viernes, 6 de septiembre de 2013

MEDIOS Y POPULISMO

Jorge Landívar Roca
jlandivarr@gmail.com

El "populismo", ese camino sin retorno al que diversos gobiernos acuden con un discurso prometedor de cambio y profundas transformaciones estructurales y sociales y medidas de tinte popular. Populismo que inicialmente emerge "reformista" para convertirse luego en "autoritario", al someter bajo sus designios al Parlamento y la administración de justicia; ello permite la dictación de medidas anti-constitucionales contrarias al estado democrático y la vulneración de derechos ciudadanos como parte de una acción estratégica y perversa, con el argumento que se actúa en beneficio de las mayorías.

Bajo este sistema, por temor a represalias, los ciudadanos entran en una especie de inmovilismo y apatía, al extremo que mientras pueden evaden aspectos que tienen que ver con los asuntos políticos, deciden no averiguar mucho más, porque estiman que lo que van a escuchar tal vez no les guste o los comprometa a participar y entonces prefieren ignorarlo.

Es muy sencillo que un líder logre seducir a los ciudadanos mediante dádivas y promesas, para lograr controlar sus sentimientos y obtener su aprobación y apoyo masivo, y acto seguido, mediante una ideologización superficial pero intensiva, auspiciar una causa sellada de apariencias perfectas, a menudo difícil de perforar. Con ello pretende que la opinión pública no perciba otra figura que no sea la suya. Se debe recordar que el peronismo utilizó el simbolismo para la construcción de una nueva identidad, y acudió al slogan: "Perón Cumple" para sostener la imagen del presidente a través del tiempo.

Sin embargo, para lograr el dominio absoluto del Estado, el populismo debe enfrentar algunos otros obstáculos, entre ellos la Iglesia, la libertad de expresión y el rol crítico de los medios de comunicación. De allí que no debe extrañar que se ataque a la alta jerarquía eclesiástica y se desate una guerra santa contra la prensa. Sucedió en la Alemania de Hitler y en la Argentina de Perón en 1951, país éste último en que a la clausura de periódicos y al control estatal de los medios, le continuó una persecución de los adversarios y con especial virulencia a quienes no comulgaban con sus ideas y se atrevían a exteriorizar su pensamiento.

En todo gobierno populista siempre existe una cara goebbeliana, dado que existe el convencimiento de la centralidad de la propaganda en la construcción y sostenimiento del poder. La emulación del ministro de Hitler, tal vez explique en gran medida las políticas represivas de un gobierno totalitario contra los medios de comunicación. De allí se explica que la mayor inversión del autoritarismo sea la construcción de un aparato de propaganda del Estado a partir de los medios de comunicación con que cuenta, los que puede controlar, los que compulsivamente empezará a comprar y los que tratará de confiscar, extorsión de por medio.