viernes, 23 de noviembre de 2012

DESCOLONIZACION, RACISMO Y PODER

Álvaro Jordán
aaojordan@gmail.com

El tema de la descolonización es un planteamiento político central del programa del gobierno boliviano, tema con el que, de alguna manera todos estamos de acuerdo, pero con interpretaciones diferentes. Para los capitalistas de estado, más conocidos como internacionalistas de izquierda, es la lucha contra las imposiciones del imperialismo norteamericano; para los capitalistas privados, también conocidos como neoliberales, es la lucha contra las imposiciones secantes del imperialismo socialista. En la época del coloniaje europeo en América fue conocido como la lucha por la independencia del continente, particularmente para Bolivia, contra el coloniaje español; la guerra contra el fascismo, del 1939 al 1945, fue una guerra imperial por una nueva distribución de las colonias y en la segunda mitad del siglo XX se dieron las guerras de liberación del tercer mundo colonizado y naciones sometidas por los imperialismos del capital privado y estatal.

En realidad el colonialismo es tan antiguo como la civilización misma. Nace con la aparición del poder. Éste es el requisito indispensable para el sometimiento de la voluntad del ser humano a la de otro ser humano. Las luchas por los derechos de la mujer, las luchas contra los fundamentalismos religiosos, contra el esclavismo, la necesidad de la descolonización cultural, los reclamos contra la hegemonía de los trabajadores mineros en las Central Obrera Boliviana, contra la hegemonía de clase en toda la estructura sindical mundial, las rebeliones apartidarías de los indignados y de la primavera árabe, en fin, es la rebelión de los sometidos contra las imposiciones del poder, son otras formas de las luchas contra el colonialismo. Los afanes descolonizadores de la humanidad es una manera de manifestarse el proceso de humanización, que se hace presente cada vez con mayor fuerza en las reivindicaciones de los sometidos a las arbitrariedades del poder.

La diversidad étnica y cultural de Bolivia y los antecedentes de los nacionalismos homogeneizantes de la identidad nacional, después de dos siglos de amargas experiencias, nos dejan convencidos de que el nacionalismo, independientemente de las ideologías, sólo es el pretexto necesario para imponer los intereses y la voluntad de la elite gobernante sobre los nacionalismos de las minorías y de la imposibilidad de una coexistencia armónica y equilibrada en la diversidad, en un régimen de poder centralizado.

En el gobierno de Evo Morales, el planteamiento descolonizador también conforma un frente colonizador, constituyéndose en el instrumento de la consolidación del poder personal del Presidente. El discurso anti imperialista se concreta con la expulsión del Embajador Norteamericano, de la DEA y otros. El discurso contra el coloniaje español expresa resentimientos de revanchismo contra los 300 años de imposición colonial española y 200 años de sometimiento a una élite oligárquica, es el colonialismo interno que en otros trabajos hemos caracterizado con un contenido cultural españolista y al servicio del centralismo paceño, casta racista, blancoide que desconoció la ciudadanía de los nativos, responsable de la desmembración nacional y se consolidó sobre la explotación de marginados nativos, campesinos, grupos sociales, sectores regionales y otros.

En la actual etapa de transición se hacen ofertas reivindicativas fantasiosas. Todavía el poder dispone de recursos que le permiten reconfigurarse para asegurar la continuidad de la explotación y del enriquecimiento ilícito. Es lo que en Bolivia sucede con el Movimiento al Socialismo cuyo proceso en sus inicios de contenido aparentemente anticolonialista, indigenista, mezclado con indianismo, socialismo y ambientalismo ha devenido en un pachamamismo, que llena la boca con esas reivindicaciones, sin embargo su esfuerzo principal está orientado al fortalecimiento del poder para consolidar un gobierno de contenido racista, colonialista y desarrollista. Racista por haber hecho aprobar una Constitución Política del Estado con tres categorías de ciudadanos: los indígenas, los interculturales y los otros; situación que se confirma una vez más con la imposición de un censo racista y, como el vulgo dice, político, cuando se trata de planteamientos cínicos, al discriminar a la mayoría mestiza e imponer en Beni una etnia no existente en reemplazo de las ancestrales.

Colonialista, porque, aparte del colonialismo partidario en la estructura pública, más conocido como sectarismo político, impone el sometimiento de los distintos pueblos a la hegemonía aymara y quechua, identificado como colonialismo interno aymara, algunos con una arrogante agresividad etnocida le llaman "Poder Kolla", en reemplazo del colonialismo españolista. Desarrollista porque se ha integrado a la estructura de explotación internacional con el aprovisionamiento de materias primas como es la política de defensa de la coca, materia prima de una de las transnacionales más poderosas del planeta: el narcotráfico; la exportación del gas en desmedro de la atención a las necesidades internas o la construcción de una carretera internacional, entre el pacífico y el Brasil, para el transporte de la producción transnacional, olvidando que con ello destruye la riqueza biológica de uno de los parque nacionales más importantes de Bolivia: el Parque Nacional del Isiboro Sécure, y condena al etnocidio a los nativos mojeños, yurakarés y chimanes, verdaderos dueños del parque.

La simbología aymara dispuesta por el estado, así como la centralización de la educación son otras expresiones del colonialismo cultural impuesto por el gobierno del Movimiento al Socialismo, pero lo grave es la política de ocupación física de las tierras de los cambas por los kollas, así como las políticas de restricción de los recursos que pertenecen a los departamentos, ya que constituyen acciones que impactan directamente en los derechos naturales de la población de la cuenca amazónica y platense y amenazan la existencia de sus pueblos, transformándose en argumentos divisionistas de la heredad nacional promovidos por el estado colonial-aymara.

Las luchas de los ancestrales pueblos kandirenses por la descolonización han sido de un nivel de consciencia política extraordinaria, fue de cerca de 400 años la duración de la guerra de la Chiriguanía libre contra el colonialismo español y del españolismo republicano. De la región amazónica-platense nació la exigencia de modificación de la Constitución que reconozca el derecho a los territorios de los pueblos de todo el País y por la descolonización republicana. Las luchas por el federalismo y las reivindicaciones de los intereses regionales fueron hechos permanentes en la llanura, los que junto con la guerra federal del traicionado Zárate Villca constituyen los hitos más importantes contra el colonialismo.

Fueron los antecedentes sobre los que se apoyó el pueblo boliviano en la lucha por la libertad, ofrendando muchas vidas para acabar con el colonialismo republicano. Una vez más la falacia se ha impuesto en la ya desacreditada política boliviana, ya que el MAS a la cabeza de Evo Morales se apropió del movimiento anticolonialista para imponer un nuevo colonialismo, ahora de carácter indígena, el pachamamismo aymara, aliado con sectores cada vez más desembozados del empresariado colonial y el capitalismo de estado, ambos responsables de la crisis terminal de la civilización, antesala del humanismo superior.

Es indispensable reconocer que los intereses de los nativos y de los sectores mestizos marginados por el colonialismo republicano y, ahora, nuevamente marginados por el pachamamismo aymara tienen el mismo interés libertario para impedir la consolidación del nuevo colonialismo del MAS.

Bolivia sólo será salvada del colonialismo, el divisionismo y los abusos del poder con la conformación de una estructura gubernamental colectiva y de iguales, con una administración en red, de carácter dialogal y obediente a los mandatos de las bases.