miércoles, 16 de enero de 2013

TODOS SOMOS CORRUPTOS

Carlos Tony Sánchez
tonysanchez_77@hotmail.com

El título fue inspirado por un valiente artículo de autocrítica del teólogo protestante Samuel Escóbar ("Todos somos racistas") de hace como 30 años, creo; me pareció apropiado usarlo – sin permiso y a conveniencia (lo cual también es corrupción) – para provocar ipso facto, lo que en mí, aquellas palabras produjeron: una respuesta inmediata del alter ego : "Pero yo, no "

En el viejo siglo 19, el sociólogo Weber afirmaba –al hablar de la corrupción- que el poder cambió de manos aristocráticas a democráticas, entendiendo que lo anterior era patrimonialista y lo otro no, pues debería responder (el poder corrupto) a la nación. Theobald, fué más allá al afirmar que pese a aquello, las relaciones familiares permanecen, de un sistema a otro, replicando la corrupción. Ay, sino lo sabremos - con sangre - los bolivianos.

El ser corrupto, es una condición sine quanon, para llegar a llamarse ser humano. El ser transparente es – por el contrario – una de las condiciones a la que aspira todo ser humano superior.

No es necesario esfuerzo alguno para llegar a ser corrupto, lo llevamos en la sangre, es genético; sino nace - en el devenir del espíritu caído -, la rebelión contra este estado, éste permanecerá o desarrollará la condición infeliz a lo largo de una existencia nociva, para todos los mortales y la mismísima creación.

Sólo el Omnipotente podrá decir, con propiedad moral, "quien nada tiene, nada teme", pues no hay, ni habría mortal alguno que no fuese avergonzado por sus pecadillos de alcoba, de ciudad o de las páginas Web . ¡ Miserable de mí, quién me librará de este cuerpo de muerte ¡ exclamó - angustiado -, el apóstol a los gentiles en el libro " A los Romanos".

Hay quienes sucumben (y hacen bien) al anhelo interno de llegar a ser, mejor que el Adán ( sabe Dios qué día), -luchando toda su vida -; es decir, aptos para escuchar solamente a la conciencia divina, inserta en los vericuetos de la masa encefálica humana, y no al ofidio perverso (como sea que se presente) y a su sensual acompañante de turno (como sea que se presente). Quisiera creer que los primeros, son aquellos a quienes - el dramaturgo Brecht - llama, los imprescindibles.

La red de corrupción descubierta en el aparato gubernamental, no me sorprende, a pesar de los esfuerzos mediáticos y de los sacrificios simplones de una vasta red de parlamentarios y locutores políticos de insigne mediocridad, que solo atinan salir a la palestra para "comentar".

A mis cuarenta y doce, no he visto gobierno libre del flagelo de la corrupción, aunque es en este, donde – sin llegar a ser exento – se puede ver varios rostros de corruptos detrás de los barrotes de hierro, otros en desbandada y algunos recostados plácidamente en las playas de Miami, tomando su Daiquiri matutino.

Que yo sepa, los gobernantes de siempre, nos enseñaron a los ciudadanos (que todavía conservaban los viejos consejos de los abuelos, no seas ladrón, entre otros), nos enseñaron decía, a institucionalizar "el cuarto de hora" y "el hacer agosto". De tal forma que ya es una característica del boliviano el actuar fuera de las normas éticas que subyacen en una sociedad superior.

No hay lugar donde no campee la corrupción. Mamar, es un término migrante: de succionar el pecho materno a actitud engañosa, solapada y tolerable. Yo ya no compro papas ni tomates, porque "me ven la cara" y me maman. Tampoco tomo taxi, por las mismas razones, etc., etc. Diríase que hasta el erotismo de la WWW,(como si alma tuviera) me persigue para corromperme.

A mi modesto modo de ver, la ausencia de personas que declaren abiertamente su arrepentimiento por sus actos de corrupción, solidifica aún más este mal endémico. Todos son inocentes, ¡ dizqué ¡, desde los funcionarios públicos de alto rango, hasta quienes roban material de escritorio, venden notas, compran DVD´s piratas, hacen huelga de hambre con almendras o coca en los bolsillos y los que se solazan, muy a pesar del aro de su dedo anular, en la piel sintética en la cual suelen enfundarse las parroquianas. En fin, la lista Guiness no le es desconocida, amable lector.

La nuestra es una sociedad Jekyll, resignando esfuerzos por encontrar el antídoto a su acosador interno, Mr. Hyde; entonces mas temprano que tarde, el monstruo perverso será quien predomine eternamente.

Ojalá reencarnara en nuestra nación, el espíritu del Elías veterotestamentario, cortando las cabezas de 400 corruptos, del Juan Bautista demandando arrepentimiento y advirtiendo el castigo con fuego, a príncipes, religiosos y todo hommo sapiens corrupto; o del Dracón de Tesalia, que fue un hombre de derecho, pero derecho, que ejecute la ley de forma severa y dura. Gentes que no estimen en precio su reputación personal ni le importen los votos. Pero reencarnar es cuento chino, tendrá que ser un Pérez o un Mamani. O Smith, (vale también), quien ose enfrentar y matar al Goliath.

No hay otra forma que la aplicación férrea de la ley, para corregir nuestra conducta. Aunque este sea solo un paso inicial, pues la educación de las virtudes ciudadanas – que andan por ahí, ocultas y asustadas – deberá ser el siguiente, entre muchos, para superar el actual estado de cosas.

Yo, como en el Topáter, no me rindo. Que se rinda su abuela carajo. Jamás debiéramos resignarnos a permanecer corruptos. Entonces, no nos cansemos de hacer el bien, entendiendo éste, no como un estado plácido y contemplativo, ni como el agorerismo de los simplistas y oportunistas, sino como un acto sacrificial y edificador, militante y deliberado, en medio del fragor bélico entre nuestras dos naturalezas.