viernes, 14 de junio de 2013

DEPRESION FUTBOLISTICA

Franz Rafael Barrios Gonzalez
franzrbarrios@yahoo.com

El servidor público plurinacional García Linera, tras el último encuentro de Bolivia vs. Venezuela en el Siles que nos demostró que aun de locales ni "el fantasma de la altura" quiere jugar con la verde, sugirió ante los medios: "bótenlos a todos, traigan jóvenes de 15 años y preparémoslos para el Mundial de 2018".

Lo dijo como si su permanencia en el poder político por más de 7 años y con aspiraciones "eternas" no fueran lo suficientes para cohibirse hablar de "recambio" alguno, y menos en una disciplina ajena a su "abultada biblioteca".

Fuera de ello, veremos que el problema del fútbol boliviano no puede ser resumido a esa expresión palaciega, ya que es tan complejo como la "crisis democrática" que atraviesa el oficialismo en estos días.
El público futbolero boliviano, fracaso tras fracaso, tiende a fijarse, a conformarse, y a exigir -tan solo- a la selección mayor.

Descuidando u obviando en su juicio a la selección sub-20 y las que siguen, que son (en otras realidades deportivas por supuesto) "parámetros de la calidad" de procesos jamás iniciados en Bolivia.

En ese entendido, sería interesante repasar las estadísticas del último tiempo y tratar de hallar si alguna de las selecciones sub-20 ha podido disputar un campeonato o subcampeonato del algún torneo en el que haya -tristemente- participado; como en efecto lo hacen sus similares de los países vecinos, y que se ve reflejado en sus selecciones mayores.

¿Es una cuestión de suerte?

Desde hace un par de décadas atrás, el público futbolero boliviano se ha resignado a esperar que surjan jugadores, medianamente "talentosos" como los del 94', pero, por generación espontánea (como ocurre con los precios internacionales de los hidrocarburos). Ante lo cual es notorio que los dioses o la mera fortuna no están del lado del hincha boliviano, que históricamente vive esperando que "una generación más le caída del cielo".

¿Es una cuestión de cuerpo técnico?

Si se repasara lo que fue "la previa" a la designación del seleccionador Xabier Azkargorta y su cuerpo técnico actual, uno caería en cuenta de que dicha preferencia por el "vasco", responde al capricho de "jugador frustrado" y al espíritu de "hincha congelado en el 94", del servidor público plurinacional Evo Morales. Que, cada que puede, se preocupa por mostrar públicamente "cómo se divierte con ex seleccionados del 94"; mismos que -casualmente- participan del cuerpo técnico actual, y que inclusive fungen como servidores públicos en viceministerios inaugurando canchitas del programa "Evo cumple".
Síndrome de Estocolmo: No se puede dejar de señalar que los plurinacionales no pudieron cortar el "vínculo sentimental" con sus captores históricos, los ibéricos. Es sintomático que Evo Morales haya públicamente influido en la re-contratación del ibérico Azkargorta, al igual que como Gobierno contrató a "expertos constitucionalistas", también ibéricos, para que redactaran la Constitución Política del Estado de 2009 en la Glorieta sucrense.

Evidenciando con ello una vez más que, los plurinacionales, ni en el fútbol, pudieron "descolonizarse" o prescindir definitivamente de los emisarios de la península.

¿Es una cuestión de política deportiva estatal?

Huelga referir que la continuidad de un proceso en el fútbol boliviano estaría garantizada si acaso se impusiera una política deportiva estatal/integral (que se focalice en "semilleros" y en la Liga) por sobre los caprichos de la Federación Boliviana de Fútbol y sus roscas empresariales circunvecinas al oficialismo más que nunca.

¿Es una cuestión de recursos socio-económicos?

Uno, víctima de un barato silogismo, podría inferir que la selección mayor y las menores respectivamente, no pueden ser sino "el fiel reflejo de la realidad sub-desarrollada" boliviana. De repente, con mayor certeza, se pueda afirmar que las selecciones de fútbol son el reflejo de la informalidad e improvisación que gobiernan el qué hacer del boliviano en general.