jueves, 28 de marzo de 2013

REFLEXIONES SOBRE EL COMERCIO EXTERIOR DE BOLIVIA Y EL ENCLAUSTRAMIENTO MARITIMO

Eduardo Campos Velasco
Asambleísta Departamental – UN
eduardocamposdc@yahoo.es

Será la necesidad de responder con urgencia a las condiciones coyunturales que casi siempre nos apremian o la falta de reflexión serena y responsable que nos permita diferenciar lo urgente de lo importante sobre nuestro futuro, lo cierto es que de manera invariable, acabamos asumiendo medidas que antes de favorecernos, casi siempre nos perjudican. Esta es una constante en el país que se repite de manera perversa; no sólo en temas como la reivindicación marítima o el comercio exterior, sino en casi todos los aspectos del acontecer nacional.

Diríamos que Bolivia, más allá de los problemas estratégicos no resueltos: pobreza, desigualdad, baja producción y productividad y esa lejanía de los circuitos económicos mundiales, arrastra de manera histórica una dificultad para identificar su visión de futuro, en términos políticos, económicos y técnicos, que cumpla el requisito de representar los intereses de todos y tenga posibilidad de éxito. Cada nueva gestión, cada nuevo gobierno, cree tener derecho a experimentar una serie de medidas destinadas a superar los problemas, sin reparar que no se trata de hacer la prueba y morir en el intento, sino de revertir de manera sostenida y efectiva las condiciones de sub desarrollo en la que nos encontramos. A esa situación se la denomina la falta de políticas de estado.

En ese sentido se inscriben muchas de las acciones del actual gobierno, que cree tener el derecho a ensayar soluciones - sobre todo – en los temas más sensibles, como es el caso de la necesidad de recuperar la cualidad marítima del país y mejorar la vinculación económico comercial de nuestra economía con el mundo.

La famosa agenda de los 13 puntos acordada con el gobierno de Bachelet a partir de 2006 - como todos sabemos - acabó en punto cero una vez que se produjo el cambio de gobierno en el vecino país. Cosa similar sucedió en el ámbito de las relaciones internacionales, cuando desde una postura francamente político-ideológica, se priorizaron alianzas con regímenes como los de Cuba, Venezuela, Irán y otros - todos ellos - fuertemente cuestionados en el contexto internacional por su conducta poco democrática.

Estas experiencias, claramente nos muestra que no será, haciendo la prueba que se puedan resolver, no sólo el enclaustramiento marítimo de Bolivia, sino el mejoramiento del intercambio comercial de nuestra economía con el mundo, factor este último que resulta fundamental para superar la baja producción y productividad que están impidiendo revertir de manera cierta y efectiva los niveles de pobreza y desigualdad.

Bolivia requiere generar riqueza, elevando sus niveles de producción y productividad, lo que a su vez, resultan fundamental para superar efectivamente los altos niveles de pobreza y desigualdad de sus habitantes. Los bonos y subsidios, en sí mismos, no resuelven el problema, porque mientras el futuro y las expectativas de una gran parte de la población dependan de la voluntad discrecional del gobernante de turno, nada cambiara. Hace falta generar condiciones para la reactivación del aparato productivo y la generación de empleo, única vía por la que los niveles de pobreza y desigualdad puedan ser superados. Como dice el refrán: "no es dándoles comida a los pobres, que dejaran de serlo; hace falta enseñarles a pescar (a generar su propia riqueza)

Entonces, cuando estamos hablando de comercio exterior y reivindicación marítima, no estamos hablando de preferencias político-ideológicas o un sentimiento histórico reivindicativo; nos estamos refiriendo a los factores que pueden facilitar la resolución de los verdaderos problemas de enfrenta nuestra sociedad: hambre, miseria, desesperanza, falta de oportunidades, pobreza, desigualdad. Solo visualizando que el mejoramiento de las relaciones internacionales de nuestra economía con el mundo - lo que incluye la recuperación de la cualidad marítima del país - estaremos en mejores condiciones de enfrentar los verdaderos problemas que nos aquejan como sociedad. No visualizar de esa manera ambos temas, es francamente no asumir con responsabilidad el futuro del país.

Si el análisis anterior es correcto, corresponde plantearse la necesidad de mejorar en términos globales, las relaciones internacionales de Bolivia con el Mundo. No puede ser que siendo tan pequeños - en términos económicos y poco relevantes en términos políticos - pretendamos influir en el contexto internacional con idearios sobreideologizados pregonando la muerte del libre intercambio comercial. Es inadmisible que el gobierno apueste por romper relaciones con las principales economías del mundo y privilegie acuerdos de tipo político ideológico que no le reportan beneficios concretos, cuando nuestros vecinos - particularmente Chile - forman parte de los más importantes circuitos comerciales.

El aislamiento y peor aún, el alinearse con regímenes fuertemente cuestionados por su poca actitud democrática, reducen y perjudican la participación de nuestra economía en el contexto global y tiene repercusión - como lo estamos comprobando - en el propio tema de la reivindicación marítima. Más temprano que tarde esos regímenes poco democráticos de los cuales el gobierno se jacta de ser aliado, perecerán en el ámbito del contexto internacional, comprometiendo peligrosamente al nuestro. Pequeñas economías como la nuestra, no pueden plantearse objetivos tan descomunales como revertir las relaciones de libre intercambio que rigen las relaciones del mundo; plantear desde Bolivia - como el nuevo ideario mundial - el abandono del sistema de libre comercio internacional, no sólo que no tiene posibilidades de éxito, sino que compromete la imagen del país en el contexto internacional.

Bolivia, si quiere mejorar sus relaciones internacionales - lo que implica aprovechar eficientemente el intercambio comercial con el mundo - no puede privilegiar relaciones con unos y perjuicios con otros; peor aún, si estas relaciones se privilegian con aquellos países con los que los intercambios comerciales son insignificantes y dependen de compromisos político-ideológicos. Bolivia mantiene relaciones muy fluidas con Cuba, con la que el intercambio comercial es ínfimo y desecha mejorar las relaciones con EE UU, economía que importa bienes desde Bolivia por un valor superior a 1.700 MM de $us/año.

Pero los errores y falsas alternativas no sólo se manejan en el ámbito político, también el ámbito técnico. Se habla de los corredores bioceánicos, como parte de una estrategia de integración subregional, cuando lo que corresponde es referirse a la vinculación carretera y férrea del corazón del continente sudamericano con los puertos del Pacífico. No es evidente que el comercio sub regional dependa de la conclusión de la carretera que une Santos (Brasil) con a Arica (Chile); lo que hace falta es vincular la producción – principalmente agropecuaria - de varios Estados brasileros del oeste (centro y sud), colindantes con Bolivia a los puertos del Pacifico, pasando por territorio boliviano. Rondonia, Matogroso y Matogroso del sur, los tres más importantes productores agropecuarios del Brasil, requieren acceder al Pacifico para facilitar y mejorar sus exportaciones a países asiáticos, principales importadores de sus productos. En términos generales, Brasil exporta a las economías asiáticas unos 30.000 millones de $US/año. Por su parte, Paraguay, otro vecino urgido de salir al Pacifico, el año 2011 exportó un total de 11.000 millones de $US solo en oleaginosas. Es esta producción destinada a la exportación que requiere salir al Pacífico para dejar de hacer lo que en la actualidad hace, salir al Atlántico, teniendo luego que realizar una vuelta ya sea por el canal de Panamá o pasando por el estrecho de Magallanes.

Esto es lo que se pretende superar con la consolidación de los corredores del centro de Sudamérica al Pacifico; permitir bajar costos y tiempos en el creciente incremento de la exportaciones de Sudamérica a las economías asiáticas. Otras alternativas, como los puertos fluviales sobre el rio Paraguay (Puerto Aguirre) y la zona franca en Rosario (Argentina) sin ser desdeñables, no resuelven el sentido del flujo comercial privilegiado, que es llegar al Pacifico.

Ahora bien, si esto es así, la salida a los puertos del Pacífico, se constituye en un imperativo de nuestros vecinos, Brasil y Paraguay fundamentalmente, en incluso el norte argentino, a los que se suma la aun pequeña producción boliviana que también tiene el mismo sentido. Es ese impulso económicos comercial del continente, que Bolivia debiera aprovechar para resolver el tema del enclaustramiento marítimo, considerando que los puertos más cercanos y viables para facilitar las exportaciones con rumbo a los países asiáticos, son los puertos de Antofagasta, Mejillones, Iquique y Arica. No ver así la situación económica comercial y la reivindicación marítima de Bolivia, es no entender lo que está sucediendo. Plantearse el traslado de las exportaciones por puertos peruanos, en estricto sentido no es una solución, sino apenas una amenaza, que difícilmente podrá hacerse realidad.

Las rutas de comercio, ahora y antes y en cualquier parte del mundo, privilegian siempre los tramos más cortos y accesibles. Suponer que una decisión de carácter político, producto de las malas relaciones del gobierno de Evo Morales (Bolivia) con el régimen de Piñera (Chile) podrán cambiar el sentido del comercio exterior es esta parte de la sub región, adicionándole 300 kilómetros, con los consiguientes perjuicios en tiempos y cotos, es no entender el comercio internacional y lo peor para nuestro país, es postergar una gran oportunidad para que en el ámbito de esa emergencia económica comercial favorable podamos recuperara la cualidad marítima perdida.

Bolivia, en el marco de una autentica política de estado, concertada con todos los actores internos del país, debiera proponer una solución al enclaustramiento, aprovechando esa presión que ejercen intereses económicos de nuestros vecinos, principalmente el Brasil, planteando con la mayor claridad posible, la recuperación de su cualidad marítima y no "enredarse" en iniciativas como esa de la estrategia concéntrica que no pasan de ser un juego de palabras. Recuperación de la cualidad marítima y mejoramiento del comercio exterior, son partes de un todo que significa el mejoramiento de las posibilidades de resolver los problemas históricos de Bolivia.

Todo esto no será posible, si a la vez, no se dispone de una política de estado que se plantee en términos globales mejorar nuestras relaciones internacionales con todos los países del mundo. Como en toda disputa, Bolivia requiere aliados, pero no aliados político-ideológicos, sino y sobre todo económico comerciales. Esa es la diferencia con el pasado y esa es la posibilidad que peligrosamente estamos desaprovechando.