jueves, 10 de octubre de 2013

DEMOCRACIA MUTILADA

Oscar Ortiz Antelo
oscar.ortiz.articulos@gmail.com

10 de octubre de 2013, 31 años de democracia. En apariencia, Bolivia vive una democracia dinámica, incluyente y floreciente. En la realidad, de democracia nos queda muy poco: elecciones periódicas y un Gobierno que efectivamente ha ganado las elecciones; sin embargo, no gobierna democráticamente, ni respeta los fundamentos de la democracia.

La República, aunque reconocida por la Constitución vigente, es negada en sus principios esenciales. El problema no es solo de semántica ni tiene que ver con el reconocimiento de las naciones indígenas ni la vigencia de una democracia multicultural. Esto es tan solo el discurso. El fin es la pretensión de consolidar una hegemonía que concentre todos los órganos del poder nacional, eliminando la división de poderes, y, por lo tanto, el concepto de poder limitado.

La inclusión de los pueblos indígenas, un componente primordial del proceso de cambio, ha quedado como una simple bandera política. El conflicto del Tipnis provocó el rompimiento de los pueblos indígenas con el MAS al quedar en evidencia que, una vez en el poder, lo que se privilegia son los intereses económicos de los sindicatos cocaleros, quedando los pueblos indígenas minoritarios fuera de los ámbitos del poder nacional.

La justicia, que en la nueva Constitución parte del supuesto de que con la elección por voto popular de los magistrados de los principales tribunales del país consolidaría su independencia y acabaría con el cuoteo y la intromisión política, se encuentra en su peor momento. No solo no se ha acabado con los problemas de corrupción y politización del pasado, sino que se han profundizado. Consecuentemente, los ciudadanos sufren un estado de indefensión frente a la permanente violación de los derechos humanos.

Es verdad, con las autonomías se ha ampliado sustancialmente el número de autoridades electas directamente por voto popular; sin embargo, las autoridades electas de oposición han sido, en la mayoría de los casos, suspendidas de sus cargos. La judicialización de la política no solo persigue a quienes asumen la oposición, sino también a quienes expresan crítica y disidencia desde los medios de comunicación, afectando a la libertad de expresión.

El mejor homenaje a la democracia es no callarse, no ser indiferentes. Asumir la causa democrática es luchar por nuestro derecho a vivir con libertad y dignidad.