etnias diferentes, por lo que es probable que en cada uno se llegue a exigir su reconocimiento en forma separada.

El afán por justificar la imposición de la hegemonía colonial aimara también llevó al gobierno a desconocer las distintas nacionalidades quechuas y aimaras presentes bajo estas lenguas genéricas. Así se ha negado la existencia de importantes naciones como la Yampara, Q`ara Q`ara, Chichas, Kullaguayas, Carangas, Pacajes, Uru Chipayas, entre otras, quienes también reclaman su inclusión en la Constitución y el Censo.

En resumen, el carácter plurinacional de la Constitución desaparece bajo la autoridad de un Estado centralista, cuya esencia política y económica se encuentra en la expansión de los intereses de las federaciones productoras de coca del Chapare. Siendo considerada la coca como estupefaciente por la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, de la ONU y al no cumplir el Gobierno con dicha Convención, esta expansión incorpora al Estado boliviano al círculo de la economía globalizada en la forma de un Estado delincuencial, cualidad intrínseca de los Estados fallidos de la crisis terminal del sistema.

Luego del reconocimiento y aceptación de pertenecer a una sociedad conformada por una pluralidad de naciones con culturas, historias, lenguajes y religiones diferentes, así como con derechos territoriales y con intereses diversos, es evidente que este complejo conjunto de diferencias ha sido la causa por la que Bolivia después de casi 200 años de independencia no ha podido ponerse de acuerdo para avanzar coordinadamente, originada en las pretensiones hegemónicas dominantes de todo Estado centralista. Después de esta larga historia de permanente abuso y discriminación sobre las minorías nacionales y regionales, es claro que la única posibilidad de convivencia armónica es a través de un nuevo replanteamiento orgánico-estructural que coloque en la base el derecho a la autodeterminación de los pueblos y que brote desde las mismas bases.

El cambio de fondo, indispensable para sostener una política de auto reconocimiento de la diversidad nacional, así como de respeto mutuo, garantía de una unidad al margen de cualquier pretensión de imposición de una cultura sobre las otras, es mediante la eliminación del paternalismo del Estado , lo que implica la generación de la autoridad desde las bases con un control permanente de ellas, es lo que la Asamblea del Pueblo Guaraní plantea como "el poder desde las bases", estableciendo el respeto al diálogo como principio fundamental de relación interna y garantía existencial de una sociedad pacífica y humanista.

Los partidos políticos y sus líderes son parte estructural del sistema del poder vertical del Estado, razón por la que la crisis del sistema de economía globalizada, sostenido por el poder centralizado, coloca a sus estructuras políticas en cuestión y los partidos, así como sus líderes, pierden su razón de ser.

Con la conformación de la sociedad humanista la administración pública estará gestionada por representantes de las bases, permanentemente vigilados por las mismas en el cumplimiento de sus responsabilidades, esto es que serán verdaderos servidores públicos, atentos a la voluntad de sus mandantes y no manipuladores políticos al servicio del centralismo del partido y del Estado, origen de la corrupción generalizada del sistema. El nacimiento de los servidores públicos significa el nacimiento de una sociedad horizontal y solidaria, donde los individuos desde la base exigen el reconocimiento y respeto de las diferencias nacionales, regionales y culturales, requisito indispensable para la construcción de una sociedad humanista.