miércoles, 12 de septiembre de 2012

ENTRE IRACUNDOS Y FRENETICOS

José Pastén Burgoa
pastenburgoa@hotmail.com

La historia boliviana guarda en sus anales un sin número de personajes que marcaron época por sus dones, habilidades, imposturas y frases célebres. Quienes habitan tierras bajas (denominativo supuestamente ecléctico)están familiarizados con ese hombre de pelo blanco, impredecible, gracioso, pintoresco, un volcán que se enciende con toda la furia telúrica, un lisonjeador, piropeador y amplio en la demostración ante el agrado de la naturaleza corporal. El es el alcalde cruceño, popular, bizarro y atípico personaje Percy Fernández.

Es un hombre que despierta sensaciones encontradas, casi hipnóticas pero volviendo al mundo real, despiadado con sus enemigos, lapidario con los que no lo quieren, irónico con los que se atraviesan por su camino, incansable en el trabajo, con una mística laboral sólida y una visión de progreso casada y unida al cemento de la construcción.

No es una novedad que en actos públicos y en conferencias de prensa pierde los estribos y "basurea", "ningunea", "mella" a cuanto presente se encuentre y que no guarde relación y compostura con la ocasión, peor si se le pregunta algo que esta fuera de foco o considerado desatinado. Esa es la mecha que hace estallar a la bomba humana llamada Percy.

Reporteros, periodistas, fotógrafos y propietarios de medios de comunicación, en particular, impresos, ya han recibido un alud de improperios, alusiones poco decorosas, sapos y culebras traducidas en insultos procaces ante el auditorio que escucha estupefacto mientras sus colaboradores cuan mastines atentos no hacen otra cosa que sonreir y festejar tal o cual ocurrencia.

Nada nuevo o exagerado se enuncia en este artículo. Percy Fernández es un político impredecible, posiblemente con gestión mas que regular, con luces y sombras pero su comportamiento, su "actitud" lo hacen trastabillar y a veces su boca parece no coordinar con el cerebro desprendiéndose una ráfaga de apelativos indecorosos que ofenden y aturden a propios y extraños, aunque los "ofendidos" nunca aprenden y en breve vuelven a ponerse como carne de cañón y enfrentarse al alcance del licántropo.

Quien le pone el cascabel al gato? Quien frena a este pintoresco loco? Hasta cuando seguirán ocurriendo estos chascarros, monsergas y confrontaciones? Nadie lo sabe. Posiblemente una vez finalidad su gestión, pero también parece que a nadie le importa estas reacciones y pulsetas políticas. Recientemente un puñado de reducidos concejales "rebeldes" fueron desplazados pagando caro el haberse enfrentado al "jefazo".

Por la propia salud del alcalde cruceño, de su familia que debe convivir con un ser atípico, por su entorno de asesores, allegados y dependientes que deben vivir con el Jesús en la boca, pastillas tranquilizantes y bailar la música con el volumen que el jefe quiere, por aquellos trabajadores de la prensa que fueron aludidos y basureados, el burgomaestre debe tener por lo menos unos centímetros de autocrítica, controlar los nervios, aprender a dormir con el enemigo y dejar de ofender a los pobres reporteros y fotógrafos porque puede crearles serios traumas por las cosas que les dice. Dicen que como persona es un ser formidable pero como autoridad municipal hay que pensarlo dos veces si es que decide postularse en las próximas elecciones municipales y ¡cola e peji! para los indómitos.