viernes, 12 de julio de 2013

AVIONES PER CAPITA

Julio Héctor Linares Calderón
juliolinaresc@hotmail.com

La nota del periódico español ABC contaba gratamente sorprendido a fines de 2012, que el primer ministro de Finlandia, Jiri Katainen, aterrizó en Madrid para almorzar con el Mandatario español en un vuelo comercial.

El tema central de su agenda era analizar la crisis del euro. Sin embargo, al no tener avión oficial, voló en un asiento de Finnair, después de que su administración le adquiriera un billete en clase Turista. El regreso fue distinto, dice la nota, repitió "clase economy" pero volvió en KLM, lo que le obligó hacer escala en Amsterdam, añadiendo así casi dos horas de viaje y esperando como cualquier mortal, ¡sentado en un aeropuerto!

En Finlandia no hay aviones oficiales -dice el periódico- Katainen sólo utiliza aeronave privada cuando es muy difícil otra vía. Además, el artículo relata otros ejemplos dignos de admirar, por ejemplo, que para desplazarse dentro de su país, emplea el transporte público porque considera, él y el resto de la clase política finlandesa, que es muy importante estar cerca de la gente.

Consultado por los periodistas, el Mandatario comentó que no se trata de medidas de austeridad ante la crisis, ni de una nueva moda, sino, que es la manera habitual de hacer las cosas en Finlandia.

Para los que no conozcan, hablar de Finlandia es tratar sobre una economía altamente industrializada y máximo desarrollo tecnológico, que lo colocan entre los diez países más competitivos del mundo y con mayores beneficios sociales, ubicándolo así entre los 20 países con mejores indicadores en salud, educación y consumo de energía.

El proceso de desarrollo de este país desde la década de los 90, fue tal -que de acuerdo al FMI- se ubica entre los 20 países más ricos del mundo por renta per cápita, alrededor de 40.000 dólares por habitante.

El mismo ranking del FMI ubica tristemente a nuestro país como 95 puestos debajo de Finlandia, pues nuestro PIB per cápita es 16 vecesmenor que el finés, así estamos.

Quien sabe son las odiosas diferencias de una sociedad avanzada, que define claramente el estilo de gasto estatal, priorizando la inversión pública sobre el expendio burocrático y obviando el derroche.

Aquí, parece que las cosas son diferentes, pues al tremendo avión del Presidente, que costó casi 40 millones de dólares y tiene un costo por hora de vuelo de 1.900 dólares –imaginémonos cuánto costó el chistecito de dar vueltas por Europa la pasada semana- ahora debemos agregar otro montón de millones de dólares en otros cuatro aviones que para los expertos no se trata de nada más que naves de lujo.

Grave contradicción, pues a pesar de que el decreto que aprueba esta compra de aviones usados -¿qué dirá Joaquino?- indica que son para que la FAB cumpla misiones constitucionales; dichos especialistas comentan que este tipo de aviones están imposibilitados, por sus características, de realizar acciones militares o de búsqueda, por ejemplo. Por lo que pareciera que al final serán nomás para que el Vicepresidente y otras autoridades se trasladen como si gobernaran un país millonario.

Al final, todo indica que éste es un resultado propio de nuestra idiosincrasia. Llega dinero como nunca antes y no sabemos qué hacer con él, pero habrá que reconocer algo, al fin podremos ganarle en algún indicador a Finlandia, pues tendremos un mayor índice de aviones gubernamentales de lujo per cápita. Por algo había que empezar.