sábado, 13 de abril de 2013

A PROPÓSITO DE “LAS REGALÍAS Y EL SAQUEO DE TARIJA"

Juan José Bonifaz B.
jjbonifaz@gmail.com

Nuevamente en sentidas expresiones, el señor Valdemar Peralta Méndez -en Aula Libre 7-04-13- trata de justificar la propiedad absoluta de Tarija sobre el campo Margarita, y negar los legítimos derechos de Chuquisaca.

No nos guía pasión alguna sino un afán de unidad, evitar conflictos regionales y negarnos al juego político que todos los gobiernos han inferido al Sur del país dejándolo marginado y, en el caso de Chuquisaca exánime. Los informes técnicos sobre los campos petroleros de Margarita y Huacaya, concluyen que son un solo bloque. Efectivamente, la historia, la geografía y la Ley, ubican este campo, al Norte del río Pilcomayo desde 1911 bajo la denominación de Huacaya; Huacaya-Camatindi; Huacaya- Cuevo; en la provincia Azero de Chuquisaca. (Libro de Oro de YPFB 1936-1996. 100 años de hidrocarburos en Bolivia)…

El paralelo 21º como límite interdepartamental con Tarija -por tanto- no es definitivo, como bien lo reconoce el propio autor de la nota. De estas divisiones arbitrarias surgen problemas no solo en lo relativo a recursos naturales, sino a injustas asimetrías entre poblaciones de zonas vecinas y limítrofes. Para afianzar esos derechos, basta ocurrir a la amplia documentación existente en el Archivo Nacional de Bolivia y la Sociedad Geográfica e Histórica de Sucre, entre cuyos legajos se encuentran documentos y mapas de la ex provincia Azero, cuarteada después de la llamada revolución federal, los descubrimientos petroleros y la guerra del Chaco, entre los vecinos, dejando los residuos para Chuquisaca.

Tres pruebas bastan para definir nuestros derechos sobre la zona en cuestión: 1) La Ley de 13 de Octubre de 1840; Ley que crea la provincia Azero y establece como límite arcifinio el rio Pilcomayo, que la divide de la provincia de Salinas (Tarija). 2) El mapa de Bolivia reconocido como Ley del Estado (IGM 1859). 3) El "Bosquejo Estadístico" del ilustre jurisconsulto Dr. José María Dalence, que demuestra el cuadrilongo de la provincia Azero hasta el Paraguay, de esta manera: "Confina por el Norte con las provincias de Gutierrez y Chiquitos, por el Sud con Las Salinas, que divide el Pilcomayo; por el Este con el Paraguay y por el Oeste con la provincia Tomina de Chuquisaca". Esta página negra de la historia, nos da una lección que debemos aprender. El regionalismo es un problema que no ha permitido la conformación de la nación boliviana -y aun hoy- seguimos disgregando nuestra energía, disputando los productos del suelo y el subsuelo, cuando debemos utilizarlos como palanca del desarrollo del Sur, excepcionalmente rico.

Es imperativo buscar el poder del Sur, cuyo potencial es el soporte de la economía actual, pero como van las cosas, estamos apostando a un final sin impactos positivos. El mundo entero hace cambios y lo lamentable es que el producto de éstos, se hace esperar porque faltan herramientas para entenderlos. Vivimos una gran confusión: con tecnologías del siglo XXI, teorías económicas del siglo XX y, teorías políticas del siglo XIX, pretendemos resolver los problemas de la pobreza y el atraso. Estos son tiempos -a decir de ilustres pensadores- donde "La tecnología viaja a la velocidad de la luz; la economía a la del sonido y la política, a la del tren, con retrocesos incluidos".

Ponernos en una actitud de comprensión positiva o de negación absoluta, define las posiciones políticas actuales con fuertes componentes emocionales. Surgen también así, dos paradigmas de nuestro tiempo, la globalización y la sociedad del conocimiento, ambas íntimamente relacionadas. El tránsito del Estado Nación -centro de nuestra vida pasada- a una dimensión del cambio mundial, de bloques regionales y la interacción entre estos, no tiene coherencia con conflictos departamentales, de campo y ciudad y -si las necesidades políticas lo exigen- de todos contra todos. (¿?)

Esta es un llamado a la unidad, que debe ser la aspiración de nuestros pueblos, debe ser fruto de una concertación madura, civilizada y acorde con los nuevos tiempos, donde nuestros recursos pocos o muchos, sirvan para apoyar proyectos estratégicos de desarrollo y formación de recursos humanos, dejando de lado privilegios, practicas rentistas y localismos, y lograr para el Sur, una mayor capacidad negociadora.