domingo, 2 de septiembre de 2012

EN EL MES DE SANTA CRUZ

Carlos Tony Sánchez
tonysanchez_77@hotmail.com

El ser "cruceño" hoy, tiene muchas acepciones, aristas es decir poco. Nacer en esta ubérrima región de Bolivia, o sentir por este departamento, tiene sus connotaciones.

Nacer, para bien o para mal, porque no todo el nacido en Santa Cruz le ha hecho bien a su gente ni a su tierra. Estos debieron haber nacido en el desierto del Gobi, donde no hay nada que robar ni seres humanos a quienes pisotear. Y los bien nacidos, son paradigmas olvidados y residenciados en estatuas urbanas, para estas nuevas generaciones con progenitores ilegales en España.

Y sentir, porque no todo sentimiento ha nacido en límpida frente y gran corazón. Sino más bien ha sido engendrado al calor de las amenazas a un "establishment" indecoroso, de estilo victoriano, aunque criollo, de unos cuantos vivillos.

Así pues hay quienes viven dentro de los límites artificiales – pues eso son – de este departamento, que nacieron para bien o para mal y otros que vinieron, allende los mares y los montes, para bien o para mal.

Y vivir es engendrar, lo es también morir (según "Gabo", premio Nóbel, uno no es ningún lado hasta que tiene a alguien suyo enterrado en esa tierra), asimismo lo es triunfar y fracasar, protestar o callar.

Y aquí viven y sienten los buenos, los malos y los feos. Como en Tokio, Nairobi o Taipei.

Hace unos años atrás, con motivo del alicaído día de la tradición cruceña, unas damas entusiastas de comité cívico femenino de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, visitaron, vestidas de tipoy, la ciudad de Vallegrande, preciosa población de los valles cruceños, con el propósito – sano – de festejar a la tradición cruceña. Se encontraron con la sorpresa de los habitantes vallunos, que no gustan de vestir de esa manera y cuya música dista mucho de las cada vez más relegadas bandas de trompetistas, tamboreros y bomberos que usualmente despiertan la vecindad a altas horas de la madrugada, más allá del 4to. Anillo…donde todavía hay "taitetuses". Así pues el evento interprovincial fue un fracaso, tanto que hasta la fecha no se ha repetido.

Notoriamente, se ha pretendido imponer una forma de pensar acerca de lo que significa "ser cruceño". Hay algunos oficiosos (as) que a nombre de todos los estantes y habitantes se arrogan la identidad cruceña, desde su propia perspectiva. Su elitismo – rayano en la ingenuidad, por una parte, y la soberbia, por otra – desmerece infelizmente, los mil y un rostros de la cruceñidad.

Un buen día y durante un tiempo, desde los desventurados medios masivos de comunicación, se dieron a la tarea de reforzar "el hablar cruceño", relievando el uso de la jota en reemplazo de la "s" para diferenciarse - dizqué – de los collas, que gustan de ese sonido sibilante y en el pobre entender de los defensores de la identidad cruceña ( de "esa identidad"), esto reforzaba la construcción de una sólida identidad etno-cultural. Una señorita historiadora afirmaba locuazmente que los "cambas"eran orgullosos por su "raza" (¡!), semejante afirmación, por supuesto no mereció respuesta alguna de algún sujeto racional y mínimamente estudiado y sensato.

En una ocasión observé un breve como explosivo debate entre un cantor y compositor citadino con un laureado escritor local, acerca de un nuevo ritmo llamado "Brincao" que a la sazón, en sus letras exalta las infidelidades conyugales del hombre cruceño y carnavalero, para desventura de las madres y esposas cruceñas. Este cantor, le exigió con aires de suficiencia a su paisano escritor, que dijese "brincao" y no "brincado" con el que el literato se refería al nuevo ritmo. Al académico, no le quedó más que poner en remojo la lengua madre, en aras de zafarse de esa incómoda situación.

No es sólo mi impresión que el "puej", el majao y la tamborita se pierdan a pocos kilómetros al sur de la ciudad, cuando los sequedales y las altas temperaturas del Chaco cruceño establecen su soberanía. Allá es con vino, churrasco y con chacarera. Porque simplemente hay cruceños en el sur, así como en el oeste, diferentes al estereotipo desgastado y "pujuzó" de quienes tozudamente, intentan recomponer sus maltrechas poltronas para retozar – otra vez – en su pasado aúreo y corrupto.

En otra ocasión una conductora afamada de un programa de alto rating, le preguntó al ministro de Evo, hoy ex y entusiasta opositor, porqué odiaba a los cruceños, a raíz de las expropiaciones de tierras a algunos terratenientes del Alto Parapetí y otros lugares del departamento. La respuesta de este funcionario fue otra pregunta a la entrevistadora: Acaso no considera Ud. – señora - a los originarios (guaraníes, guarayos, etc) como cruceños ?.

Y es que, a la verdad, hasta hoy los líderes departamentales, a excepción de unos pocos adulones, son "cognone" para los ayoreos o "karaís" para los guaraníes. Viceversa, las élites intentan "cruceñizar" a los indios.

La identidad cruceña está en formación – inequívocamente -, pero hay quienes robaron el pan, antes de siquiera amasarlo, para ofrecerlo arteramente a las masas,

Y así, son innumerables las situaciones cotidianas que en esta ciudad, tan ínclita como La Paz, nos muestran esa artificial confusión acerca de lo que significa ser cruceño hoy.

Ponerse una camisa chiquitana – por ejemplo e indudablemente – conlleva una identificación, pero no a lo cruceño, pese al esfuerzo por imponer una moda adoptada por quienes, en el pasado fueron patrones – no siempre benévolos – justamente de los indios "chiquitos" y de otros habitantes de la selva, los cuales no usan camisa. Y a que santo, diría mi abuela Lucía Bustillos Ojopi, natural de las riberas del Mamoré.

Pese a ello, no deja de motivar una sonrisa condescendiente, el recibimiento "cálido" a los seguidores de un señor y su comitiva de la 9na. Marcha indígena, flanqueado por el "club de los Willys", que como es sabido, son vehículos de colección montados por unos individuos bien vestidos y ungidos, que gustan de coleccionar movilidades antiguas. Cuestión de status, y no de los cruceños, que ese día estaban trabajando.

Por mi parte, con una bella mujer cruceña por esposa y un par de hijos cambas, enfoco mis esfuerzos pedagógicos en la construcción de la identidad cruceña, que creo yo, es y deberá ser multifacética, pluricultural y multilingue y otros multis más. Yo, viejo caimán beniano, no me las trago, cuando los autonombrados defensores de la cruceñidad abren la palestra para defenestrar todo avecindado que no huela a Pierre Cardin o que piense diferente a los dueños de las Cooperativas. Y se denominan "demócratas" y defensores de la libertad. A otro perro con ese hueso.

Creo que no existe otro lugar en Bolivia donde existan tantas bellas mujeres, como por estos "laos", tan bellas son que sin lugar a dudas no debieran ser enseñadas a desnudarse para mostrar sus atributos; con seguridad la frivolidad y la indecencia (como lo son unas nalgas de 4 mts, por 4 mts, en carteles públicos) no es característica, sino de un grupículo minúsculo entronizado en los ámbitos del poder local.

Un buen día, porque sí lo fue, mi hijo, que leía su texto de historia de 5to. Básico, me preguntó porqué debía cantar a Ñuflo de Chávez y sus huestes, si estos fueron invasores y esclavizaron a su probable tatarabuela y que significaba el "hado" benigno de una España grandiosa, siendo que gustaron de saquear y asesinar similar número de personas a las que el Fuhrer eliminó con la cuestión de la "solución final" (pues vió la "Lista de Shindler" y sabe del "Diario de Ana Franck") y finalmente me preguntó como fue posible, usar el "signo de la redención" – pues él, cristiano es - para justificar la esclavitud y la matanza del prójimo, a pesar de lo que dice su santidad, el Cardenal.

Como es de universal aceptación, esa historia, la nuestra, está escrita con sangre y pólvora, con sudor y sacrificio extremo. El inigualable "Cañoto", daría su cabeza a ser cortada, antes de pulsar en su guitarra loas al invasor español. Lo mismo, Lemoine, Seoane y el "Colorao" Mercado. Así pues, hijo - le dije -, haz lo que tu conciencia dicte y tu razonamiento consienta. "Siempre libres cruceños seamos".

Entretanto, redoblo mis esfuerzos docentes y mis amores por esta tierra, convencido de que hay otras formas de amarla que replicando los amores ajenos y "enturbiaos". Que viva Santa Cruz, no solo la de la Sierra, sino La Nueva.