lunes, 3 de diciembre de 2012

PERDON, PERO NUNCA OLVIDO

lavive yañez simon
lavivey@hotmail.com

Hay tantas cosas por decir, pero más cosas por hacer que las palabras salen sobrando. Es válido hablar y discutir cuando de ello se pueda hacer algo. Tomare para el análisis "la masacre en Santa Rosa del Yacuma" perpetrada el 20 de septiembre del año 2001. Los corruptos del poder, de esa época, envilecidos por el éxito digno de sus adversarios que lograron el 51% de los votos; al ser descubiertos en sus fechorías, arremetieron contra gente inocente e indefensa manipularon, corrompieron la justicia, mataron sin discriminación alguna a un pueblo que defendía su voto, evitando una censura irregular, desprovista de legalidad, perpetrada por un sistema electoral corrupto, y apañada por una justicia sometida al poder político.

Como hojas secas, quedaron las ilusiones de justicia, de castigo, para quienes, como hoy, desde el poder político, siembran delitos, extorsionan, matan, a la sombra de la impunidad; infestados de odio y ambición y carentes de valores, como en todos los tiempos (Ostreicher, Chaparina, Caranavi, Rosza). Como olvidar cuando hay heridas, que ya no sangran pero que aun duelen. Veo, con la misma impotencia e indignación de ayer, los abusos a los verdugos, que son las victimas de hoy. Esto nos muestra que la justicia siempre estuvo tomada por el poder y que la vida es una ruleta, donde tu suerte depende de la voluntad de quienes la manejan. Es por eso importante nunca olvidar mientras subimos, quiénes somos y de dónde venimos.

La irracionalidad de hoy, me hace recordar lo vivido. Quise ser irracional, violentar mis códigos internos por el dolor y la impotencia de tanta violencia esgrimida por el poder. Pero convencida, que la violencia, así como la delincuencia, se convierten en un estilo de vida, que ninguna cárcel podrá corregir, decidí liberar mi corazón del odio que genera la venganza y ser proactiva, luchar contra el grillete que arrastran los fracasados en complicidad de algunas almas corrompidas de cepa servil ante el poder, y evitar que hagan de Bolivia un campo de concentración donde la única razón es la irracionalidad.

Y aquí estamos, meditando y discutiendo para el auditorio y la prensa, manipulando las mentes frágiles de un pueblo que no lee ni observa, es una práctica que a los políticos fascina, tanto que a veces creen que están haciendo algo a favor de otros para olvidar lo que fueron. El pueblo sin memoria hace culto a las sombra de los "lideres" encendiéndoles la vanidad que los lleva a una desmedida presunción de su sombra; la imagen. Olvidan que la sombra no tiene imagen y erróneamente invierten en decir lo que son y no hacer lo que son, confundiendo de esta manera la percepción de los votantes alienados, quienes profundizan su error en las urnas.

Discursos van, análisis vienen, lo cierto es que Bolivia es una nación de críticos inactivos, domesticados para servir a los de turno, con discursos que confunden y blasfeman por la incongruencia en las acciones que son las que determinan la historia. La educación que es el bisturí para erradicar el cáncer de la mediocridad, no incide positivamente, porque le han grabado en su carácter la domesticidad, y los padres, en lugar de protestar frente a esta formación de caracteres serviles, se someten, amordazando de esta manera la dignidad. Entonces, la esperanza que a partir de la familia podamos construir una sociedad nueva, también se pierde, en el tejido social contaminado.

La globalización no solo afecto a la economía de mundo, también los valores fueron trastocados por el precio del mercado. Partiendo de esta premisa concluimos, que ni los cambios del discurso, ni los cambios en el pensamiento podrán ayudar sino se traducen en acciones. Una de las experiencias más tristes que ha sufrido Bolivia, habiendo tenido tantas, ha sido precisamente la de los discursos generosos, con la intención de encubrir acciones criminales.