lunes, 20 de enero de 2014

LA ENVIDIA, ¿UN MAL NACIONAL?


Ivan Arias Duran
ivanariasduran@hotmail.com

Se dice y con mucha evidencia empírica que la mayoría de los bolivianos y bolivianas somos envidiosos y que, el éxito del otro, en vez de provocarnos  admiración, nos provoca envidia que nos lleva a denigrarlo en vez de aprender. Por ello, a la mayoría nos encanta igualarnos hacia abajo, hacia los mediocres, hacia los "vivos"; en vez de apuntar hacia los que están en la cumbre y que hacen del emprendedurismo la base del éxito.

Esta lepra social es la que nos lleva a fortalecer el perverso circulo del ganar-perder en vez del virtuoso circulo del ganar-ganar. El ganar-perder, que es el sinónimo del ladrón, pero que en nuestro medio lo calificamos como "vivo", es una lógica de vida que nos lleva, todos los días, a estar planificando estrategias para que YO gane a costa de que el OTRO pierda. Esta práctica es la que perjudica para que los bolivianos tengamos capital social virtuoso y más bien lo tengamos, y en demasía, el perverso, es decir, aquel que incrementa la desconfianza, el que se busca la coalición para asaltar y el que desprecia el esfuerzo propio a favor de la prebenda y el facilismo de estirar la mano.

Como parte del tratamiento social nacional, deberíamos tener terapias que nos ayuden a combatir la envidia y sus consecuencias. Es un mal que lo padecemos pero que nos resistimos a admitirlo, pues, es más fácil que una persona envidiosa se tire de un puente a que admita que tiene envidia.  Robert Greene (2010) da algunas pautas para protegerse de la envidia porque lo peor de este virus es que hace de los envidiosos personas peligrosas.  Una persona envidiosa se envenena y envenena la vida del otro para lo cual miente y difunde rumores sobre su víctima sin siquiera ruborizarse.

El primer paso para protegerse de gente envidiosa es ser capaz de identificarlos. Por definición, una persona envidiosa no puede sentirse agradecida por ninguna cosa buena recibida de quien envidia y reacciona a todo lo que le llega con ira y deseos de destruir. Al envidioso le molesta el status, inteligencia y carisma de su víctima. El éxito del otro le produce urticaria y buscara mil y un argumentos, desde los sociales, económicos, étnicos y políticos para planificar la caída del envidiado.

Como sabe que no puede lograr su objetivo aislado, el envidioso no actúa solo, lo hace en manada, en grupo. De forma tenaz, en Bolivia no debe hacer mucho esfuerzo porque los pilla rápido, identifica a sus pares a los cuales se encarga de inocularles el virus del resentimiento que hace que "su causa" se convierta en reivindicación general. Con técnicas propias y muy conocidas por los envidiosos, el portador del mal exacerba el odio, la diferenciación, el facilismo, la viveza criolla y la búsqueda de lastima entre los integrantes de su grupo. Con este arsenal humano blindado de "causas" destructivas, el envidioso está listo para transitar de la acción individual a la acción colectiva.

Ahora bien como evitar el ataque de este perverso ejercito?. No tomes en serio lo que la persona envidiosa hace o dice, cuanto más reactivo seas, más éxito tendrá la persona envidiosa en hacerte daño. Una persona envidiosa no es capaz de tener una relación de cooperación contigo basada en el intercambio justo. Por esta razón, simplemente no se molesta en encontrar respuestas a sus preguntas.

Es mejor para ti centrarte en algo más productivo, en lugar de tratar de responder a las acciones de la persona envidiosa. Si no necesitas compartir el mismo lugar con la persona envidiosa, entonces la mejor cosa que puedes hacer es evitarlo. Si por las circunstancias estás obligado a permanecer en un mismo lugar con una persona que tiene envidia de ti, trata de reducir la interacción con esa persona al mínimo necesario. Mentalízate y convierte su presencia en un objeto, en un poste que solo debes evitarlo para no chocarte y si es inevitable hablarle, hazlo con amabilidad y con una sonrisa. Lo que más satisfacciones les dan a los envidiosos es verte tenso, renegando y que su presencia te produzca adrenalina y nerviosismo.

Por definición, si eres una persona de mayor nivel (moral, personal, económico, social, intelectual) que la persona envidiosa, ésta solo tendrá un objetivo en mente que será destruirte cueste lo que cueste. Nunca lo permitas y para ello debes evitar, en esta tarea de protegerte, que  te inocule sus virus asociados como son el odio, la rabia y el resentimiento. Si tú terminas odiando al envidioso y actúas como él o peor que él, estate, seguro que te habrá vencido y, sin que te des cuenta, formaras parte de sus ejércitos. Habrás pasado a conformar el frente de los envidiosos que corroen nuestra sociedad.